El reconocido artista santiaguero los entregó simbólicamente a
una representación de instituciones culturales, docentes y
bibliotecas, y anunció que en los próximos días serán enviados a
otros centros de referencia para que los estudiantes y el público en
general puedan tener acceso a una obra que por su concepción e
impresión tendría que venderse a un precio elevado. La Fundación
Caguayo, que el artista preside, tendrá el encargo de cumplir esa
encomienda.
El libro, en papel cromado y gran formato, impreso en México,
recoge unas 100 imágenes de la obra escultórica de Lezcay, así como
de su pintura y dibujos hasta el presente. Recordó Teresa Melo cómo
el artista, quien el próximo noviembre arribará a su sesenta
cumpleaños, ha producido obras significativas, como el monumento a
Antonio Maceo, que preside la Plaza de la Revolución del mismo
nombre en Santiago de Cuba; el homenaje al cimarrón, que se levanta
en El Cobre, y el que dedicó al espíritu guerrero venezolano en la
ciudad de Puerto Cabello.
Pero si valiosas son sus obras monumentales, no lo son menos las
pinturas y dibujos atesorados por diversas instituciones y
coleccionistas privados.
Con su hablar pausado y sereno, Lescay dijo que toda su obra la
ha dedicado especialmente a Esmérida Merencio Frómeta, "mi madre
querida que por su voluntad me parió en una humilde casa en una
montaña, y sigo yendo a la montaña, real y simbólicamente". Según
sus palabras, él siempre ve a la montaña como un reto por alcanzar.
Los curadores del libro expresaron que a Lezcay le interesan la
forma, el color, la luz, todo lo necesario para expresar torbellinos
de emociones. Siempre "nos sorprende con algo nuevo" en su escultura
y su pintura.
Subrayando esa idea, uno de los comentarios recogidos en el
álbum, escrito por Lisandro Otero, dice: "Los volúmenes y el color
de las obras de Alberto Lezcay son una síntesis de la vida cubana.
Es la violencia y la borrasca, los granates incendiados que
proclaman la cólera, y los turquíes serenos nos hablan de la
prudencia".