El presidente tunecino, Zine El Abidine Ben Ali, destituyó hoy al
ministro del Interior, Rafik Belhaj Kacem, y ordenó liberar a los
detenidos durante las protestas callejeras que provocaron unos 50
muertos, según datos extraoficiales.
Superado por los mayores disturbios registrados en esta nación
maghrebí en más de dos décadas, Ben Ali intentó aplacar las
revueltas con una reiterada promesa de generar 300 mil nuevos
puestos laborales y la creación de un comité especial para
investigar la corrupción.
Fuentes comentaron a Prensa Latina en esta capital que el
latrocinio es uno de los principales problemas atribuidos a la
gestión del mandatario, en el poder desde 1987, aunque algunos
sectores lo atribuyen a manejos turbios en su entorno familiar.
El referido comité especial investigará los casos de corrupción y
los excesos de fuerza de algunos funcionarios y policías, precisó el
primer ministro de Túnez, Mohamed Ghannouchi, quien anunció que
Ahmed Friaa reemplazará al titular del Interior, en ese puesto desde
2004.
La medida presidencial se produjo luego que las protestas
callejeras, hasta ahora concentradas en localidades del interior del
país, se registraron en esta capital, donde la policía desplegó por
primera vez a cientos de efectivos para impedir las manifestaciones.
Vehículos blindados y soldados con armas automáticas patrullaban
las principales avenidas de la ciudad, en particular la céntrica
Habib Burguiba donde radica el Ministerio del Interior, mientras
tomaban posiciones en torno a inmuebles como el de la televisión
estatal.
Jóvenes tunecinos hastiados de los elevados índices de desempleo
y el encarecimiento de la vida protagonizaron desde mediados de
diciembre las protestas que emergieron en la región central de Sidi
Bouzid y ahora afectan a más de una decena de demarcaciones.
Los manifestantes se quejan básicamente del desempleo, la
pobreza, la corrupción y la represión gubernamental, de ahí que
muchos exijan la renuncia de Ben Ali, quien tildó de acto terrorista
las protestas y describió a sus protagonistas como bandidos
encapuchados.
El ahora depuesto ministro del Interior había admitido 21 muertes
por causa de la violencia, básicamente disparos de bala de la
policía que justificó como defensa propia, pero activistas de
derechos humanos y sindicalistas aseguraron que las bajas letales
suman las 50.
Algunas fuentes aseguran que la policía y el Ejército desplegaron
francotiradores que causaron el número de muertos y heridos,
mientras autoridades insisten en disparos en legítima defensa o
accidentales.
Además de los enfrentamientos en suburbios de Túnez (capital),
los principales choques y el mayor número de bajas se registraron en
la región central de Kasserine, donde reportes indican que grupos de
trabajadores se declararon en huelga indefinida.
Las escuelas y universidades estatales permanecen cerradas desde
el martes, a excepción de planteles para extranjeros que
restringieron las clases y las actividades a espacios cerrados,
impidiendo a los alumnos salir a los patios, reportó Prensa Latina.