Sin embargo, ese tema no capitalizó el encuentro de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP), celebrado en Asunción, Paraguay.
Para ese organismo, que agrupa a dueños y editores de unos 1 300
medios impresos del continente, es más importante cuestionar lo que
ha definido como democracias populistas.
Es decir, a la SIP no le interesa la prensa ni los periodistas,
su razón de ser es servir a Washington, responder a sus intereses,
aunque viole sus estatutos, en los cuales se consigna: "el gremio
está destinado a servir por igual a sus afiliados del norte, centro
y sur de América".
Leí recientemente que si la Sociedad Interamericana de Prensa
fuese una entidad objetivamente comprometida con la libertad, la
independencia y la democracia, el edificio que en Miami alberga su
sede no debería llamarse Jules Dubois, aquel sórdido oficial de la
CIA que diseñó sus principios y doctrina y aprendió a encubrir la
verdad a través de la mentira.
Fue a Dubois a quien el Che calificó de "miserable gánster" en
una carta pública al director de la revista Bohemia, fechada el 23
de mayo de 1959, considerada esa como la primera gran denuncia
internacional contra la SIP. "Sucede —escribió entonces el
Comandante Ernesto Guevara de la Serna— que Jules Dubois, la United
Fruit y otras compañías frutícolas, mineras, ganaderas, telefónicas
o eléctricas, explotadoras del pueblo en una palabra, han ordenado
desatar la clásica cortina de las mentiras asalariadas". Esta es la
esencia de la SIP, y el modus operandi no ha cambiado.
Por eso no varía ni una letra en la política pro estadounidense
el que cada autoridad de turno utilice la misma retórica:
descalificar a aquellos gobiernos "hostiles" que forman parte del
llamado "eje del mal" y disienten del concepto de "libertad de
prensa" diseñado bajo los códigos de EE.UU., motivo por el cual Cuba
es un blanco permanente en la agenda de la SIP.
Según EFE, en Paraguay el presidente de la comisión de libertad
de expresión, Robert Rivard, del diario norteamericano San Antonio
Express-News, afirmó que en la Isla "persisten otros problemas de
larga data", pero que "lo más notable es la absoluta represión a una
prensa independiente y a la libertad de expresión".
¿De qué prensa independiente habla Rivard? ¿De los fabricados por
la Sección de Intereses estadounidenses en la capital cubana?
A lo largo de estos años, múltiples han sido las pruebas
aportadas por Cuba que señalan la participación de diplomáticos
norteamericanos en esta parte del "juego sucio" respecto a la labor
de subversión, a la que la Casa Blanca ha destinado cuantiosos
recursos a través de agencias como la National Endowment for
Democracy (NED), subsidiaria del Departamento de Estado y la CIA.
Para nadie es un secreto que como parte de la aplicación del
Carril II de la Ley Torricelli, desde la década de los noventa y en
momentos en que se recrudecía el periodo especial, esa sede
diplomática sirvió de "gestora" de la llamada prensa independiente,
así como de los principales cabecillas de los denominados
"disidentes", a los cuales paga como se paga a los traidores y
mercenarios.
En el 2003 el Gobierno cubano denunció ante la opinión pública
mundial cómo la Casa Blanca reclutaba a sus mercenarios locales. Uno
de los agentes, infiltrado en la red de la contrarrevolución, el
fallecido colega Néstor Baguer, refirió la "motivación" de los
"periodistas independientes":
"Primero, la visa que les daban inmediatamente. Bastaba con un
mes que estuviera la gente escribiendo y se iba para EE.UU. en el
primer avión. Se ahorraban la cola, los disgustos y la humillación
en la Sección de Intereses. Segundo, el pago (... ) solo por inflar
globos".
Como mercenarios de fila tienen la misión de transmitir con
"plena libertad" la realidad cubana, lo que equivale a distorsionar,
manipular, difamar... en correspondencia con una estrategia de los
gobiernos de Estados Unidos —y que suscribe la SIP—, que persigue la
añorada "transición" al capitalismo.
Tal proceder, más parecido al de un Departamento (ministerio) de
las administraciones norteamericanas, que al de una organización de
profesionales al servicio de la verdad, ha llevado a la SIP a
establecer que en la actualidad la principal barrera para el
ejercicio de la profesión en América Latina son los procesos que se
oponen a los designios de Washington.
Hugo
Chávez y Rafael Correa, líderes de dos procesos que están en el
colimador de la SIP.
Las acusaciones a la Revolución bolivariana y al presidente Hugo
Chávez son virulentas. Jesse Chacón, ministro de Comunicación e
Información del país sudamericano alertaba, a propósito de la
reunión de Paraguay, que no deben extrañar los informes que presente
la SIP sobre cualquier gobierno progresista que surja en la región
"que no esté en la línea de lo que decide el sindicato de dueños de
medios".
Recuérdese el burdo y decisivo rol que desempeñaron los medios de
comunicación en la planificación, preparación y ejecución del golpe
contra Chávez en abril del 2002. Durante los días que precedieron a
la fracasada intentona operaron como verdaderos puestos de mando de
los conspiradores, así Venevisión, RCTV, Globovisión y Televen
sustituyeron la programación habitual con incesantes discursos
contra el líder bolivariano, solo interrumpidos por comerciales que
llamaban a los televidentes a salir a las calles.
Los principales órganos de prensa al servicio de la oligarquía
actuaron como si fuesen un partido opositor que incitó y
prácticamente dirigió la asonada. La flamante Sociedad
Interamericana de Prensa no condenó el hecho, sería censurar su
propio proceder.
No es casual tampoco que a la "lista negra" de la SIP se sumen,
además, los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua y
Argentina.
Ante tanto descrédito y falsedad, el mandatario ecuatoriano,
Rafael Correa, cuestionó la legitimidad de esa agrupación para
juzgar la libertad de prensa en su país. "¿Qué calidad moral tiene
la Sociedad Interamericana de Prensa, la asociación de los dueños de
periódicos, quién les ha dado alguna autoridad?", dijo.
La cita de Asunción dejó el sabor de más de lo mismo. Esa especie
de "secretaría" de Washington volvió a emitir su batería de
resoluciones contra los gobiernos "totalitarios y dictatoriales" e
ignoró flagrantemente, no por pura coincidencia, la condena a
Estados Unidos, cuya administración lideró en marzo del 2003 la
invasión y posterior ocupación de Iraq donde, desde esa fecha, han
muerto mucho más periodistas que todos los reporteros fallecidos
durante la Segunda Guerra Mundial y en la cobertura de la guerra de
Vietnam.
Tampoco cuestionó las numerosas acusaciones de organizaciones
civiles estadounidenses por las famosas escuchas ilegales aprobadas
en tiempos de George W. Bush contra los ciudadanos de EE.UU.,
incluidos los propios medios de comunicación de ese país, en
ocasiones duramente presionados para que revelaran las fuentes de
algunos de sus casos más sonados dentro del panorama político
interno.
Sobre esas cuestiones la SIP hace mutis porque es una mirada que
molesta al poderoso amo.