Nobel de Literatura 2008

JMG Le Clezio: ¿una búsqueda imposible?

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Jean-Marie Gustave Le Clezio se convirtió ayer en el décimo cuarto escritor francés en conseguir el Premio Nobel de Literatura. Las cábalas esta vez no se equivocaron. El secretario de la Academia Sueca había dicho en las vísperas que Europa seguía siendo el centro del mundo literario, mientras criticó acerbamente a los escritores norteamericanos contemporáneos, entre los cuales, al menos, un cuarteto (Philip Roth, John Updike, Joyce Carol Oates y Don DeLillo) sonaban para el Premio.

Foto: APEl oficio de JMG Le Clezio se halla fuera de toda duda. Dentro de su abundante producción —más de 30 libros— ha sabido mantenerse en la cresta de la ola, aun cuando su estilo ha acusado una perceptible variación. De la prosa cerebral y punzante de El atestado, su primera novela, que le valió a los 23 años de edad el codiciado Premio Renaudot, a la indagación autorreferencial y sensiblemente humanista de El africano (2004), el escritor se ha hecho de un espacio muy particular en las letras francesas: el público lector sigue con avidez sus novedades literarias y la crítica suele arroparlo.

Pocas horas después de conocer la noticia, JMG declaró a la prensa parisina: "Escribir no es solo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo. Cuando estás en la posición del escritor se percibe mejor el ruido del mundo, vas al encuentro del mundo".

Esas palabras dan crédito de su itinerario personal. Viajero impenitente, el propio novelista ha explicado cómo una estancia suya en una comunidad aborigen panameña hacia los años 70 le cambió la vida. Una buena parte de los textos de JMG se desarrollan fuera de Francia. Esto evidentemente entusiasmó al secretario de la Academia Sueca, quien luego de proclamar las razones del Comité del Premio, añadió de su cosecha: "La forma de Le Clezio de viajar también es típica de los europeos cuando se identifican con culturas exóticas y las describen intensamente. El europeo siempre quiere convertirse en el hombre universal".

Pobre e inexacta defensa. Aunque si se prescinde de la insolencia eurocéntrica de Engdahl, pudiera convenirse en que algunas obras de JMG pecan de esa mirada perdonavidas y nostálgica con que no pocos escritores europeos se han acercado a lo que para ellos es la periferia. Bastaría repasar Las profecías del Chilan Balam o La conquista divina de Michoacán —como alguna vez lo hizo el redactor de esta nota— para darse cuenta cómo detrás de una prosa fulgurante anidan los tópicos de una nostalgia panglossiana.

Sin embargo quien esto escribe se reconcilió con la fama de JMG al leer Desierto y El africano. Con la primera, que data de 1980, dibujó una criatura inolvidable: la joven marroquí Lalla, en el contexto de una narración anticolonial; con la segunda viajó a sus orígenes a partir de la memoria del padre que ejerció la Medicina en Nigeria.

En medio del consenso aprobatorio que generó ayer la proclamación del Nobel —en México, por ejemplo, al margen de los reparos antedichos, una voz autorizada como la del académico Adolfo Castañón exclamó eufórico que el escritor francés había contribuido "al enriquecimiento de la idea de nuestro país"—, desde Chile se escuchó una voz disidente, la del crítico Camilo Marks: "Es una lata (... ) A este señor (Le Clezio) lo van a olvidar, olvidar, en dos años más", apostrofó.

Más allá del exabrupto —combinado con la búsqueda a toda costa de notoriedad—, el chileno tal vez haya pensado en ciertos apolillados autores franceses merecedores en su día del Nobel. ¿Quién se acuerda hoy de quien, por cierto, ganó el primer galardón, Sully Proudhomme? ¿O de Frederic Mistral? ¿O de Roger Mantin Du Gard? No se puede asegurar que Le Clezio alcance con los años la jerarquía de laureados como Romain Rolland, Albert Camus o Saint John Perse, pero hay que concederle tiempo al tiempo a un autor que ha dicho: "El novelista no es un filósofo ni un técnico del lenguaje sino alguien que cuestiona el mundo con sus ficciones, alguien que plantea interrogantes".

 

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