El ojo de tirar no tiene nada

Un héroe de Cangamba, cuenta su historia y habla de Kangamba

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

Cangamba. Sudeste de Angola, provincia de Moxico. Amanecer del 2 de agosto de 1983. Se desata el vendaval. La muerte viene de la metralla de la contrarrevolución apoyada por oficiales sudafricanos.

Foto: OrtelioChambita (derecha) e Idalberto Domingo Rodríguez, otro héroe de Cangamba, observan la pantalla durante la proyección del filme.

Kangamba. Noroeste de la provincia de Ciego de Ávila. Atardecer del 2 de octubre del 2008. Chambas. Cine Maisinicú. La muerte pierde su batalla. La vida anida en el alma de Jorge Luis Hernández Márquez, el soldado niño, todo hombre, que llegó a aquel paraje angolano a pelear a lo Maceo contra la UNITA.

"No me considero un hombre guapo, tampoco cobarde", dice con el arma de la modestia en ristre, momentos después de presenciar la première de la pe-lícula Kangamba, un filme que caló hondo en sus sentimientos y que, en su opinión, debió llegar más temprano, como homenaje del arte a los miles de hombres que defendieron una causa justa en aquella gesta, y como enseñanza para las nuevas generaciones que hoy ocupan otras trincheras de combate.

VERDE OLIVOFoto histórica de una de las caravanas que emprendieron viaje hacia Cangamba para apoyar a los combatientes sitiados.

"Detalles aparte, es una película con buenos actores. Lo que más me llamó la atención fue el escenario, casi exacto al Cangamba real. Los quimbos, la iglesia, las construcciones, la vida¼ Desde luego, es una película. La atmósfera cruel y desgarradora de la guerra, lo vivido allí, es bien difícil de reflejar en 100 minutos, pero la película conmueve.

"Chambita nació en Cangamba. Soy más bien bajito y era muy flaco. ¿De dónde eres?, me preguntaron. Como soy de Chambas, ya usted sabe, ahí mismo me bautizaron. Mis amigos en Cuba me decían El Pulla. Después de aquella batalla me convertí en Chambita, para satisfacción y honor.

"Lo que se refleja del médico, es así. Un morterazo le acaba con la pierna y, con ella inmovilizada, nos atendía a varios compañeros. Yo también estaba herido en el refugio. Después, otro proyectil lo mata a él y a tres combatientes. Me salvo porque unos sacos llenos de no sé qué me protegieron.

"El helicóptero vino a llevarse a los heridos. No pude irme. Fallé en los dos intentos de agarrar la escalerilla. Desistí. Lo iban a tumbar y me iban a matar tratando de subir. Me dije para mis adentros: si voy a morir, que sea faja’o.

"Estuve dos veces en las llanuras camagüeyanas durante la filmación de la película. Rogelio París, el director, me mandó a buscar para que aportara algo de mis vivencias, hasta volví a vestirme con el uniforme de las FAPLA."

—¿Y por qué lo mandan a buscar?

—Yo soy el joven que pierde el ojo. Aunque en el filme el físico del personaje no se parece al mío, el diálogo fue casi exacto al de aquellos momentos.

"No importa que en la escena del refugio me hayan dicho Tunas. Yo sé que ese es Chambita, como pudo ser cualquiera de mis otros hermanos que allí lucharon como tigres acorralados.

"Un francotirador de la UNITA, igual al de la película, me dio el balazo desde la iglesia. Es verdad que cuando el sanitario —José Sal se llama— termina de curarme, yo intento regresar al combate. Un tirito más que aportara, era una ayuda para mis compañeros de armas. Por eso es que le digo a Joseíto: el ojo de tirar no tiene nada, el de guiñar ya está guiña’o."

 

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