Silvio
Rodríguez llegó a El Fanguito en un día de agua. Este domingo, que
anocheció mojado, recibió una vez más al cantautor en el empeño por
llevar su arte a las barriadas populares de La Habana. Con cada
acorde pulsado, salían de sus casas más y más vecinos, hasta formar
una multitud que tarareó todas las canciones, como signo irrefutable
del arraigo del trovador en los cubanos.
En la introducción al concierto, Silvio destacó el deseo de
muchos artistas para participar en esta iniciativa nacida el pasado
año y que cuenta ya con más de una docena de presentaciones. Explicó
que tal interés se debe a que "sienten que en estos momentos es muy
necesario que artistas y pueblo estén unidos".
El primero en ofrecer su música fue el trovador dominicano José
Antonio Rodríguez, quien aseguró que no existe otro proyecto como
este en el mundo y que solo puede surgir de un alma como la de
Silvio.
Luego le tocó el turno a Omara Portuondo. Con su voz melodiosa y
su carisma regaló al público presente temas antológicos de la
cancionística cubana como 20 años de María Teresa Vera y
Lágrimas Negras de Miguel Matamoros.
Sin dilatar más su aparición, pues la lluvia se hacía más fuerte
por minuto, Silvio regresó al escenario acompañado, como ya es
habitual, por la flautista Niurka González, el percusionista Oliver
Valdés y el trío Trovarroco.
Entregó a los presentes, durante dos horas de concierto, una
selección de sus más reconocidas composiciones, entre las que no
podían faltar Canción del elegido, Óleo de mujer con
sombrero, Te doy una canción y Ojalá. El momento
cumbre de la velada llegó cuando Omara se unió al trovador para
cantar a dúo La era está pariendo un corazón.
Los habitantes de El Fanguito disfrutaron de una noche diferente
a las que se suceden a diario en sus calles. Un hombre como ellos,
cubano hasta la médula, se les acercó para entregarles su don más
preciado y ellos correspondieron con aplausos que intimidaron a la
naturaleza, pues el domingo dejó de ser un día de agua para
convertirse en la noche reluciente que vio al cantautor despedirse
de ellos con la satisfacción que brinda haber sido útil.