Talleres agropecuarios

Desbrozando perezas

Pastor Batista Valdés

El periodo especial pudiera ser un "buen pretexto" para justificar la pereza que gravitó sobre los talleres agropecuarios de desmonte y construcción, ubicados en la ciudad de Las Tunas.

Fotos: Ernesto Peña LeyvaEstos implementos son vitales para la actividad agrícola del territorio.

Tal vez la prueba más palpable esté en los aproximadamente 15 años que permaneció paralizada la nave o área de fabricación.

Como suele ocurrir en esos casos, el deterioro fue dando progresiva y triste cuenta de valiosos equipos y medios para la producción, tales como el martillo, la fragua, el taladro... e incluso algunos obreros acabaron tomando otro rumbo en busca de mejores opciones para el empleo.

NO HAY MAL QUE DURE...

Del mismo modo que "no hay mal que dure cien años", como sentencia una vieja frase, tampoco hay economía que resista semejante situación.

Fotos: Ernesto Peña LeyvaAdemás de fabricar, los obreros pueden hacer reparaciones.

Por ello, enero del 2010 devino punto de despegue hacia el rescate de producciones, no solo logradas en el ayer por esa entidad, sino también apremiantes hoy de acuerdo con las características predominantemente agrícolas de la provincia y la tendencia ascendente de la agricultura urbana y suburbana.

Según explica Francisco García Bruzón, director de la Unidad Empresarial de Base (conocida como Talleres 13 de Marzo), lo primero fue recuperar y poner "en completa disposición productiva" los equipos que por descuido e inactividad se habían convertido en pasto del olvido.

"También nos dimos a la tarea —agrega— de localizar a trabajadores que se habían ido de aquí. Recuerdo que hablé con el herrero Pedro Batista; ya estaba jubilado pero retornó y hasta nos trajo a otro compañero que ahora realiza junto con él ese oficio."

En el ambiente empezaron a latir motivaciones. El nuevo cercado de la nave atribuyó mayor seguridad y sentido de pertenencia al colectivo.

Fotos: Ernesto Peña LeyvaEl trabajo es arduo, las condiciones difíciles, pero se avanza.

Entre las primeras producciones rescatadas están el arado no.1 y la cultivadora de tres vertederas. Luego se fueron incorporando otros implementos, como el "arado de uno y medio", la pipa para cargar agua y apoyar la siembra en condiciones de extrema sequía y el carretón para bueyes: de gran uso en el acopio de viandas, vegetales, residuos de cosecha, fertilización del suelo...

En este momento —afirma Francisco García— transcurren de forma satisfactoria las pruebas de la primera cultivadora de cinco vertederas hecha aquí, así como un prototipo de fangueadora, muy práctico para las labores del arroz.

EMPEÑO SIN RETROCESO

Más que mostrar o exhibir, el empeño debe concentrarse en asegurar mecanismos de organización, gestión y eficiencia que permitan sostener invariablemente la producción sin volver otra vez a periodos de recaída o retroceso.

Conscientes de que la tarea es dura, los trabajadores no ceden. Para ello cuentan con algunos equipos, 53 hombres (antes eran más de 200) y gestiones permanentes para sacar de donde sea posible la materia prima: básicamente recortería de acero, aluminio acopiado en la comunidad, residuales de cabillas y otros materiales de desecho que se obtienen a partir de contratos con empresas y organismos.

Las nuevas circunstancias también han delineado el estilo de acción. Ahora se trabaja con mayor apego a la ficha de costo, bajo el principio de no perder ni un centavo, impedir cualquier desvío y revertir en producción todo lo que se compra.

Si una cultivadora lleva 16 tornillos no hay razón para que del almacén se extraigan 18.

Ese rigor en el control y uso de los recursos arroja resultados en el orden financiero y productivo. De acuerdo con las estadísticas, hoy el plan de producción está a un 115%.

Llevado a dinero, eso se traduce en 1 200 000 pesos producidos mediante la fabricación y venta de arados, cultivadoras, carretones, pipas, gradas, juegos de herradura, calderos para comedores del propio sector, narigones para bueyes, argollas y estribos para monturas... además de que allí reparan implementos de tracción animal, montan sistemas de ordeño y casas de cultivo protegido y semiprotegido, entre otras faenas.

Dos indicadores hacen pensar que hasta ahora la reanimación de los talleres avanza bien; primero, no se registra ninguna queja o reclamación por parte de las empresas y entidades de este y de otros territorios que han adquirido producciones aquí; segundo, sigue creciendo el interés entre productores y directivos de varias provincias.

Resulta innegable que, tras aquel lamentable descenso, los talleres han empezado a recuperar energías para paliar poco a poco el déficit de implementos y responder en mayor grado a las necesidades de la agricultura tunera. Otro no puede ser el objetivo si de verdad se quiere tener la mirada a la altura de este momento y los pies bien puestos sobre la tierra.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir