¿Quién se beneficia con un precio falseado? ¿Cuánto daña al
consumidor la adulteración del costo de un producto, incluso a
sabiendas de las serias dificultades económicas que tiene la
población?
Hoy las denuncias llegan de nuestros lectores y aunque los
reporteros de Granma han pretendido abordar el asunto, no
hemos podido obtener el listado de precios de artículos de primera
necesidad.
El lector E. Valdés, en su carta publicada el 4 de septiembre
pasado, pone el ejemplo de un mismo producto en dos tiendas con 100
metros de distancia entre una y otra, y casi dos CUC de diferencia
de precios: tienda de la cadena Meridiano de 10 de Octubre y la
cercana tienda Almacenes Toyo. En la primera se vende el Nescafé
Clásico de 200 gramos a 5.40 CUC y en Toyo el mismo producto a ¡7.10
CUC!
Narciso Balbuena, adjunta a su carta cuatro fotos tomadas en dos
pequeñas unidades comerciales de la Manzana de Gómez, entre las que
median seis metros, y donde el jabón de tocador Rexona se oferta con
0.10 CUC de diferencia.
Hagamos un simple cálculo del ejemplo de Balbuena. De cada 1000
jabones vendidos se obtienen 100 CUC de ganancia. ¡Qué inofensivos
los diez centavitos, verdad!
A Vladimir Gómez Pupo le llama la atención la diferencia de
precios que tienen las confituras, en dependencia del municipio
donde usted las compre. Pupo señala que en días pasados fue al
Silvayn de Policake de Arroyo Naranjo. Allí los chocolates Baracoa
en tabletas cuestan 0.85 CUC y los huevitos 0.20 CUC; milagrosamente
1 000 metros más adelante, en el Silvayn de 10 de Octubre esquina a
Josefina, el mismo chocolate cuesta 1.00 CUC y los huevitos 0.25 CUC.
Le sorprende además cómo en la cafetería ubicada en la entrada del
restaurante Wakamba la misma tableta de chocolate, cuesta 0.65 CUC.
Corroborar la información transmitida por los lectores condujo a
un equipo de reporteros a realizar un recorrido por unidades del
centro de la ciudad capital. Además de validar lo dicho por ellos,
apreciamos otras incongruencias y agravantes del problema: un solo
ticket para varios artículos; productos sin su sello de barra y la
cajera auxiliándose de un cartón con todas ellas pegadas; códigos y
precios escritos con pluma o lápiz, y por supuesto, precios
adulterados.
En moneda nacional ocurre también este problema y en grado
superlativo. Existen igualmente lugares donde se expone un precio en
la tablilla y otro asunto es el importe en la tarima, muy común en
los mercados agropecuarios de 17 y B y de 19 y 42.
No tenemos menudo, no hay cambio, son otras de las variantes
utilizadas para timar que se suman a la no declaración de rebajas de
precios cuando el producto está próximo a la fecha de vencimiento y,
al manejo de las ventas de oportunidades para favorecer a
revendedores.
Todo ello constituye una serie de violaciones para sancionar las
cuales existen reglamentos y disposiciones, pero poco o nada se
hace.
De los lugares visitados, fue en la tienda Peerlers,
perteneciente a la cadena Habaguanex, donde pudimos tener acceso al
llamado IPV (existencia y precios), auxiliados por la gerente del
lugar y la gerente de compras de la cadena. En el resto de los
lugares hubo serias reticencias a abordar el tema y negativa
absoluta a que pudiésemos tomar fotos, a pesar de la identificación
como miembros de este diario.
Siempre nos resultó "curioso" que tales anomalías ocurrieran con
productos de amplia demanda. "Coincidencia" que a nuestro entender
deshumaniza todavía más el problema.
Lo lógico, ante la evidencia de ser timados como clientes, es
acudir al gerente o administrador (si tiene la suerte de que esté)
para reclamar nuestros derechos y exigir Protección al Consumidor;
concepto que casi nadie aplica y entiende.
En la mayoría de los casos el problema queda en una respuesta
entre dientes: "Disculpe, ha sido un error". Y muchos, para no ser
absoluta, sabemos a qué bolsillos van a dar esos errores.