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Alan Robock y el “invierno nuclear”
“La mayor amenaza que gravita hoy sobre la especie
humana son las armas nucleares”
(Tomado de Cubadebate)

Fidel dialoga con Alan Robock.
Las ciudades arderían durante semanas e incluso meses extendiendo
una vasta nube de cenizas que pintaría el cielo de negro. Los hongos
de las explosiones termonucleares elevarían nubes de polvo y humo a
altitudes estratosféricas donde permanecerían en suspensión durante
años, velando la luz solar. Las temperaturas en la Tierra bajarían
drásticamente a las pocas semanas. Por lo menos durante uno o dos
años la insolación sería débil. Tras este desastre emergería un
mundo helado y yermo en el que el 90 por ciento de las cosechas
mundiales se habrían malogrado y la capacidad de generación de
energía habría disminuido a más de la mitad. Sin medios para
calentarse, las ciudades se convertirían en témpanos de cemento
abandonados por la fuerte hambruna subsiguiente.
No es la parodia del Apocalipsis, sino el mundo que validan los
modelos científicos si estallara solo el 1 por ciento de las bombas
atómicas que existen hoy en el planeta. Bastaría un conflicto entre
la India y Pakistán, dos países que poseen armas de esa naturaleza,
para que se hiciera realidad la pesadilla que los investigadores han
llamado "invierno nuclear".
Alan Robock, del Departamento de Ciencias Medioambientales, de la
Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, confirmó la teoría del
"invierno nuclear", junto a un equipo de prestigiosos investigadores
norteamericanos y rusos. Fue él quien presentó este martes, en La
Habana, las conclusiones de sus estudios en una conferencia
impactante, a la que asistió el Comandante en Jefe Fidel Castro y
que será transmitida este miércoles por la Mesa Redonda de la
Televisión cubana.
"Afortunadamente tal teoría jamás se puso a prueba —dijo el
científico a Fidel en breve diálogo al concluir la conferencia—,
pero la única garantía de que eso no ocurra en el futuro es que se
destruyan todas las armas nucleares. Mientras ellas estén ahí, nos
seguirán preocupando los accidentes, los malos cálculos y la gente
loca que pueda tener estas armas en su poder".
PUDIÉRAMOS REGRESAR A
LA EDAD de PIEDRA
Las primeras palabras de Alan Robock son en un español que
aprendió en la secundaria, hace 45 años, demasiado tiempo para
dictar una conferencia en ese idioma. El detalle del idioma será
relevante por algo que pasará luego, pero ahora comienza su
exposición en inglés, apoyándose en imágenes, sin utilizar términos
demasiado técnicos, aunque la mayoría del público que asiste a su
conferencia magistral titulada "Las consecuencias climáticas de un
conflicto nuclear", son científicos que participan en un Taller de
nombre similar convocado por el Instituto de Meteorología.
La primera idea que esboza es terminante: "El calentamiento es un
problema serio, pero la mayor amenaza que gravita en estos momentos
sobre la especie humana son las armas nucleares". Y acto seguido
muestra estas dos imágenes. La primera, dice, es "nuestro hermoso
planeta". La segunda, lo que podría llegar a ser tras una contienda
nuclear: el humo cubriría la Tierra, bloqueando el sol, haciendo de
la superficie un páramo frío, oscuro y lleno de polvo. Todo el
auditorio se sobrecoge. Fidel abre su libreta azul. Ha comenzado a
tomar notas.


