"La octomamá", desplegó titulares la prensa internacional y los
científicos comenzaron a estudiar el caso de aquella mujer a la que
se le implantaron seis embriones congelados, dos de los cuales
resultaron ser gemelos.
Transcurrido ese tiempo tras el cual lo espectacular de la
noticia abre paso a la reflexión, no fueron pocos los que
recurrieron a una simple operación de suma antes de comenzar a
inquietarse: seis que tenía, y otros ocho más, hacían un total de
¡14 hijos!
Operación matemática que seguramente pasó por la mente del
compañero sentimental de Nadya Suleman, quien tras las sonrisas
iniciales ante las cámaras, el ramo de flores y el júbilo declarado
a la prensa, puso pie en polvorosa, no sin antes aclararles a los
medios (por aquello de preservar la imagen pública) que él y la "octamamá"
quedaban como buenos amigos.
En las numerosas entrevistas que le hicieron a Nadya en el
momento del impacto noticioso, se pudo conocer que su actriz
favorita era Angelina Jolie y que algunos amigos le aseguraban tener
cierto parecido con ella.
Un motivo quizá ––ese querer parecerse a una estrella–– para que
a los pocos meses de dar a luz a los octillizos, varias importantes
casas de la industria del cine pornográfico le fueran arriba a Nadya
con las proposiciones más diversas.
La respuesta de ella ––luego martillada una y otra vez–– no se
hizo esperar: nunca probaría el mundo del porno ya que lo
considero degradante para cualquier mujer.
¿Pero acaso faltan mujeres para fomentar la cartelera del porno
en Los Ángeles, meca de esa sustanciosa industria que desde hace
rato dejó de ser subterránea?
Sobran las aspirantes, de todas las tallas y estilos, y no faltan
las que llegan a Hollywood en busca de una carrera seria y tras una
colección de resbalones terminan de maromeras sicalípticas, en un
tipo de cine en el que nunca imaginaron figurar. Pero ninguna de las
debutantes tuvo antes una atención enfática en los medios, ni entró
en las casas de millones de personas por haberse destacado en un
hecho, ni alcanzó ese minuto de fama tan valorado en la industria
del espectáculo y también en buena parte de la sociedad.
Y la factoría del porno estadounidense, la más poderosa del
mundo, sabe que los consumidores pagan mucho más por ver en acción
un rostro con historia, que "sea alguien", y que por dinero se
decida a actuar. De ahí que no hayan faltado proposiciones muy
serias y millonarias a figuras del espectáculo, la política y el
deporte
¿Pero una madre con catorce hijos? Sí señor.
Steve Hirsch, presidente de Vivid Entertainment, una de las
empresas del porno más afincada en los Estados Unidos, le ofreció a
Nadya Suleman 450 mil dólares si se decide a formar parte de la
plantilla de su negocio.
La mujer volvió a mostrarse ofendida, no obstante seguir cayendo
las hojas del almanaque hacia el 1ro. de enero de este año, una
fecha en que si no pagaba la hipoteca de su casa, en Los Ángeles,
quedaría en la calle con su estela de catorce hijos.
Vivid Entertainment volvió al ataque y Steve Hirsch declaró al
portal TMZ.com. que el acoso hipotecario era un buen momento para
que la Suleman aceptara, porque después de todo ellos querían
ayudarla financieramente. ¡Y nosotros qué!, clamaron otros
interesados "en ayudar", y en medio de la polémica llegaron a
proponer hasta un millón de dólares con tal de tener a la famosa
paridora de estrella del porno.
Corrieron los meses y Nadya continuó reiterando el no, hasta que
alguien hizo notar, hace muy poco, que se había aumentado los
labios, se apreciaba un retoque en su nariz y llevaba la cabellera
larga y negra en un intento de parecerse a su admirada Angelina
Jolie.
Ahora se habla de un video erótico, posiblemente de carácter
promocional, en el que se le ve enfundada en un corsé negro, al más
puro estilo dominante, azotando con un látigo el trasero de un
hombre disfrazado de bebé que la mira con ojos de sufridor y llora.
Y a nadie ha escapado que el primero de enero, fecha en que
quedaría desahuciada de no pagar, ha pasado, mientras Nadya Suleman,
dos veces estrellas, sigue viviendo con los catorce niños en la
misma casa, se cree que ya no hipotecada.