Inversión amarrada

Seis barcos pesqueros llevan medio año esperando por trámites para comenzar sus faenas...

GERMÁN VELOZ PLACENCIA

Cerca de medio año después de la botadura al mar, seis barcos de plástico de 14 metros de eslora (largo) construidos en los Astilleros del Norte de Oriente (ASTINOR) permanecen amarrados inútilmente a un muelle de esa instalación, en Gibara.

Foto del autorEn empresas de Granma, Villa Clara y Ciego de Ávila las tripulaciones esperan ansiosas por las embarcaciones ya pagadas.

Desde hace meses debieron estar en explotación en empresas pesquero- industriales de Granma, Villa Clara y Ciego de Ávila, que en conjunto pagaron 260 000 pesos y una fuerte suma en moneda convertible (CUC) para emplearlas en la captura de especies de escamas en aguas de la plataforma marítima del país.

Trámites no concluidos entre el Centro de Proyectos Navales, el Grupo ARGUS y el Registro Cubano de Buques impiden la aprobación de la Memoria Descriptiva de las embarcaciones, sin la cual no pueden ser inscriptas en las capitanías de los puertos donde tendrán sus bases, explica Antonio Jiménez de Dios, director de ASTINOR.

"Esperamos en breve la visita de una comisión compuesta por especialistas de las entidades responsables de resolver el caso", asegura.

SITUACIÓN INCOMPRENSIBLE

¿Cómo entender la dilación de los trámites? En septiembre del 2010 la ministra de la Industria Alimentaria, María del Carmen Concepción, en una visita de trabajo a los astilleros, solicitó a los trabajadores esfuerzos adicionales para recuperar los atrasos que entonces tenía el plan y terminar los barcos en diciembre.

Granma, testigo de aquel momento, retornó a los talleres de ASTINOR días después. Los trabajadores reajustaron fuerzas y horarios. Adoptaron turnos de 14 horas de lunes a viernes y de 9 los sábados. Solo descansaban los domingos, porque era inevitable lavar la ropa de trabajo, para librarla de partículas de fibra de vidrio, una de las materias primas fundamentales utilizadas en el proceso productivo.

Hoy los constructores navales no entienden por qué las embarcaciones construidas para permanecer largas jornadas en áreas de la plataforma se deprecian en la larga espera. A disposición de los tripulantes hay literas, cocina, baño, y medios mecánicos para facilitar las labores de captura. Las bodegas poseen una capacidad de carga de 5 toneladas ¿Cuántas veces debieron llenarse desde que se deslizaron al mar por los rieles del botadero?, inquiere uno de los custodios habituales.

Otras preguntas: ¿No estaban destinadas estas unidades a sustituir a las de ferrocemento o madera que salen de servicio por vencimiento de los plazos de explotación? ¿No se construyeron con criterio de ahorro de combustible al equiparlas con motores y tecnología en general más eficiente? ¿No era el dinero ahorrado por este concepto una fuente para el pago de la inversión?

No son los barcos los atados al espigón de los astilleros de Gibara. Allí está frenada una inversión orientada al desarrollo de la esfera productiva en la obtención de alimentos, la cual debió generar beneficios hace rato.

¿Qué sucederá con los responsables de crear estos nudos que afectan a la economía?

 

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