Más de un mes ha transcurrido y todavía los cubanos buscan una
explicación al resultado de su deporte nacional en los Juegos
Olímpicos de Beijing.
Para los habitantes de esta Isla, el béisbol es vida, un suceso
que asumen como propio, un espectáculo que mueve opiniones durante
casi todo el año y tema cotidiano en hogares, calles y plazas del
país.
Sobre la actuación de nuestra selección en la cita estival se ha
escrito y debatido bastante, aunque, hasta el momento, el mentor
Antonio Pacheco no ha ofrecido sus opiniones sobre lo acontecido
allí. Sosegado y caballeroso, este palmero que la afición denomina
con justeza el Capitán de Capitanes, accedió a conversar con los
cubanos por medio de las páginas de Granma. Se hizo acompañar
por Felipe Diez Siré y Francisco Escaurido, dos de los estrategas
que le secundaron en Beijing.
¿Por dónde quieres empezar?
Comenzaré por agradecerle al periódico la oportunidad de
conversar con la afición cubana, sin medias tintas, a camisa
quitada.
¡Hasta ahora habías permanecido en silencio!
Aunque te parezca increíble así es. El país entero se convirtió
en una peña, pero nadie me vino a preguntar. Con paciencia, estaba
esperando mi momento; sabía que llegaría.
¿Cómo evalúas el resultado de Beijing?
Los juegos se ganan y se pierden en los terrenos. Las derrotas y
las victorias son variables que te acompañan donde vas. Pensar que
el béisbol es ganar y ganar, es absurdo; pero más que eso, una
ofensa a la modestia y a la calidad de los rivales. Fuimos por la
medalla de oro y no la conseguimos. Esa es una realidad con la que
viviré eternamente. Sudcorea tiene un formidable equipo. En los
Juegos Olímpicos no cedió, terminó invicto. Su base es la misma del
Primer Clásico Mundial de Béisbol. Su pitcheo es de lujo. Mereció
ser campeón.
Me colocas ante una disyuntiva, ¿perdió Cuba o ganó Sudcorea?
A veces la pasión nos ciega. Quitarle el mérito a los sudcoreanos
es una injusticia. Ellos ganaron en buena lid. El segundo lugar de
Cuba, que hasta el último momento peleó por la victoria, es un buen
resultado. Demeritarlo es indigno, poco profesional. Perdimos 2-3,
en el noveno inning de la gran final. Cuántos países —con excelentes
equipos— hubiesen añorado esa posición y terminar de líderes en
bateo con 300 de average; en jits, con 72; jonrones, 7; anotadas,
52; empujadas, 49 y los terceros que menos se poncharon (46),
después de Sudcorea (43) y Japón (45). Nuestro desempeño fue
extraordinario; Sudcorea: la mejor selección.
Mucho se ha fustigado a la dirección del equipo por algunas
ausencias, por los que no debieron "cortar". ¿Qué opinas tú?
Que no te quede la menor duda, en Cuba hay miles de mentores de
gradas, que casi siempre olvidan un detalle: los argumentos que
avalan la decisión de un colectivo de entrenadores. Desde el primer
momento expliqué a los preseleccionados que respetábamos la historia
de los atletas; pero los deportistas no viven de historias. Que en
la selección nacional no había puesto seguro para nadie.
Se les dijo la verdad con total transparencia. En cada corte se
reunió al atleta con el entrenador de su área para explicarle las
razones técnicas por las que quedaba fuera. Nadie se retiró del
entrenamiento sin recibir el argumento de la decisión. A China
fueron los que tenían que ir.
Cambiaron jugadores, cortaron, pero persistieron los problemas de
ofensiva. ¿Qué hicieron al respecto? ¿Eso no les llamó la atención?
Esa fue la mayor preocupación de nuestro banco de errores
técnicos, sobre todo porque nos enfrentaríamos a un pitcheo de
rigor, de más de 94 millas; una velocidad superior a la que vemos
como promedio en Cuba, que ronda las 85 y 87 millas. La gira nos
permitió ver ese tipo de pitcheo y en buena medida ayudó a resolver
la situación. La ofensiva tuvo prioridad en los entrenamientos. La
afición a veces ve un batazo, incluido un jonrón, pero no se percata
de que subsisten deficiencias. Sobre esos errores se concentran
nuestros rivales. A todos los sitios donde fuimos nos siguieron sus
chequeadores. De ahí la filosofía de trabajar y trabajar para
corregir las fallas.
¿Con nuestros lanzadores qué labor hicieron, por qué les estaban
bateando con facilidad, sobre todo EE.UU.?
Solicitamos la ayuda del video, algo que debe retomarse porque es
un recurso técnico insustituible. Eso nos permitió chequear los
ángulos de lanzamiento y determinar que el problema estaba en la
receptoría. Juan Castro hizo el trabajo de corrección. Había equipos
que nos bateaban avisados, ese era el caso del norteamericano.
