Hace
136 años, el 2 de octubre de 1872, según la imaginación de Julio
Verne, el flemático británico Phileas Fogg, acompañado de su criado,
el francés Passepartout, inició un viaje para ganar una apuesta
donde arriesgaba la mitad de su fortuna, que lo obligaba a dar la
vuelta al mundo en 80 días. Todos los que han leído al creador de la
literatura de ciencia-ficción, conocen que Fogg ganó la apuesta
después de innumerables aventuras y vicisitudes.
No ha sido así con la apuesta de los portaestandartes del
capitalismo y los seguidores del libre mercado y la libre empresa,
que se han jugado la fortuna y el bienestar del mundo ante el altar
de la codicia. No ya 80 días, ni siquiera 80 horas hubo que esperar
para que la crisis financiera diera la vuelta al mundo y se
convirtiera en una debacle económica global.
El plan de rescate aprobado por el Congreso, no surtió efectos
positivos en las economías de Estados Unidos y mundial. Por el
contrario, los problemas se multiplicaron. En lo que va de octubre,
el valor de mercado de las acciones ha sufrido una pérdida de 2,2
millones de millones de dólares (trillones en inglés y billones en
español). La Junta de la Reserva Federal (banco central de Estados
Unidos) anunció un plan adicional de invertir 900 000 millones de
dólares en la compra de deudas comerciales de las empresas para
ayudar a destrabar el flujo de créditos necesarios para el
funcionamiento diario de los negocios.
El mismo día 7 de octubre, cuando la Reserva Federal anunció su
nuevo plan, la bolsa de valores de Nueva York sufrió una nueva caída
por quinta jornada consecutiva, bajando el índice Dow Jones a la
cota de 9,447,11 puntos. También bajaron el S&P 500 (la mayor baja
desde 1987) y el Nasdaq Composite. Ahora se habla de dificultades
que están confrontando las entidades bancarias Bank of America y el
Morgan Stanley.
La situación ha obligado a la Reserva Federal a tomar una medida
de emergencia, con tres semanas de antelación a su reunión
ordinaria, de reducir en un 0,5% la tasa de interés que cobra a los
bancos. Esta medida fue acompañada por decisiones similares de
reducir la tasa de interés en 0,5% por el Bank of England y el Banco
Central Europeo, así como de los bancos centrales de China, Canadá,
Suecia y Suiza, con una declaración de fuerte apoyo por el Banco de
Japón. Al igual que con medidas anteriores, poco sirvió esta para
dar seguridad a las bolsas de valores. El índice Dow Jones descendió
150 puntos. En Alemania, Gran Bretaña y Francia se experimentaron
bajas entre 4% y 5%.
Las cifras del dinero invertido en los rescates, tanto en Estados
Unidos como en Europa, alcanzan cifras astronómicas. Tanto que ya
hay que ir pensando en emplear la notación científica para expresar
los montos totales involucrados.
Pero aunque los dirigentes de las instituciones económicas
norteamericanas, particularmente el presidente Bush, el Departamento
de Tesoro y la Junta de Reserva Federal, y muchos comentaristas
norteamericanos, intentan presentar el problema como una crisis de
confianza y sicológica por parte de los empresarios, lo cierto es
que desde hace más de un año existían fuertes señales de que la
situación económica del país empeoraba.
Hoy los datos demuestran que es en la llamada economía real donde
se producen los efectos más serios: desempleo, reducción de
salarios, pérdida de valor de las jubilaciones y las viviendas,
reducción del consumo.
De lo que no hay dudas es que la crisis económica en Estados
Unidos (reconocida en las más altas esferas de gobierno y
empresariales) ha empequeñecido el relieve de la contienda electoral
presidencial, a poco más de tres semanas de la votación del 4 de
noviembre.
El segundo debate presidencial, celebrado el 7 de octubre en la
Belmont University de Nashville, Tennessee, tuvo, al igual que el
debate vicepresidencial que lo precedió, poco impacto en términos de
modificar el curso electoral, que en estos momentos favorece a las
aspiraciones de Obama.
Una encuesta de CBS sobre el resultado del debate da como ganador
a Obama con un 40%, mientras el 26% se inclina por McCain y un 36%
lo considera empate. El sondeo de CNN arroja que el 54% opina que
Obama fue el vencedor, mientras que el 30% favorece a McCain. La
única buena noticia para McCain es que el 83% de los que
respondieron a CBS, piensa que el republicano es el más preparado
para ser presidente.
Los comentaristas del New York Times, del Wall Street Journal, de
Los Angeles Times y del Washington Post consideran igualmente que
Obama tuvo mejor desempeño.
