Todo
se hallaba listo para que el maestro volviera a estar entre
nosotros. La repentina muerte el pasado 11 de enero lo impidió. No
obstante, su obra campea en un sitial de honor de la Décima Bienal
de La Habana. En la planta alta del Centro de Arte Contemporáneo
Wifredo Lam, a la vera de la Plaza de la Catedral, ocupa un espacio
prominente. Nadie puede permanecer impasible ante la agudeza, la
inteligencia y la precisa codificación de signos del japonés Shigeo
Fukuda.
Desde el diseño gráfico, Fukuda creó imágenes cuestionadoras e
incisivas, como las que se hallan desplegadas en la exposición
Inquietud lúdica, una de las principales de la agenda de la
Bienal habanera. Con un admirable poder de síntesis y un sexto
sentido para la subversión formal —esa visión para saltar
convenciones y darle un nuevo sentido a símbolos recurrentes— fue
concibiendo un repertorio de propuestas que trascendieron tanto los
reclamos publicitarios como las urgencias coyunturales.
Su juego constante entre luces y sombras, figuras y
contrafiguras, lo hizo ser calificado como un maestro de la ilusión
óptica. Sin embargo, su arte estuvo signado por una comprensión del
espíritu humano y una disposición de servicio a nobles causas. Es
decir, no se valió del ingenio para la satisfacción personal o el
simple malabarismo intelectual.
La Habana se convirtió en la primera ciudad del mundo fuera de
Japón en rendir homenaje póstumo a Shigeo Fukuda, quien compartió
los ideales artísticos y sociales con sus colegas cubanos cuando nos
visitó en ocasión del Congreso Internacional ICOGRADA.