Cuando fue necesario cambiamos las señas cada tres entradas para
desvirtuar a los contrarios. Indicamos que todo el mundo hiciera
señas para desinformar. Y parece que confundimos hasta a los
cubanos. Mira, los asiáticos chequean los gestos del mentor y los de
los integrantes del cuerpo de dirección para compararlos contra el
resultado final. Así desentrañan nuestra estrategia, y hasta la de
cada jugada. Quizás eso hizo pensar —a mentes malsanas— en problemas
de autoridad. Nuestro colectivo es unido. Todos cumplen su función.
Cada paso se colegia. Cuando suceda lo contrario estaré de más.
¿Ustedes tuvieron acceso a la información técnica sobre el resto
de los elencos?
Sí, esa información es vital para el béisbol moderno y la pudimos
ofrecer y discutir en colectivo, individualmente y por zonas de
entrenamiento. Antes de salir al terreno se repasaban los videos y
se conversaba con los atletas. Sacamos copias a estas informaciones
para que cada cual tuviera los datos de su interés. A los lanzadores
les dimos instrucciones de qué hacer, incluso, en oportunidades
dirigimos lanzamiento por lanzamiento, de acuerdo con la información
que poseíamos. Del único equipo que no tuvimos datos fue de Taipei
de China.
Si estamos desatando nudos. ¿Por qué Yosvany Peraza quedó fuera?
Peraza es un gran bateador, da unos cuantos jonrones por
temporada pero no estuvo bien en la preparación. Los otros
receptores rindieron más que él. En la gira por Sudcorea bateó de
8-1, mientras que Eriel lo hizo para 541, Pestano promedió 471 y
Meriño conectó de 14-6 con dos dobles y tres carreras impulsadas.
Todos tienen mayor velocidad en las bases y permiten superiores
opciones de juego. En un torneo de nueve partidos hay que llevar a
los más integrales. Eriel defensiva y ofensivamente es superior.
Pestano: sin comentarios, es el titular. Meriño, con 400 jits y 255
anotadas demostró ser en las últimas cuatro temporadas el máscara
más ofensivo de la pelota cubana.
¿Por qué Maya y Yulieski fueron remplazados por Lahera y Elier?
¿Qué primó para decidir los casos de Garlobo y Urrutia?
Por la misma razón. Por rendimiento. Cuando dimos los primeros 25
nombres al Comité Organizador sabíamos que el resultado de la gira
sería definitorio para los cambios, los cuales podíamos efectuar
hasta el congresillo técnico. Todos comprendieron la decisión y se
comprometieron a prepararse mejor para el próximo Clásico Mundial de
Béisbol.
En Cuba nadie tiene duda sobre la calidad ofensiva de Urrutia. Es
nuestro multicampeón de bateo. Sin embargo, se nos acercó para
manifestar su voluntad de no integrar el equipo, por no estar en
condiciones de continuar el rigor del entrenamiento.
Garlobo estuvo hasta el último momento en la nómina. El argumento
de llevar otro pitcher fue superior.
Hay una realidad embarazosa, Duvergel no rindió lo que se
esperaba.
¿Por qué no fue llevado al banco?
Ese era nuestro primer cambio. Adoptamos la decisión, hicimos los
arreglos pertinentes, pero no pudo ser. Lo suspendimos una hora
antes de entregar el róster a las autoridades olímpicas.
Urgellés era nuestra variable y manifestó dolores en la muñeca
que se había lesionado como emergente en el juego contra Estados
Unidos, luego de un roletazo que fue out. En ese, y otros momentos,
analizamos a todos los atletas que no estaban rindiendo para hacer
los cambios que ustedes vieron.
Ahora bien, ¿sentar al cuarto bate no fue temerario?
Hablar de Alexander Malleta resulta difícil. Es el atleta más
disciplinado y cortés que he visto en un terreno de béisbol. Lo
admiro muchísimo. Tenía cifradas en él grandes esperanzas.
Fue la decisión más pensada del torneo; no tuvimos otra
alternativa. Había entrenado bien. Trabajamos con él de forma
diferenciada, pero no se logró el resultado esperado. Lo mantuvimos
hasta el sexto juego, momento en el que su desempeño ofensivo y
defensivo estaba en franco declive. De los regulares fue el que
menos bateó, para un promedio de 167.
Este no es ni el primero, ni el único, ni el más sonado de los
cambios de un cuarto bate. Recuerdo que en Edmonton, Canadá,
sentaron a Orestes Kindelán, el mayor jonronero de la pelota cubana,
y en el Mundial de 1984 trajeron de emergente a Lázaro Junco por el
Gigante del Escambray, Antonio Muñoz.
