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La declaración del estado de conmoción interior por 90 días,
decretado anoche por el presidente Álvaro Uribe, despierta hoy aquí
numerosas reacciones en medios políticos y sociales.
La extrema medida fue aplicada, según el gobierno, para conjurar
un paro del sector judicial, que hoy cumple 37 días y que ha puesto
en serias dificultades el funcionamiento de la justicia en el país.
Fabio Hernández, presidente de la Asociación de Empleados de la
Rama Judicial (ASONAL) que encabeza la prolongada huelga, consideró
que decretar la conmoción interior no tiene soporte jurídico y
constitucional.
Dijo que la carta magna establece claramente las condiciones
sobre las cuales puede decretarse la conmoción interior y que el
paro judicial no tiene esas implicaciones para el país.
Asimismo anunció que este viernes la directiva nacional del
sindicato se pronunciará sobre la postura a seguir ante el decreto.
En tanto, el vicepresidente del Consejo de Estado, Rafael Lafont,
consideró prematura la medida y dijo que hubiera sido mejor esperar
un poco más, antes de tomar una determinación tan trascendental.
Opinó que lo aconsejable hubiera sido un acuerdo entre las partes
para solucionar el conflicto laboral.
Las principales centrales sindicales del país rechazaron la
decisión del gobierno, por considerar que es un problema laboral al
que se le debe dar otra salida.
Julio Gómez Ezquerra, secretario de la Confederación General del
Trabajo (CGT), aseguró que esta situación sólo polarizará más los
conflictos laborales en el país.
Reveló que antes de ser aplicado el decreto, la dirigencia
sindical le envió una comunicación al presidente Uribe, para
solicitar una reunión extraordinaria de la Comisión de Políticas
Salariales y Laborales, convocada para el 15 de octubre y resolver
los conflictos laborales.
Por su parte, el vicepresidente de la Central Unitaria de
Trabajadores (CUT), Fabio Arias, calificó de equivocada la decisión,
porque radicalizará a los trabajadores de la justicia.
Aseguró que en vez de buscar la concertación el gobierno acude a
métodos dictatoriales y autoritarios, para resolver un asunto que
tenía solución desde hace un año.