Siria y Arabia Saudita
intensificaron recientemente esfuerzos para tratar de aplacar
tensiones entre grupos políticos rivales del Líbano por el asesinato
del ex primer ministro Rafiq Hariri, revelaron hoy fuentes oficiales
y periodísticas.
Círculos gubernamentales y diplomáticos en Damasco dijeron a
medios locales a condición de anonimato que el presidente sirio,
Bashar Al-Assad, discutió el miércoles en la noche varios asuntos
con el primer ministro libanés, Saad Hariri, hijo del ex estadista
asesinado.
El punto central de esa conversación a la que sucedió una reunión
entre el embajador saudita en Beirut y representantes de la
resistencia chiita Hizbulah- fue la labor de un tribunal
internacional avalado por la ONU que investiga la muerte violenta de
Hariri.
Medios libaneses, entretanto, comentaron que los esfuerzos
sirio-sauditas fueron claras señalas de que ambas naciones estaban
muy interesadas en calmar las tensiones en el Líbano a raíz de
rumores que podrían afectar a Hizbulah (Partido de Dios).
Según trascendidos, el Tribunal Especial para el Líbano (TEL)
estaría a punto de implicar a miembros del influyente movimiento en
el atentado con bomba que el 14 de febrero de 2005 segó la vida del
ex jefe de gobierno y de otras 22 personas en pleno corazón de
Beirut.
Hariri, quien al igual que la tuvo su progenitor posee ciudadanía
saudita y es apoyado por el reino wahabita, reconoció hace semanas
que fue un error haber acusado al gobierno sirio de la muerte de su
padre y admitió que tales imputaciones tuvieron motivaciones
políticas.
Por su parte, Damasco que estableció relaciones con Beirut y los
ha impulsado en meses recientes- mantiene igualmente estrechos lazos
con el movimiento chiita Hizbulah, el principal partido de oposición
en el parlamento del Líbano.
Observadores en ambas capitales temen que una acusación del TEL a
miembros de la resistencia pueda avivar nuevamente un conflicto
entre sunnitas y chiitas libaneses similar al que en mayo de 2008
colocó al vecino país al borde de otra guerra civil como la de 1975
a 1990.
A raíz de la muerte de Hariri, potencias occidentales y grupos
anti-sirios en el Líbano presionaron para la retirada de las tropas
sirias emplazadas allí durante casi 30 años (desde 1976) para apoyar
la defensa del país de las pretensiones expansionistas israelíes.
Hizbulah, que cuenta con gran influencia política y significativo
poderío militar, es apoyado por Siria e Irán, y dejó claro que no
permitirá que ninguno de sus miembros sea imputado por la corte de
la ONU, cuya credibilidad ha cuestionado.
En una entrevista concedida ayer al diario kuwaití Al-Rai, el
segundo jefe de Hizbulah, jeque Naim Qassem, señaló que ese partido
no ha pronunciado su última palabra sobre el TEL y solo da tiempo a
los esfuerzos sauditas para reencauzar el erróneo rumbo de la corte.