De manera muy didáctica explica que los primeros trazos de la
teoría del invierno nuclear corresponden a un estudio de Paul
Crutzen y John Birks en 1982, que ya propusieron que los incendios
masivos que resultarían de un intercambio nuclear global y el humo
que generarían en las capas bajas de la atmósfera tendrían
consecuencias notables sobre el clima.
Owen B. Toon y Richard P. Turco analizaron las consecuencias del
humo en la estratosfera y acuñaron la expresión "invierno nuclear",
mientras que los soviéticos Vladimir Aleksandrov y Georgiy
Stenchikov llevaron a cabo simulaciones sobre modelos más
sofisticados en 1983. En parte como consecuencia de estos estudios y
otros relacionados a finales de los años 80 del siglo pasado, se
iniciaron los tratados de desarme nuclear entre Estados Unidos y la
Unión Soviética. "Al menos eso dijo Gorbachov", apunta el
científico.
La teoría es simple y horrible, añade Robock: si se bloquea la
luz del sol, la superficie de la Tierra se enfría por debajo del
punto de congelamiento. "Piensen esto: en la noche el sol se esconde
y la temperatura disminuye. ¿Qué pasaría si al amanecer no sale el
Sol? Una tragedia para el planeta, que tendría como consecuencia la
pérdida de las cosechas y nos amenazarían epidemias de hambrunas",
añade.
Estas investigaciones comenzaron hace 25 años. "Ustedes podrían
preguntarse, ¿qué hago yo hablando de eso ahora? Si bien la Guerra
Fría y la carrera armamentista nuclear asociada a ella ha terminado,
los arsenales nucleares que hoy existen pueden perfectamente
producir un invierno nuclear", añade.
Aun
cuando hubiese 100 armas nucleares solamente, no podría producirse
un "invierno nuclear", pero las consecuencias serían trágicas desde
el punto de vista de sus efectos directos y el cambio climático
sería algo sin precedentes en la historia humana.
En los años 2000, Robock y un grupo de investigadores, entre
ellos Stenchikov, Toon y Turko que habían construido la teoría en la
década del 80, hicieron una serie de estudios en los que tuvieron en
cuenta la reducción planeada de armamento nuclear de Estados Unidos
y Rusia (el Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas).
Compararon las consecuencias de un intercambio dentro del arsenal
permitido por ese contexto con un intercambio limitado entre
potencias nucleares menores como India y Pakistán.
Según este estudio, aún los intercambios atómicos más modestos
serían suficientes para producir efectos del mismo orden que la
pequeña edad de hielo o el año sin verano. El estudio también
sugería que la alteración de la temperatura de la estratosfera,
incluso en este caso, podía tener consecuencias graves sobre el
flujo de gases, y en concreto reducciones considerables en la
columna de ozono. El uso del arsenal ruso y estadounidense llevaría
a un descenso de la temperatura comparable o posiblemente más
acusado que el de una glaciación, quizá durante una década.
"A pesar de que se han reducido varios arsenales aún existe un
gran peligro", y explica ayudado de las diapositivas: "Este es un
gráfico de los países que tienen armas nucleares. Como ven, los
cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU fueron
los primeros en obtener las armas nucleares, y después están Israel,
la India. Israel ayudó a Sudáfrica a obtener las armas nucleares y
luego este país se deshizo de las armas... Luego otros países
produjeron las armas nucleares. Si esta tendencia continúa el mundo
se tornará un lugar todavía más peligroso".

LECCIONES
Cómo hacer un arma nuclear no es un secreto. La única limitante
sería no contar con uranio o plutonio, afirma el investigador. Se
pudieran construir 100 000 armas más si se quisiera. ¿Por qué en el
hemisferio sur no hay armas nucleares? ¿Por qué otras potencias del
hemisferio norte no la tienen? ¿Qué lecciones podríamos sacar de
estos países que renuncian a tener armas nucleares?, se pregunta el
investigador.
"Si el propósito es amenazar a alguien más para que no atacase,
cuántas armas serían necesarias en las capitales para amenazar a
esos posibles países agresores. Con una sola, quizás dos, bastaría
para disuadir a cualquiera", reconoce. De modo que ahora mismo
podría reducirse dramáticamente el arsenal.
Pero la realidad es que hoy el arsenal nuclear es una tercera
parte del que existía en 1985, pero tienen un poder explosivo 10 000
veces mayor que todas las armas utilizadas durante la Segunda Guerra
Mundial. Si toda esta cantidad de armas disponibles hoy se divide
entre los más de 6 000 millones de habitantes del planeta —afirma
Robock—, cada ciudadano tendría derecho aproximadamente a 750 kg de
TNT. "¿No es esto algo loco?".
Los gráficos a veces hablan más que las palabras, comenta. Este
que verán a continuación representa todas las armas nucleares que
hay en el planeta. El punto del medio equivale al arsenal que
existía durante la II Guerra Mundial, y toda la zona sombreada,
pertenece al arsenal nuclear:

¿Qué significa una explosión nuclear? "La luz es tan intensa que
lo quema todo. La onda expansiva se extiende. Durante la Primera
Guerra Nuclear, los EE.UU. lanzaron dos bombas atómicas sobre Japón.
La primera, en Hiroshima, con una potencia explosiva de 15
kilotones, que es tres millonésimas del actual arsenal. Murieron 150
000 personas.