A pesar de que las preguntas se concentraron en tratar de conocer
la opinión de los candidatos acerca del futuro económico del país,
ninguno de los dos aportó ideas nuevas, fuera de las manidas
respuestas ofrecidas durante la campaña. McCain se concentró en
presentar a Obama como un favorecedor de los gastos fiscales y de
incrementar los impuestos y a él mismo como el idóneo para trabajar
en un plano bipartidista. Por su parte, Obama culpó a McCain de
seguir las políticas de Bush y de promover la desregulación y los
déficits fiscales.
En cuanto a la política exterior, se abordaron los consabidos
temas de Iraq, Iran, Afganistán, entre otros, sin nada nuevo dicho
por los candidatos.
Si fue de notar que McCain, a pesar de los contrapuntos y de las
alusiones personales, evadiera repetir los ataques personales contra
Obama lanzados recientemente por la candidata vicepresidencial
republicana, Sarah Palin, a la cual ni siquiera mencionó en sus
intervenciones.
La opinión prevaleciente entre los comentaristas es que el debate
resultó aburrido y encartonado. En este sentido, McCain perdió la
penúltima oportunidad que tenía en un evento nacional para dar un
giro a su favor a la campaña electoral. Ahora solamente tiene una
última ocasión en el ámbito nacional: el tercer y último debate que
se celebrará el 15 de octubre y que se concentrará precisamente en
el tema de la política económica y doméstica, que McCain ha
reconocido no son sus fuertes.
En las pocas semanas que restan de campaña, los candidatos
deberán concentrar sus esfuerzos en los estados en disputa, porque
es en ellos donde se decidirá quién será el nuevo presidente de
Estados Unidos. En la mayor parte, Obama lleva ventaja y, en
realidad, el campo de batalla se ha reducido a seis estados.
RealClearPolitics estima que en estos momentos Obama tiene
asegurados 264 votos electorales, de ellos 206 sólidamente a su
favor y 58 que se inclinan fuertemente por su candidatura. El The
New York Times le adjudica a Obama 260 votos electorales, 189
sólidos y 71 con fuerte inclinación. A McCain, RealClearPolitics le
otorga 163 votos electorales, 143 sólidos y 20 con fuerte
inclinación. Y el influyente rotativo opina que el candidato
republicano tiene 200 votos electorales, de ellos 160 sólidos y 40
con fuerte inclinación. Según estos cálculos, Obama necesitaría
entre seis y diez votos electorales adicionales para elegirse
presidente.
Tal como se encuentran las campañas en los estados claves en
estos momentos, los demócratas han logrado mantener las posiciones
conquistadas en las elecciones del 2004 y la lucha se está llevando
a cabo en territorios que han sido dominados por los republicanos en
las últimas elecciones: Florida, Virginia, Ohio, Nevada, North
Carolina e Indiana.
En los cuatro primeros, los estimados del The New York Times y de
RealClearPolitics le dan ventaja no decisiva a Obama. En North
Carolina, ambas instituciones consideran que puede decidirse por
cualquiera, aunque el periódico estima que hay algo de inclinación
hacia McCain, mientras que con relación a Indiana, ambos analizan
que hay una mínima ventaja para el republicano. Se puede agregar a
esta lista, el estado de Missouri, donde la disputa es tan cerrada
que no es posible indicar algún favorito.
El resto de los territorios son ya considerados sólidamente o con
fuerte inclinación a favor de uno u otro candidato. Esto significa
que Obama podría ganar todos los estados que ganó Kerry en el 2004 y
adjudicarse otros ganados por Bush, como Colorado, Nuevo México y
Iowa, lo cual le daría la victoria en noviembre. Por su parte, para
ganar McCain tendría que impedir la victoria de Obama en algunos de
los tres estados antes mencionados, así como Ohio, Virginia, North
Carolina, Florida, Indiana y Nevada.
En el plano de los pronósticos, se habla incluso de una
combinación en la que ambos candidatos alcancen 269 votos
electorales, lo cual llevaría la elección del presidente a la Cámara
de Representantes, y aseguraría la victoria de Obama, dada la amplia
ventaja de los demócratas en ese cuerpo legislativo.
Para impedir esa eventualidad, la campaña de McCain ha desplazado
fuerzas hacia Maine, para tratar de ganar la votación en uno de los
dos distritos del estado, el que tiene mayor población rural,
mientras que la campaña de Obama está concentrando esfuerzos en el
distrito de Nebraska, con mayor población urbana. La razón es que
Maine y Nebraska son los dos únicos estados donde el voto electoral
se adjudica por distritos y no por el Estado en su conjunto.
* El autor es especialista en Relaciones Internacionales y fue
jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos de
septiembre de 1977 a abril de 1989.