Hace
diez años, sin previo aviso -como siempre sucede en esto casos-
perdimos a un grande. No pudimos despedirnos de él. Todavía
trabajaba en exposiciones, todavía teníamos el placer de verlo
caminar por las calles de su Habana. Korda murió y hoy no tengo la
necesidad de homenajearlo, todos los días lo recuerdo pues llevo en
mi billetera una réplica de la instantánea que recorre el mundo y
simboliza lo que quiero ser.
No obstante, ante la posibilidad de conversar con Diana Díaz, su
hija, no me negué, cómo hacerlo. "Muchas gracias por recordar a mi
padre, ven a mi casa a las 10 de la mañana pero por favor no me
hagas preguntas que me pongan triste", eso fue lo primero que
escuché por teléfono y por supuesto me preocupé un poco. Yo no había
pensado en ningún momento hacerle preguntas complicadas o
grandilocuentes pero su petición me obligó a reflexionar mucho antes
de hablar y esperaba que el dolor de estos días no saliera a flote.
"En lo más profundo de su ser mi padre fue un artista del lente y
amaba la belleza. Cuando acompañó durante diez años a Fidel siempre
trató de tomar imágenes del ser humano, no del líder. Cuando muchos
consideraban a Fidel como un dios mi padre mostraba que era un
hombre, con una vida privada, igual a nosotros, lo cual engrandece
aún más su obra y su pensamiento. Lo retrató en piyama, durmiendo,
comiendo, en una playa, sentado en el piso o en la tierra, hablando
con mujeres y niños, hasta cayéndose en la nieve".
-¿Cómo era la relación de Korda con Fidel?
Más de amigos que la que pueden tener un líder y un fotógrafo.
Eran dos hombres jóvenes, con sueños, ilusiones, deseos de "comerse
el mundo" y en ellos hubo una empatía. Después mi papá dejó de estar
al lado de Fidel pero su amistad continuó a través de los años en la
medida en que se encontraban. Mi papá me contaba que se veían en
coloquios de fotografías o en viajes por el extranjero.
Cuando mi padre murió Fidel asistió al cementerio y yo se lo
agradezco mucho porque confirma mi intuición de que fueron grandes
amigos. Entre ellos había una complicidad.
-¿Qué vio Korda en la obra de la Revolución que abandonó el mundo
de la moda para incorporarse con su cámara al nuevo proceso social?
Nosotros éramos de clase media, mis abuelos eran propietarios de
su casa y mi papá ya tenía su estudio. Pero a veces, cuando andaba
por la calle, veía cosas que le chocaban. Recuerdo que de niña en mi
casa a veces tocaban la puerta madres con sus hijos cargados
pidiendo un plato de comida o un poco de dinero. Él estaba seguro
que esas cosas no podían seguir pasando. Y aunque nunca fue un
guerrillero, nunca luchó o cogió un arma, él se dio cuenta que la
Revolución podía hacer cambiar esos problemas.
De todas formas su pasión por la belleza siempre estuvo con él.
No podía evitar, estando en una concentración del pueblo, desviar su
cámara en busca de una mujer hermosa.
Estuvo junto a Fidel 10 años, luego se dedicó a la fotografía
submarina hasta los años ´80, cuando la edad y las condiciones de
buceo no se lo permitían. Entonces retoma la moda en La Maison y
comenzó a tomar fotos para la naciente moda cubana que era un poco
nuestra identidad en la ropa, con guayaberas y otros elementos
nuestros. De esa época tenemos varios catálogos.
-¿Cuál es el legado de Korda? ¿Qué nos dejó?
Como él decía haber pasado por este mundo tan efímero y haber
dejado una obra del momento histórico que le tocó vivir, desde el
´54 hasta el ´98.
-¿Qué siente usted cuando ve la foto del Che y recuerda que fue
su padre quien la hizo?
Cuando la veo en Cuba no siento mucho, sinceramente, ya estoy
acostumbrada. Para nosotros es algo normal. Sin embargo sí me
emociono mucho cuando la veo en otros países. He estado en muchos
lugares donde hay movimientos de liberación o de solidaridad y esa
imagen siempre está ahí, como un símbolo. Hace un tiempo fui al Foro
Social Mundial en Brasil y en todos los lugares, por donde quiera
que pasaba, estaba el Che. Ahí sí me sentí muy orgullosa porque
ellos estaban hablando de los problemas sociales, de los negros, de
los latinoamericanos, de los problemas de las mayorías.