Aclaraciones de Blas Roca

Compañero

El tratamiento entre los miembros de una sociedad depende, mayormente, de la estructura de la sociedad dada.

Cuando la Revolución Francesa destrozó en forma dramática y por medios revolucionarios el régimen feudal, el pueblo en acción desechó los antiguos modos de tratamiento (alteza, señoría, señor, etc.) y adoptó el tratamiento de ciudadano.

Los trabajadores, entre sí, adoptaron el tratamiento de compañero o camarada.

En la sociedad feudal, dividida en estamentos rígidos, dominada por el concepto de la jerarquía, de la existencia de hombres superiores y hombres inferiores por razón de nacimiento y de la clase social a que pertenecían, el tratamiento reflejaba la desigualdad acatada, las distintas categorías sociales. Ciertos nobles requerían que al dirigirse a ellos o al mencionarlos se les tratase de alteza. A otros, colocados en una escala inferior, había que tratarlos de otra manera. El amo o dueño de la tierra era tratado de señor. Hasta el don era usado según categorías.

La lucha del pueblo contra las irritantes desigualdades de castas, características de la sociedad feudal, promovió en la Revolución Francesa el tratamiento igual de ciudadanos.

La sociedad burguesa que surgió de aquella revolución no podía establecer la igualdad. En ella se imponía la desigualdad de la fortuna, la desigualdad entre el explotado y el explotador, entre el obrero y el capitalista. Detrás del tratamiento igual de ciudadanos estaba la realidad de las diferencias abismales y los antagonismos inconciliables entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos.

La sociedad socialista es aquella en que sí pueden derribarse las desigualdades engendradas por la división en clases, por la explotación. En la sociedad socialista predomina el tratamiento de compañero o camarada porque sólo en ella, realmente, el hombre se hace compañero y hermano del hombre, en lugar de ser, como hasta aquí el lobo del hombre, el enemigo del hombre, el antagonista del hombre. Entre compañero y camarada no hay diferencia. Las dos palabras expresan relaciones entre iguales, entre amigos, entre personas identificadas en los mismos propósitos, en los mismos sentimientos, en las mismas aspiraciones.

Parece que, etimológicamente, la palabra compañero proviene de los que andan en compañía, de los que andan juntos, de los que comparten el pan, mientras que la palabra camarada provendría de los que comparten el cuarto, la habitación, la cámara de dormir.

El significado de hoy de ambas palabras es el mismo. El compañero es un camarada. El camarada es un compañero...

A partir de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se acostumbra llamar ciudadano al que uno no conoce y compañero a los miembros del Partido, a los miembros de la misma institución a que uno pertenece, al que trabaja en el mismo lugar o en la misma profesión, al amigo, etc.

Compañero es una hermosa palabra.

Ella expresa la relación de solidaridad, de fraternidad, de compenetración, de amistad, de ayuda mutua, de identificación en la finalidad de construir la sociedad más justa y humana, de edificar la vida nueva de abundancia y bienestar para todos sus miembros.

El que está en el campo contrario a esos ideales no puede ser compañero, ese es el enemigo al que combatimos con toda nuestra fuerza. El que no sabe distinguir al amigo del enemigo, al que pertenece al campo de la Revolución del que está en el campo de la contrarrevolución, ése no puede ser compañero, ése no sabrá nunca ser compañero.

Creo que la característica más alta y el deber más hondo del compañero es la lealtad.

El egoísta, el que sólo piensa en él, el que sobrepone su interés al interés de los demás, no puede ser compañero, no será nunca buen compañero.

El que no es capaz de ayudar a los demás ni de preocuparse por los que le rodean, el que trata de hundir y no de salvar, ése no puede ser compañero, no será nunca buen compañero.

La Habana, 16 de septiembre de 1962.

 

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