Poner
coto al desorden en las vías, exigir a cada cual según su
responsabilidad, imprimir rigor a las sanciones y otorgar un
verdadero poder de decisión a las comisiones municipales de vialidad
y tránsito, estuvieron entre los reclamos de los diputados de la
comisión de Defensa del Parlamento cubano para lograr que a la
seguridad vial llegue la necesaria institucionalización.
La cifra de más de 10 660 accidentes acaecidos el pasado año
ponen con fuerza el tema en la agenda parlamentaria. Oscar del Toro,
inspector general de la Comisión Nacional de Vialidad y Tránsito,
explicó que se trabaja en la presentación de un nuevo proyecto del
Código de Vialidad y Tránsito para su aprobación por la Asamblea
Nacional del Poder Popular, y en la elaboración del Plan Nacional de
Seguridad Vial, ambos documentos permitirán implementar una política
de Estado coherente y a largo plazo. En este tema, precisó, no
bastan expresiones de buenos deseos.
El coronel Francisco Buzón, jefe de la Dirección Nacional de
Tránsito, dijo que es fundamental concebir el problema de la
seguridad vial como un fenómeno de sostenibilidad, pues lo que no se
haga con rigor tiene un alto costo social y económico. Sobre los
cuantiosos recursos que se necesitan para mejorar las vías precisó
que se reciben de forma aislada por parte de los organismos, de ahí
la importancia de regularizarlo en un plan de seguridad vial que hoy
Cuba no tiene y necesita con urgencia.
Los diputados abogaron también por cambiar la mentalidad de pedir
excesivamente al Estado y en cambio darle más. Entre las soluciones
aportadas con el fin de aliviar el monto de dinero que el país debe
asumir para restablecer las vías estuvo aumentar el pago del peaje y
el impuesto sobre el transporte terrestre, cifras irrisorias y sobre
las cuales existe mucho descontrol. Coincidieron en la necesidad de
proponer formas eficaces de autofinanciamiento.
Denunciaron los parlamentarios la arbitrariedad del cierre de
algunas vías, la obstrucción de las calles por basuras o materiales
para construir, y los altos costos de las pruebas prácticas de
automovilismo que reducen la posibilidad de obtener licencias de
conducción a quienes tengan alto poder adquisitivo y abren las
puertas al lucro. Tales indisciplinas no siempre reciben sanciones y
contribuyen a perpetuar el desorden y la anarquía.
Defendieron la necesidad de otorgar al municipio recursos y poder
de decisión para solucionar en su espacio los problemas del
tránsito, lo que contribuiría a ahorrar, pues, como ejemplificaron,
arreglar a tiempo un bache o una señal impedirá que las dificultades
se acumulen y luego resulte un dilema resolverlas.
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