Una campaña macartista se
intensifica en Perú, a pocos días de las elecciones municipales,
ante la gran posibilidad que la candidata Susana Villarán, apoyada
por fuerzas de izquierda, gane la Alcaldía de Lima.
La ofensiva alcanza ribetes febriles, pese a que Villarán, del
grupo Fuerza Social (FS), subraya a diario su posición
centro-izquierdista y afín a corrientes socialdemócratas y marca
distancias ideológicas nacionales e internacionales con posiciones
revolucionarias antineoliberales.
No a Susana de Troya, caballo de Troya del comunismo, dice un
cartel que corona una serie de panfletos anónimos, inscripciones
murales y comentarios de prensa, que forman un concierto hostil a
cualquier posibilidad de alteración del estado de cosas, aunque
fuera mínimo.
El cartel ha sido distribuido por Fernán Altuve, candidato del
grupo derechista que lleva el insólito nombre de Cambio Radical (CR)
y que, imposibilitado de ganar, se ha dedicado a tratar de impedir
el triunfo de Villarán en los comicios regionales y municipales del
3 de octubre próximo.
Apoya así a la candidata derechista del Partido Popular Cristiano
(PPC), Lourdes Flores, dejando de lado el encono que lo separa de
ella, por su enfrentamiento con el candidato original de CR, Álex
Kouri.
La dura confrontación entre Flores y Kouri, así como la tacha que
dejó fuera a este por no cumplir los requisitos legales para ser
candidato, fueron factores decisivos para el vuelco del electorado a
favor de Villarán.
Tanto el presidente Alan García como otros miembros del Gobierno
y la bancada parlamentaria oficialista, el alcalde conservador de
Lima y diversas facciones conservadoras, así como la gran mayoría de
los medios de comunicación han cerrado filas al lado de Flores y
contra Villarán.
La campaña apunta especialmente contra la presencia del
Movimiento Nueva Izquierda (MNI), ligado al Partido Comunista del
Perú-Patria Roja entre las fuerzas que apoyan a la candidata.
El cartel de Altuve expresa esa campaña macartista pese a que
Villarán dice constantemente que no tiene una alianza política
formal con esa agrupación y que sólo los vincula las coincidencias
municipales.
Villarán se ha erigido como la sorpresa de la contienda electoral
y se ubica a la cabeza de las encuestas merced a una campaña
efectiva y al desgaste, los errores y las contradicciones de los
partidos tradicionales.
Sin cuestionamientos de fondo al modelo neoliberal ni al sistema
político, la aspirante tiene un programa de Gobierno municipal con
escasas diferencias respecto a los de sus rivales.
Villarán cuenta con las simpatías de algunos comunicadores
sociales neoliberales, como el presentador de televisión Jaime Bayly,
que la consideran una izquierdista moderada, moderna y aceptable.
Pese a ello, la campaña macartista la acusa de tener aliados
supuestamente extremistas que llevarán adelante medidas radicales, y
hasta de un inexistente temor de los inversionistas extranjeros a su
victoria.
La mayoría de los medios de comunicación tratan de aparentar, con
diversos subterfugios, que Villarán y Flores disputan estrechamente
el primer lugar, siendo la verdad que las principales encuestadoras
dan como amplia favorita a la primera.
Con ello busca evitar que el electorado termine de abandonar a
Flores al verla derrotada tras comenzar la campaña como favorita.
Analistas consultados señalan que la campaña, similar a las
lanzadas en 2006 contra el candidato presidencial nacionalista
Ollanta Humala y en otros países contra líderes progresistas
exitosos, obedece a que el triunfo de Villarán abra el paso a una
dinámica de cambio.
Pero hay un motivo que para los entendidos es más simple,
decisivo y pedestre: el temor a una administración nueva entorpezca
arreglos que parecieron asomar al revelarse contactos entre Flores y
ejecutivos de transnacionales interesadas en negocios con el
municipio.