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Talleres agropecuarios
Desbrozando perezas
Pastor Batista Valdés
El periodo especial pudiera ser un "buen pretexto" para
justificar la pereza que gravitó sobre los talleres agropecuarios de
desmonte y construcción, ubicados en la ciudad de Las Tunas.
Estos
implementos son vitales para la actividad agrícola del territorio.
Tal vez la prueba más palpable esté en los aproximadamente 15
años que permaneció paralizada la nave o área de fabricación.
Como suele ocurrir en esos casos, el deterioro fue dando
progresiva y triste cuenta de valiosos equipos y medios para la
producción, tales como el martillo, la fragua, el taladro... e
incluso algunos obreros acabaron tomando otro rumbo en busca de
mejores opciones para el empleo.
NO HAY MAL QUE DURE...
Del mismo modo que "no hay mal que dure cien años", como
sentencia una vieja frase, tampoco hay economía que resista
semejante situación.
Además
de fabricar, los obreros pueden hacer reparaciones.
Por ello, enero del 2010 devino punto de despegue hacia el
rescate de producciones, no solo logradas en el ayer por esa
entidad, sino también apremiantes hoy de acuerdo con las
características predominantemente agrícolas de la provincia y la
tendencia ascendente de la agricultura urbana y suburbana.
Según explica Francisco García Bruzón, director de la Unidad
Empresarial de Base (conocida como Talleres 13 de Marzo), lo primero
fue recuperar y poner "en completa disposición productiva" los
equipos que por descuido e inactividad se habían convertido en pasto
del olvido.
"También nos dimos a la tarea —agrega— de localizar a
trabajadores que se habían ido de aquí. Recuerdo que hablé con el
herrero Pedro Batista; ya estaba jubilado pero retornó y hasta nos
trajo a otro compañero que ahora realiza junto con él ese oficio."
En el ambiente empezaron a latir motivaciones. El nuevo cercado
de la nave atribuyó mayor seguridad y sentido de pertenencia al
colectivo.
El
trabajo es arduo, las condiciones difíciles, pero se avanza.
Entre las primeras producciones rescatadas están el arado no.1 y
la cultivadora de tres vertederas. Luego se fueron incorporando
otros implementos, como el "arado de uno y medio", la pipa para
cargar agua y apoyar la siembra en condiciones de extrema sequía y
el carretón para bueyes: de gran uso en el acopio de viandas,
vegetales, residuos de cosecha, fertilización del suelo...
En este momento —afirma Francisco García— transcurren de forma
satisfactoria las pruebas de la primera cultivadora de cinco
vertederas hecha aquí, así como un prototipo de fangueadora, muy
práctico para las labores del arroz.
EMPEÑO SIN RETROCESO
Más que mostrar o exhibir, el empeño debe concentrarse en
asegurar mecanismos de organización, gestión y eficiencia que
permitan sostener invariablemente la producción sin volver otra vez
a periodos de recaída o retroceso.
Conscientes de que la tarea es dura, los trabajadores no ceden.
Para ello cuentan con algunos equipos, 53 hombres (antes eran más de
200) y gestiones permanentes para sacar de donde sea posible la
materia prima: básicamente recortería de acero, aluminio acopiado en
la comunidad, residuales de cabillas y otros materiales de desecho
que se obtienen a partir de contratos con empresas y organismos.
Las nuevas circunstancias también han delineado el estilo de
acción. Ahora se trabaja con mayor apego a la ficha de costo, bajo
el principio de no perder ni un centavo, impedir cualquier desvío y
revertir en producción todo lo que se compra.
Si una cultivadora lleva 16 tornillos no hay razón para que del
almacén se extraigan 18.
Ese rigor en el control y uso de los recursos arroja resultados
en el orden financiero y productivo. De acuerdo con las
estadísticas, hoy el plan de producción está a un 115%.
Llevado a dinero, eso se traduce en 1 200 000 pesos producidos
mediante la fabricación y venta de arados, cultivadoras, carretones,
pipas, gradas, juegos de herradura, calderos para comedores del
propio sector, narigones para bueyes, argollas y estribos para
monturas... además de que allí reparan implementos de tracción
animal, montan sistemas de ordeño y casas de cultivo protegido y
semiprotegido, entre otras faenas.
Dos indicadores hacen pensar que hasta ahora la reanimación de
los talleres avanza bien; primero, no se registra ninguna queja o
reclamación por parte de las empresas y entidades de este y de otros
territorios que han adquirido producciones aquí; segundo, sigue
creciendo el interés entre productores y directivos de varias
provincias.
Resulta innegable que, tras aquel lamentable descenso, los
talleres han empezado a recuperar energías para paliar poco a poco
el déficit de implementos y responder en mayor grado a las
necesidades de la agricultura tunera. Otro no puede ser el objetivo
si de verdad se quiere tener la mirada a la altura de este momento y
los pies bien puestos sobre la tierra. |