Japón, cine y realidad

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Mientras la sensibilidad hace que el filme Más allá de la vida, de Clint Eastwood, sea retirado de los cines japoneses, son muchos los que recuerdan en ese país, en esta hora triste, un acontecimiento cinematográfico de hace cuatro años, El hundimiento de Japón, dirigido por Shinji Higuchi.

El filme de Eastwood, que viene cosechando buenas críticas, se abre con imágenes muy impactantes del tsunami que tuvo lugar en Indonesia en el 2004 y luego deriva hacia una trama parasicológica. Pero ese comienzo es lo suficientemente duro y evocativo como para que muy pocos estén dispuestos a enfrentarlo en pantalla.

En cuanto a El hundimiento de Japón, se trata de un remake de una exitosa película del año 1974 y cuenta la gradual inmersión del archipiélago nipón en el Pacífico en el plazo de un año. Sus escenas, además de premonitorias, están tan bien recreadas que son fáciles de confundir con las imágenes verdaderas que ahora mismo pasan televisoras del mundo.

El filme está considerado entre los mejores del cine de catástrofe de todos los tiempos, en un género donde ha imperado el dominio de las grandes productoras norteamericanas, por lo general con una visión muy comercial y millonaria, en presupuestos, del asunto.

El desplazamiento de las capas tectónicas sobre las que se asienta el archipiélago japonés es la principal causa del cataclismo en El hundimiento de Japón, que al igual que otros filmes catastróficos, basan sus argumentos en potenciales peligros detectados en esa zona. No resulta extraño entonces que después del cine de catástrofe realizado en Estados Unidos, sea posiblemente el japonés el segundo en el mundo, una tendencia en abordar el género que se observa desde el año 1950.

Desde los filmes del monstruo Godzilla, hasta muchas otras tramas dominadas por terribles terremotos y tsunamis, Japón, y en especial Tokio, han sido víctimas del horror de las ficciones en un tema que abarca también la precariedad de la condición humana, el predominio de los intereses de poder y lo mucho de ilusorio que tiene nuestro control sobre la vida.

Resta por ver cómo quedará el género de catástrofe en el cine japonés tras el terrible desastre por el que atraviesa el país, mientras no son pocos los que en este momento deben estar repitiendo la palabra que más veces se pronunciaba en El hundimiento de Japón: "sobrevive, sobrevive".

 

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