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Politécnico Castiñeiras
Formar mano de obra calificada
OLGA DÍAZ RUIZ
olga@granma.cip.cu
La lucha por la calidad de la educación es un elemento primordial
y mucho más en las condiciones actuales cuando se impone prestigiar
y rescatar la enseñanza técnico-profesional (ETP) y los oficios.
Las
aulas anexas permiten a los alumnos enriquecer su aprendizaje con el
apoyo de los especialistas de la producción.
Por este camino se continúa implementando y perfeccionando el
funcionamiento de las aulas anexas en las más de 600 instituciones
educativas donde se imparten estas modalidades a nivel nacional. El
Politécnico Comandante Juan M. Castiñeiras García, del municipio
artemiseño de Mariel, muestra, al cierre del curso, el resultado de
su trabajo.
APRENDER HACIENDO
El centro imparte en estos momentos 16 especialidades técnicas y
ocho de obreros calificados y agrupa en su matrícula a jóvenes de
Termoenergética, Electricidad, Construcción Civil, Electrónica,
Contabilidad, Soldadura, Mecánico de vehículos automotores,
Albañilería, Carpintería, entre otras carreras que tradicionalmente
se ofrecían aquí.
Además, desde septiembre fueron incorporadas las de Agronomía,
Zootecnia veterinaria, Elaboración y Tecnología de los alimentos,
Servicios gastronómicos, Comercio y Explotación del transporte. Para
dar cobertura a esta amplia gama de especialidades, la escuela se
ramifica en 15 aulas anexas que complementan la preparación de los
pupilos.
Espacios en los cuales los estudiantes ven hacer, entran en
contacto con la vida laboral, tienen a su disposición los medios de
enseñanza y participan en los distintos procesos de producción, en
la medida en que los conocimientos y las habilidades adquiridas lo
permiten, para no poner en riesgo su integridad física ni entorpecer
la dinámica de la empresa, aseguró a Granma Justo Páez,
subdirector general de la institución.
La vinculación con las empresas permite a los alumnos aprovechar
la proximidad de los especialistas para enriquecer el aprendizaje,
al tiempo que favorece su posterior ubicación laboral, apuntó Zoe
Arzuaga, metodóloga municipal de ETP.
ESCENARIO A LA MEDIDA
En las más de diez áreas creadas para complementar la docencia de
los muchachos del Politécnico Castiñeiras, la Central Termoeléctrica
(CTE) Máximo Gómez, cercana a la escuela, acoge desde hace años a
estudiantes de Mecánica, Electricidad, y otras ramas afines,
confirmó Andrés Cordero, director del centro.
Hilario Reyes, profesor de la asignatura Taller en la
especialidad de Electricidad, comentó asimismo que en las aulas
anexas de la CTE existen todas las condiciones para que los jóvenes
conozcan y aprendan a maniobrar la tecnología avanzada, mientras se
familiarizan con las características del proceso productivo.
Los muchachos cumplen aquí 12 horas de clases en tres frecuencias
a la semana, para entrar en contacto con la producción en caliente,
aplicando los referentes teóricos que ya conocen de la especialidad
que luego van a ejercer, destacó.
Al terminar una de estas jornadas en la CTE, Yansel Núñez, alumno
de segundo año de Electricidad, expresó que allí colaboran en todo
lo concerniente al alumbrado y los rodamientos, también en el arme y
desarme de motores e interruptores, y en el mantenimiento de equipos
de forma general.
A pesar de que la participación femenina en mucha, de estas
modalidades no es frecuente, muchachas como Rosa Iris Otero, también
de segundo año de Electricidad, incitan a revertirla: las
actividades que desarrollamos en la CTE no me resultan difíciles,
por el contrario estos espacios nos permiten cumplimentar la teoría
con la aplicación continua de lo que vemos en clase. Hasta ahora
hemos aprendido a trazar, a instalar el alumbrado, mientras nos
preparamos mejor en empalmes y conexiones, dijo.
Esta carrera es tradición en mi familia, afirmó a su vez
Surielkis Cordero, una joven estudiante de segundo año de Mecánica.
Además tiene mucho campo y perspectivas de trabajo. Es una
especialidad en la que podemos insertarnos también cómodamente.
María Eugenia Zorrilla, profesora de la especialidad de Mecánica
para segundo y cuarto años, señaló que en la termoeléctrica sus
alumnos vinculan la teoría con la práctica, bajo la guía de los
profesores instructores de la empresa, mientras tienen la
posibilidad de operar con costosos equipos y herramientas que no se
hallarían en un aula común.
Se dedican al engrase, limpieza de bujías, mantenimiento ligero
de los dispositivos, y con los operarios acometen trabajos de
medición, observan y contabilizan las distintas operaciones
efectuadas en cada máquina-herramienta y aprenden a detectar
desgastes de piezas.
EN LA ORIENTACIÓN ESTÁ LA CLAVE
Contar con aulas, equipos, especialistas de vasta experiencia y
preparados pedagogos, no es suficiente para satisfacer el propósito
de preparar la base técnico-profesional que precisa nuestra
sociedad. También es necesario, más que captar, motivar a los
estudiantes para estas ocupaciones desde edades tempranas, apelando
al convencimiento, a la persuasión, a la explicación detallada, una
gestión que las escuelas, los organismos, deben desarrollar de
manera cohesionada.
Según Zoe, metodóloga municipal de ETP, el desarrollo de círculos
de interés, ferias agropecuarias, concursos y foros científicos —que
se realizan de conjunto con las empresas y organismos— atraen a los
estudiantes a incorporarse a estas especialidades; sin embargo, la
familia a veces pone la primera traba. Con las muchachas esta
situación se agrava más, resaltó, porque alegan que estos no son
trabajos para ellas.
Para erradicar esas barreras los procesos de orientación
vocacional y formación profesional deben incluir a la familia. Es
necesario que en el hogar se valoren las opciones de trabajo que se
ofertan en el territorio y en el municipio, y en función de estos
pronósticos los jóvenes determinen su futuro laboral, en
correspondencia con el futuro al que aspira el país. |