La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA)
estableció la solidaridad más amplia entre los pueblos de América
Latina y el Caribe como principio cardinal de la nueva concepción de
la integración, en contraposición a los criterios egoístas y
mercantilistas de la hoy fenecida Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), con la cual Estados Unidos pretendía recolonizar la
subregión.
La cooperación, la complementariedad, el trato especial y
diferenciado a los diferentes niveles de desarrollo y la voluntad
común de avanzar todos de conjunto, se constituyeron en las bases
cardinales, de la semilla sembrada por el Comandante en Jefe Fidel
Castro y el presidente venezolano Hugo Chávez Frías, el 14 de
diciembre del 2004, y que propiciarían alcanzar niveles más altos de
desarrollo, y a la par preservar la independencia, la soberanía y la
identidad.
Si en el plano social los resultados son impresionantes, con
programas como Operación Milagro de rehabilitación oftalmológica, o
el de alfabetización Yo sí puedo, en el plano
económico-comercial no es poco lo que se ha andado a paso seguro, en
medio de un mundo convulso por agudas crisis energética,
económico-financiera, ambiental, alimentaria.
De principios similares al ALBA surgió, en el 2005, la empresa
regional de PETROCARIBE, un mecanismo de solidaridad y seguridad
energética integrado por 14 naciones centroamericanas y caribeñas, a
los que Venezuela suministra petróleo en condiciones de pago
preferenciales, sin sufrir las tensiones y manejos especulativos de
los precios de los hidrocarburos en el mercado mundial dominado por
las transnacionales yankis del sector, con lo cual pueden hacer
frente a sus planes de desarrollo económico.
Se destaca en este esfuerzo unitario el funcionamiento de
TRANSALBA —que realiza la transportación de combustible,
fundamentalmente relacionada con PETROCARIBE—, y el Fondo Cultural
del ALBA, que entre otras acciones otorga los Premios ALBA, para el
sector cultural y artístico.
Dirigido a impulsar la integración financiera se creó en junio
del 2007 el Banco del ALBA, con un capital suscrito de 850 millones
de dólares, para financiar programas y proyectos de desarrollo
económico en sectores clave de los territorios incorporados en el
área, operando en estos momentos a través de un fideicomiso, con la
meta de financiar programas y proyectos de desarrollo económico en
sectores clave de este espacio geográfico que reúne en su seno a una
población de más de 69 millones de personas.
Ese apoyo financiero está dirigido fundamentalmente al respaldo
de proyectos como el Fondo ALBA-Alimentos. Hasta el momento han
ratificado el Tratado del Banco del ALBA Cuba, Nicaragua y
Venezuela.
Otro jalón lo constituyó la firma en la pasada Cumbre celebrada
en Cochabamba, Bolivia, del Tratado Constitutivo del Sistema
Unitario de Compensación Regional (SUCRE), mecanismo financiero del
ALBA, que a partir del 2010 comenzará a funcionar con las miras en
promover el comercio mediante la compensación de pagos a través de
una unidad de cuenta denominada precisamente SUCRE.
Como parte del fortalecimiento institucional de la Alianza
también se crearon los Consejos Ministeriales de los Programas
Sociales y el de Complementación Económica, que se sumaron a los
Consejos de los Movimientos Sociales y el Consejo Político
establecidos con anterioridad.
El Consejo Ministerial de Complementación Económica tiene como
tarea principal dirigir la conformación de una Zona Económica de
Desarrollo Compartido, con el objetivo de construir un nuevo modelo
de integración económica orientado al desarrollo de las capacidades
productivas de los países ALBA, que permita satisfacer las
necesidades de sus pueblos.
Las ricas experiencias y logros de las acciones realizadas por
este joven esquema de integración y las perspectivas de las empresas
mixtas, conformadas entre dos o más naciones de la Alianza en estos
momentos, harán posible en el más breve plazo la puesta en marcha de
un conjunto de proyectos en la esfera económica, dirigidos a
concretar las expectativas de nuestros pueblos de una mayor
complementariedad productiva.
Todo un hito lo constituye la decisión de la Cumbre de Cochabamba
de elaborar un Tratado de Comercio de los Pueblos, que define la
arquitectura comercial de complementariedad productiva, cooperación
e inversiones de los países miembros, entre otros aspectos, lo cual
permitirá reforzar la institucionalidad jurídica de la Alianza, de
cara a los desafíos de la economía mundial en crisis y en función de
su objetivo de consolidar el modelo de integración.
Un proyecto preliminar del Tratado de Comercio de los Pueblos
será presentado en la Cumbre de la organización en La Habana,
prevista los venideros 13 y 14 de este mes a nivel de jefes de
Estado y de Gobierno, para organizar su posterior revisión y
conformación entre todos los miembros del ALBA.
La nueva convocatoria de la magna reunión en la capital cubana,
que recién cumplió 490 años de su fundación, servirá sin lugar a
dudas para reafirmar la unidad, la independencia y el propósito de
construir el desarrollo de sus sociedades.