Dos años después de ofrecer tales declaraciones al semanario
Guerrillero, Luis Giraldo Casanova acaba de aceptar las riendas de
la selección de Pinar del Río, que Jorge Fuentes deja vacante por
problemas de salud.
Sobre la grama del estadio Capitán San Luis, cuartel general del
equipo verde, donde la preselección de 48 jugadores se prepara para
la Serie Nacional, la conversación con "el Señor Pelotero" no puede
eludir aquella opinión.
¿Has cambiado de idea?
"No, pero me han dado esta responsabilidad y pondré todo mi
empeño para quedar bien."
Ha sido una decisión valiente. El segundo lugar alcanzado por
Pinar del Río en la última Serie, entraña un difícil compromiso con
la afición. "Es un reto que tengo, pero los muchachos están
entusiasmados. Pienso que podemos hacer un buen papel".
Para emitir un pronóstico, considera que aún es temprano.
"Nuestra meta es salir por la victoria en cada partido. Ir ganando
juegos, uno a uno. Al final los sumaremos para ver a cuántos
llegamos".
Muy cerca, avanza el entrenamiento. Casanova no pierde un
detalle, imparte las orientaciones, observa, anota. Hace 17 años que
se retiró del deporte activo, pero su presencia en el terreno sigue
generando admiración y respeto. Todo el que se le acerca lo llama
"capitán".
"Estamos poniendo énfasis en la velocidad. Contamos con un grupo
de muchachos rápidos y queremos utilizar esa arma en función de la
ofensiva, porque no tenemos jonroneros, excepto Peraza", explica.
Aunque se asegura que cada manager perfila su propio estilo, el
hecho de haber jugado bajo las órdenes de grandes directores,
constituye una influencia inevitable.
¿A cuál de ellos quisieras parecerte?
"A Pineda, por la familiaridad que lograba entre los atletas, y
al mismo tiempo la disciplina. Que ambas cosas marchen a la par es
fundamental."
Contrario a lo que muchos piensan, esta no será su primera
experiencia al frente de una selección de béisbol. "En Italia dirigí
un equipo que llegó a discutir el campeonato, por esa razón tuve que
permanecer allí más tiempo que el resto de nuestros técnicos. A lo
largo de mi carrera recibí muchas ofertas para abandonar el país. En
Canadá, en 1985, me entregaron un cheque en blanco, pero yo no
soportaría vivir lejos de mi familia ni de mi tierra".
La conversación recorre su labor como entrenador en Japón,
Panamá, Nicaragua, para derivar inevitablemente en aquella época en
que llegó a ser un ídolo de muchos aficionados al béisbol.
Entre los recuerdos, aparecen la triple corona de bateo en
Edmonton (1981), los dos jonrones frente a Estados Unidos en la
final de los Panamericanos de Indianápolis (1987), el temible dúo
ofensivo que formó junto con Omar Linares¼
"Desde que ‘el niño’ pasó al equipo de mayores siempre anduvo
conmigo. Cuando en el exterior desistieron de tratar de comprarme,
empezaron a hacerle ofertas a él; pero no sabían que Omar era como
mi hijo. Hasta hoy lo considero así."
Sin embargo, en la próxima temporada, ambos atletas, que
compartieron penas y glorias en los equipos de Vueltabajo y en la
selección nacional, defenderán los colores de dos clásicos rivales:
Pinar del Río e Industriales.
"Nos tocó esa responsabilidad y tenemos que hacerlo lo mejor
posible. Fuera del terreno seguimos siendo los mismos."
Dicen que a pesar de ser un pelotero excepcional, nunca fuiste un
ejemplo de dedicación a los entrenamientos...
"No es verdad. Siempre he tenido el criterio de que la base de un
campeonato es el entrenamiento, por eso los tomaba muy en serio.
Después que arrancaban los juegos, bajaba las cargas, pero tenía la
base anterior."
A pesar de su extenso palmarés (seis Campeonatos Mundiales, seis
Copas Intercontinentales, dos Juegos Panamericanos y dos
Centroamericanos), asegura que no hay trofeo más valioso que el
cariño del pueblo. Por ello aguarda con expectativa su reencuentro
con el público que tantas veces abarrotó el estadio para verlo
jugar. "Espero que me sigan dando su apoyo", dice.
Termina la entrevista y Luis Giraldo Casanova continúa la
preparación de su equipo. En la espalda lleva el número 14. Tras su
retiro, en 1991, por un reclamo popular se acordó que ningún otro
jugador de Pinar del Río usaría ese número, como si siempre se
hubiera sabido que el Señor Pelotero regresaría.