Velar por las flores ubicadas en pabellones, muy sufridas durante
los embates de los huracanes Ike y Gustav, es propósito de los
científicos del Jardín Botánico de Soroa, en Pinar del Río, el mayor
de Cuba especializado en orquídeas.
Aunque la colección principal pudo sobrevivir durante las batidas
de esos fenómenos meteorológicos, los ejemplares resguardados en
esos recintos perdieron las finas mantas de su cubierta y estuvieron
varias jornadas desprotegidos, si bien se trató de llevarlas a
lugares seguros antes del segundo huracán.
El Doctor en Ciencias Ernesto Mujica aseguró la puesta a salvo de
unas 400 especies catalogadas patrimonio principal del recinto, la
totalidad de ellas amparadas en umbráculos, aunque se perdió casi el
60 por ciento de los especímenes en desarrollo adheridas en
poblaciones de plantas de alto valor, aseveró.
Refirió entre las pérdidas, la de cerca de 15 variedades cubanas,
en tanto es alentador que ya están localizados los sitios de la
nación desde donde trasladar a Soroa las plántulas, muchas de ellas
desde áreas en la propia provincia de Pinar del Río, caracterizada
por su diversidad en orquídeas.
Una suerte distinta tuvo la palma corcho -considerada un fósil
viviente pues data del período jurásico- la cual resistió los
huracanes, particularmente intensos en esa parte de las montañas,
ubicadas en el entorno limítrofe de la Reserva de Biosfera Sierra
del Rosario con áreas menos afectadas.
En tanto, la casa de arquitectura colonial, edificada por el
abogado Tomás Felipe Camacho, antiguo dueño del lugar, del mismo
modo devastada en su cubierta y otras estructuras, es reconstruida
con agilidad mediante el apoyo al colectivo del jardín de
estudiantes universitarios y de la Escuela Internacional de Cine.
Devolver la belleza al emblemático Orquideario, construido en
1943, es objetivo en el cual se avanza y para lograrlo se sanea
rápidamente el arbolado y se aplican los avances científicos como
reproducción in vitro, en coordinación con el resto del sistema de
jardines botánicos cubanos.
Tal empeño y la supervivencia demostrada por no pocas especies
atractivas pueden ser observadas en el vergel, situado a menos de
media hora de viaje hacia el oeste de la capital cubana y muy cerca
de la Villa Soroa, con un atractivo salto de agua que se precipita
desde una altura de más de 22 metros.