La
X Fiesta del Tambor, que caldeó artísticamente varios ámbitos de la
ciudad durante casi toda una semana, dejó como saldos principales la
revelación de una nueva hornada de percusionistas cubanos y la
comunicación de vastos sectores del público con las músicas que
definen sus identidades.
En un concurso caracterizado por el rigor evaluativo y la pasión
de los participantes, las máximas recompensas por instrumentos
recayeron en Asimal Simón, batería; Abel Gutiérrez, bongoes; Randol
Laborí, tumbadoras; y Eduardo Ramos, timbales, este último con un
muy notable desempeño.
Martha L. Negros fue reconocida como la mejor intérprete
femenina, en tanto entre los más pequeños sobresalieron el timbalero
Yampiel Chicoy, Míguel Pacífico y Kevin de Jesús Dedeu en las
tumbadoras; el bongosero Amel Almeida y el baterista David
Rodríguez.
La nota paradójica se dio en el concurso para ejecutantes de
tambores batá, cuyo premio quedó desierto.
En el orden de los espectáculos, las sesiones dedicadas a los
bateristas, hombres y mujeres, potenciaron la indiscutible jerarquía
de intérpretes de varias generaciones y estilos, mientras que en las
jornadas de baile las palmas de la clausura, en el Salón Rosado Beny
Moré (La Tropical) las acaparó Oderquis Revé y su banda, quien sin
prejuicio alguno, mucho respeto y mucho fuste revisitó temas
antológicos de la música cubana y caribeña de baile de las cuatro
últimas décadas y logró una intensa comunicación con los danzantes.
Entre las experiencias extraídas por el presidente del evento,
Giraldo Piloto, figura la necesidad de articular de una manera mucho
más estrecha la promoción internacional, la implicación de la
enseñanza artística y el compromiso de la industria discográfica
doméstica.