Campaña de Alfabetización

Proeza atesorada en un museo único en el mundo

Marta Rojas
marta.rr@granma.cip.cu

Fidel había anunciado la Campaña de Alfabetización al convertir el tercer cuartel en Escuela en Santa Clara, con el nombre de Abel Santamaría, el 28 de enero de 1961. Pero, anticipadamente, en su discurso del 26 de septiembre de 1960 en Naciones Unidas anunció: "Cuba será el primer país de América que a la vuelta de algunos meses pueda decir que no tiene ni un analfabeto".

En el discurso que pronunció en la ciudad Escolar Abel Santamaría instó a que "cada analfabeto tenga un alfabetizador". Debían incorporarse 100 000 jóvenes hembras y varones. Se trataba de una proeza a llevar a cabo en breve tiempo, y resultó.

Durante la campaña, en ausencia temporal del doctor Armando Hart, en el extranjero, Fidel asume como Ministro de Educación. En la foto con el doctor José Aguilera Maceira, viceministro primero; Mario Díaz, coordinador nacional de la Campaña, Roberto Rodríguez, jefe de Despacho y la secretaria del Ministro, Chela Rodríguez, en plena faena de organización y chequeo.

El Museo de la Alfabetización deja constancia de cómo se realizó la hazaña y qué significó. Una opinión profesional e histórica:

"La hazaña cultural de Cuba fue la Campaña de la Alfabetización, porque aún repercute en todos los ámbitos del desarrollo del país en el más amplio sentido de la cultura, incluidas la ciencia y la técnica" —son palabras de la doctora Lidia Turner, destacada pedagoga cubana.

Foto: Ismael BatistaLa directora del Museo, Luisa Campos, muestra uno de los 100 000 voluminosos expedientes.

Ahora, a medio siglo de la mencionada proeza educativa de 1961, es interesante recordar la fuente de conocimientos que se derivaron de la Campaña, como experiencia única en América, y del mundo.

Toda la experiencia de la Campaña —incluidos los testimonios de sus protagonistas— está conservada en el Museo de la Alfabetización inaugurado el 20 de diciembre de 1964 en Ciudad Libertad, antiguo Campamento Militar de Columbia, el primer cuartel convertido en escuela, cuyo pase de bandera fue realizado por el Comandante Camilo Cienfuegos al doctor Armando Hart, ministro de Educación, en 1959. En el Museo de la Alfabetizacón se encuentran los originales de los más de 100 000 expedientes de los alfabetizadores, casi todos adolescentes que, como un gran ejército —el lápiz como arma— fueron concentrándose en Varadero en los inicios de la Campaña.

Junto a la cartilla del alfabetizador aparecen los trabajos realizados por estos en cada lugar donde enseñaron. La labor paralela comprendió un gran estudio social de terreno. Este constituyó una encuesta del modo de vida, del hábito de alimentación y posibilidades de vida, en el campo, sobre todo; condiciones de la vivienda y de los caminos en llanos y montañas; incluso la fuente y calidad del agua, medios de transporte; estado de salud de la población, alimentos básicos y acceso a la salud de los campesinos, entre otros datos que respondían 57 preguntas contenidas en una encuesta sobre las viviendas y entorno donde convivían los alfabetizadores con las familias —sus alumnos— que en ocasiones podían ser sus abuelos o bisabuelos.

Semejantes datos conforman el mapa estadístico más grande y exhaustivo que se hubiese podido imaginar. Llama la atención el cuidado extremo con que esos 100 000 alfabetizadores realizaron su labor, paralelamente con el proceso de enseñanza.

La constancia de la efectividad de ese ejército está dada por las cartas que los alfabetizados dirigieron a Fidel, escritas de puño y letra, cuando terminó la Campaña y que también se conservan en este singular Museo, verdadero laboratorio pedagógico. Especie, además, de museo del hombre.

Visitar hoy el modesto Museo de la Alfabetización, tomando en cuenta el tesoro de sus arcas, se convierte en un descubrimiento asombroso. Allí, perfectamente alineados, en orden, y sin polvo, aunque las condiciones ambientales no fueron las mejores al principio, están todos los elementos técnicos que se usaron durante la Campaña, y antes de su inicio, tales como el estudio preliminar para la confección de los medios, en primer lugar la Cartilla de Alfabetización, que se convierte en un descubrimiento singular. Por ejemplo, en cuanto al estudio preparatorio, realizado bajo la dirección del doctor Raúl Gutiérrez Serrano en el Instituto Cubano de Opinión Pública y Psicología Aplicada, y que lleva por título Lenguaje de Expresión, se registra una lista de palabras utilizadas más de diez veces en diálogos con los campesinos —en primer lugar—, y aquellas letras y vocablos cuyo significado estos ignoraban, aunque eran palabras simples. Como ejemplo de los más usados leemos en los tomos de la encuesta que la letra a es la vocal más conocida y, como expresión, además, era dicha por el grupo de encuestados en el rango de 4 985 veces, mientras ahí aparece en el rango de 1 052 veces; así, 629; , 1 250; debe, 6 276; Cuba (asombroso) 387 y muchas que aparecen en Versos Sencillos de José Martí apenas una vez o ninguna.

Ese estudio fue indispensable para conocer el vocabulario del hombre rural, y del analfabeto en general. En base a ello, se confeccionó la Cartilla.

Se suma el conocimiento que aportaron los alfabetizadores, más allá de su función esencial como fueron, por ejemplo, nombres, hasta entonces desconocidos, de barrios, caminos, lomas, arroyos y otras localizaciones. Agréguese el caudal de informes pormenorizados contenidos en las actas levantadas por las comisiones municipales, provinciales y nacional, de la Campaña que llevó el nombre de Conrado Benítez, maestro voluntario asesinado por las bandas contrarrevolucionarias.

Ropas, utensilios, libros, faroles, emblemas y banderas, se agregan a los fondos del Museo. Hay otros aspectos poco conocidos, que constan en los más de 100 000 expedientes, como la presencia de alfabetizadores internacionalistas; jóvenes que vinieron a alfabetizar, desde otros países. Tal es el caso de unos argentinos que se enrolaron en la Campaña con otros nombres porque de acuerdo con la situación de su país en aquel momento sus vidas corrían riesgo de saberse que formaban parte del ejército cubano de alfabetización. Sus expedientes están en el Museo: Elisa Vigo, Gabriela Romaní, Violeta Torres, Mosé Mirilla y Rosa Beltrán. Tres de ellos volvieron a Cuba para participar en el Congreso Pedagogía 93 y 94 con sus nombres verdaderos: Tatiana Viola, Berta Rosenvoreal y Argelia Iglesias.

Estos jóvenes llevaban muy poco tiempo en sus respectivos destinos al producirse el desembarco mercenario por Playa Girón, según se registra en sus expedientes.

El 15 de abril de 1961 llegó a Varadero —centro receptor— la avanzada integrada por unos 1 000 alfabetizadores.

El primero y uno de los libros impresos más importantes en cuanto a datos técnicos, evaluación, composición y resultados de la Campaña lo conserva el Museo. Se trata del informe de la UNESCO realizado en 1964 por las profesoras Anna Lorenzetto y Karen Neys.

En la sección de expedientes del Museo, dirigido por la doctora Luisa Campos, hay fotos simbólicas en relación con la voluntad de enseñar a leer y escribir al elevado porcentaje de analfabetos que encontró la Revolución entre la población cubana en 1959.

Los alfabetizadores —los de menos edad apenas sumaban 8 o 10 años— fueron 54 953 hembras y 50 711 varones, para un total de 105 664. Ese número de voluminosos expedientes, como trofeo de la instrucción y la cultura cubana, se atesora en el Museo de la Campaña de Alfabetización.

 

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