Y esta es una foto de cómo quedó Hiroshima tras el ataque:

Los sobrevivientes recuerdan el fuego y el humo. ¿A dónde fueron
todos los edificios y todas las casas? "Se quemaron y se
convirtieron en humo. Desafortunadamente tenemos un ejemplo de una
explosión nuclear que prueba que produce fuego y destrucción a
cientos de kilómetros a la redonda", asegura.
Robock ejemplifica con otras pruebas nucleares, que confirman sus
teorías. "En nuestros estudios hemos llegado a la conclusión de que
si llegan a lanzar 100 bombas de 15 Kt —que equivale a menos del 1
por ciento del arsenal nuclear del planeta—, morirían casi
instantáneamente 20 millones de personas debido a los efectos
directos. Serían inyectados en la atmósfera 5 Teragramos de humo",
afirma.
Luego de otros ejemplos que van desde lo ocurrido durante el
terremoto en San Francisco en mayo de 1906, pasando por tormentas de
polvo en Marte y el meteorito que impactó a la Tierra hace 65
millones de años y extinguió a los dinosaurios, el científico prueba
que el "invierno nuclear es una teoría perfectamente posible, debido
a la intervención humana".
"La única forma de evitar esto sería deshacernos de las armas
nucleares", concluye.
LUCHAR PORQUE HAYA CONCIENCIA DE ESTE PELIGRO
Tras un intercambio con Fidel Castro Díaz-Balart, asesor
científico del Consejo de Estado, sobre los modelos de la
investigación del "invierno nuclear", Fidel pregunta cuántas
personas en el mundo conocían estos datos. Corrobora que muy poca
gente.
"Sencillamente se ignora, y me parece que tiene suficiente
gravedad como para que se conozca y se divulgue... Tenemos que
luchar porque el mundo lo conozca", dice Fidel.
Robock tiene una explicación al silencio que ha padecido esta
teoría: "Negación —dice—. Es algo tan horrible que las personas no
quieren pensar en esto. Es más fácil simular que no existe."
Pero Fidel es optimista, se aferra a los valores del ser humano.
"Nuestra batalla es hacer conciencia, de la cual hablamos tanto;
crear una cultura". Y añade: "Creo en la capacidad de nuestro pueblo
y del mundo en aprender... No es imposible crear una conciencia por
encima de toda esa indiferencia, y primero, por encima de la
ignorancia."
Tenemos en la televisión y en los medios instrumentos para ayudar
en la batalla por el conocimiento de estos peligros, comenta tras un
intercambio con la periodista Gladys Rubio, de la Televisión cubana.
"Hay armas convencionales que hoy son más destructivas incluso, en
concreto, que las armas nucleares. El problema es quién tira
primero, que es lo que estamos tratando de evitar. Vemos los riesgos
que significan la ignorancia y la posesión de estas armas en esta
época. Cien de ellas pueden acabar con la vida humana", dice el
líder de la Revolución cubana.
Con optimismo en las palabras de Fidel y un tono más bien risueño
ponen fin a la conferencia. "Estamos muy agradecidos de lo que nos
has enseñado, y lo vamos a divulgar", asegura el líder de la
Revolución y le extiende ejemplares de La victoria estratégica
y La contraofensiva estratégica, sus libros más recientes.
"Profesor, para el repaso del español. No es propaganda", se ríe y
repite: "Repase el español", a lo que Robock responde: "Comandante,
no tengo libros, pero le entrego uno de mis artículos".
Mientras el científico registra en su carpeta, Fidel reacciona
travieso: "Eso es para que yo repase el inglés". Y se ríe. |