Un claro ejemplo es el título de "Ciudad Héroe", que ostenta
merecidamente Santiago de Cuba: ese título encierra un error de
concordancia producido por una traducción incorrecta, pues en ruso
—lengua de la que se tomó—, a diferencia del español, la palabra
ciudad está en masculino. Ya es hora de que se rectifique ese
error y se cambie el título por "Ciudad Heroína" o "Ciudad Heroica".
En cierta ocasión tuve que mencionar la distinción "Profesor de
Mérito", que otorgan nuestras universidades a sus más destacados
docentes: la profesora de quien hablaba me explicó que ese era el
título, fuera su poseedor hombre o mujer. Lo mismo ocurre con las
categorías científicas; "profesor titular", "profesor auxiliar"...
¿Por qué?, si nuestras universidades están llenas de profesores y
profesoras.
¿Y qué decir del nombre de los centros en que niños desamparados
viven bajo la protección directa del Estado: "Hogares para niños sin
amparo filial"? El adjetivo filial significa "de los hijos" y
amparo filial, "amparo de los hijos". ¿Acaso hay niños con hijos?
Resulta imprescindible sustituir el nombre de estas instituciones
por "hogares para niños sin amparo familiar".
Los títulos universitarios expresan que se "[...] expide el
presente Diploma de... a favor de... en atención a que el mismo
[...]". Amén de la incorrecta mayúscula de diploma, el pronombre
mismo aparece en función sustantiva, lo cual también constituye
un error, pues esta palabra puede funcionar como adjetivo o como
adverbio, pero nunca como sustantivo.
Y hablando de mayúsculas, cuya inadecuada utilización merece un
tratado, nunca está de más reiterar que los cargos públicos y grados
militares de cualquier nivel se escriben con minúscula; sin embargo,
con mucha frecuencia, aparecen escritos con inicial mayúscula en
todo tipo de documentos oficiales. En verdad, a veces parece que
usamos la mayúscula para destacar la importancia y autoridad de las
personas.
En el ámbito militar, efectivos constituye un término
común. Este sustantivo colectivo significa "totalidad de las fuerzas
militares que se hallan bajo un solo mando o reciben una misión
conjunta". Decir, por ejemplo, que "la milicia ascendía a 114 000
efectivos", resulta tan disparatado como expresar que "en el
Concierto por la Paz se reunió un millón cien mil pueblos": los
colectivos no son contables y, por eso, casi siempre se usan en
singular: efectivos no es sinónimo de soldados, reclutas,
milicianos... sino que implica la totalidad o conjunto.
En estos tiempos ha aparecido en la red gastronómica una serie de
sitios denominados soderías, aunque son lo que toda la vida
llamamos cafeterías. El término no está mal formado, pero soda es
"bebida de agua gaseosa que contiene ácido carbónico", ¿es eso lo
que venden o el término resulta más elegante? No olvidemos que Martí
afirmaba: "[...] usaré de lo antiguo cuando sea bueno, y crearé lo
nuevo cuando sea necesario [...]". ¿Es necesario ese término?
Entre el personal médico y también en la población en general se
emplean endoscopia, laparoscopia, colonoscopia y similares,
pronunciándolos como si tuvieran hiato (-ía). Tan extendido está
este error que ya "suena rara" la palabra correcta.
Y hablando de Medicina, ¿qué decir de los comunicadores que
insisten en hablar de policlínica y no de policlínico? En España y
otros lugares de nuestra América, se llama policlínica; pero en Cuba
es policlínico. Así aparece recogido en el Breve
diccionario de la lengua española, del Instituto de Literatura y
Lingüística, y en el Diccionario básico escolar, del
Instituto de Lingüística Aplicada, de Santiago de Cuba. Es un
problema de variante regional y ya es hora de que aprendamos a
defender la nuestra, esté o no recogida en el diccionario académico.
En un interesante artículo referido al uso del idioma y titulado
"El castellano en América", nuestro José Martí, afirmó con su bello
lenguaje: "Acicalarse en exceso es malo, pero vestir con elegancia,
no. El lenguaje ha de ir como el cuerpo, esbelto y libre; pero no se
le ha de poner encima palabra que no le pertenezca, como no se pone
sombrero de copa una flor [...] ni al traje limpio y bien cortado se
le echa de propósito una mancha./ Háblese sin manchas".
El uso correcto del idioma nos prestigia. Procuremos hablar sin
manchas.