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Revelan gestiones sirio-sauditas para aplacar tensiones
en Líbano

DAMASCO, 24 de septiembre (PL).— Siria y Arabia Saudita intensificaron recientemente esfuerzos para tratar de aplacar tensiones entre grupos políticos rivales del Líbano por el asesinato del ex primer ministro Rafiq Hariri, revelaron hoy fuentes oficiales y periodísticas.

Círculos gubernamentales y diplomáticos en Damasco dijeron a medios locales a condición de anonimato que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, discutió el miércoles en la noche varios asuntos con el primer ministro libanés, Saad Hariri, hijo del ex estadista asesinado.

El punto central de esa conversación a la que sucedió una reunión entre el embajador saudita en Beirut y representantes de la resistencia chiita Hizbulah- fue la labor de un tribunal internacional avalado por la ONU que investiga la muerte violenta de Hariri.

Medios libaneses, entretanto, comentaron que los esfuerzos sirio-sauditas fueron claras señalas de que ambas naciones estaban muy interesadas en calmar las tensiones en el Líbano a raíz de rumores que podrían afectar a Hizbulah (Partido de Dios).

Según trascendidos, el Tribunal Especial para el Líbano (TEL) estaría a punto de implicar a miembros del influyente movimiento en el atentado con bomba que el 14 de febrero de 2005 segó la vida del ex jefe de gobierno y de otras 22 personas en pleno corazón de Beirut.

Hariri, quien al igual que la tuvo su progenitor posee ciudadanía saudita y es apoyado por el reino wahabita, reconoció hace semanas que fue un error haber acusado al gobierno sirio de la muerte de su padre y admitió que tales imputaciones tuvieron motivaciones políticas.

Por su parte, Damasco que estableció relaciones con Beirut y los ha impulsado en meses recientes- mantiene igualmente estrechos lazos con el movimiento chiita Hizbulah, el principal partido de oposición en el parlamento del Líbano.

Observadores en ambas capitales temen que una acusación del TEL a miembros de la resistencia pueda avivar nuevamente un conflicto entre sunnitas y chiitas libaneses similar al que en mayo de 2008 colocó al vecino país al borde de otra guerra civil como la de 1975 a 1990.

A raíz de la muerte de Hariri, potencias occidentales y grupos anti-sirios en el Líbano presionaron para la retirada de las tropas sirias emplazadas allí durante casi 30 años (desde 1976) para apoyar la defensa del país de las pretensiones expansionistas israelíes.

Hizbulah, que cuenta con gran influencia política y significativo poderío militar, es apoyado por Siria e Irán, y dejó claro que no permitirá que ninguno de sus miembros sea imputado por la corte de la ONU, cuya credibilidad ha cuestionado.

En una entrevista concedida ayer al diario kuwaití Al-Rai, el segundo jefe de Hizbulah, jeque Naim Qassem, señaló que ese partido no ha pronunciado su última palabra sobre el TEL y solo da tiempo a los esfuerzos sauditas para reencauzar el erróneo rumbo de la corte.

 

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