Comentan que hacer ese y otros cambios en la alineación regular
fue de lo precipitado a lo irreflexivo. ¿Cuál es tú criterio?
Es de mal gusto escuchar criterios tergiversados y sin
fundamento. A partir de ese momento el equipo se soltó a batear. En
los últimos tres juegos computamos 39 jits y 29 carreras. Puede
alegarse que uno fue China, pero a ese nadie le conectó 20 jits.
Incluso, Sudcorea le ganó en extrainning y por una carrera.
A EE.UU. le hilvanamos 14 imparables con un pitcheo de 98 y 96
millas de velocidad. En la discusión del oro bateamos más
indiscutibles que Sudcorea.
Fue justamente ahí donde sobrevino la decisión más polémica:
Héctor Olivera a primera base. ¿Por qué no Eriel?
Nunca la dirección del equipo declaró que Eriel jugaría en
primera. Desde el momento inicial era Olivera, que se había
desempeñado en todas las posiciones, incluida la primera
almohadilla. Para un jugador de cuadro es más factible desenvolverse
en esa base. Olivera lo hizo excelente, tanto ofensiva como
defensivamente. En el bateo terminó con 353 y al campo logró jugadas
propias de inicialistas de experiencia y que en la actualidad apenas
se ven, como la de salir a buscar una conexión con poca fuerza, que
es corta para la segunda base, pero larga para la primera. Varios
mentores y expertos de la IBAF lo elogiaron. Recuerda que el jit del
noveno capítulo —por la discusión del oro— lo conecto él. Su
inclusión fue altamente positiva para el equipo.
El cacareado "guante" también tiene una explicación. No teníamos
una guantilla derecha para la primera base. Pongamos los pies en la
tierra, la selección nacional no está ajena a las carencias. Aclaro
que esta tampoco es la primera vez que se cambia al inicialista.
Recuerdo que en la Olimpiada de Atlanta se llevaron dos, Antonio
Scull y Orestes Kindelán, sin embargo, el que jugó primera fue
Lázaro Vargas, y por cierto lo hizo bien.
Vamos al noveno inning y al famoso doble play. ¿Pensaste en hacer
cambio de Yulieski Gourriel frente al submarino?
En lo absoluto. Qué mentor sentaría al mejor bateador de la
pelota cubana durante el último ciclo olímpico. En este cuatrienio
Yulieski Gourriel fue líder en jits (474), impulsadas (304),
anotadas (317), segundo en jonrones (81) y quinto en slugging, con
559. En sus 40 comparecencias durante las Olimpiadas conectó 11
elevados, nueve a los jardines y dos al cuadro, además, en ningún
momento había bateado para doble play. En ese último juego tenía dos
elevados, lo que nos hacía falta. Por sus condiciones, resultados y
lo hecho en el torneo, y el propio juego, era el hombre ideal para
empatar y ganar. Malleta —el sustituto que ha manejado la afición—
en 26 turnos conectó tres elevados a los jardines, tres al cuadro y
un par de veces bateó para doble play. Con él las probabilidades
eran menores. Yulieski, en situaciones similares, demostró su
calidad.
Recuerda el cuadrangular contra Panamá en el Clásico. Dentro de
los titulares es el que mayor cantidad de jonrones acumula
internacionalmente, si mal no recuerdo son 22. Sin embargo, le salió
lo único que nunca debió ser. Cualquier variante, cualquiera, nos
servía, incluso, hasta el ponche. En ese momento todo lo tuvimos a
nuestro favor. Sicológicamente estábamos por encima, habían
expulsado al receptor coreano. Los bateadores no miran el movimiento
del pitcher, sino la mano y la pelota. Que trajeran un submarino no
nos obligaba a colocar a un bateador zurdo, quién ha dicho que una
cosa induce a la otra, que esa debía ser nuestra respuesta.
Pero, toda Cuba vio que Malleta se paró a calentar. ¿Entonces en
qué quedamos?
Claro que se paró, porque yo se lo indiqué, pero nunca para
sustituir a Yulieski, ni a Alfredo Despaigne. De un primer momento
se le dijo que, si llegaba el turno de Pestano, saldría él. La labor
de un mentor es anticiparse a la jugada, prever, y eso hicimos. Esa
decisión nos colocaba en una situación difícil. Si sentábamos a
Pestano, la variante que nos quedaba era Eriel, y estaba lesionado
en una mano. Recuerdo que el médico se fue con él y Luis Miguel para
ver las posibilidades que teníamos. Casi de inmediato Eriel regresó
y me dijo: "Profe, ya hablé con el guajiro, cuente conmigo, voy a
coger cada bola con las dos manos y con el corazón".
Cuando sobrevino el desenlace pensé en mi Patria. Yo mejor que
nadie sabía lo que representaba esa victoria olímpica para Cuba,
para Fidel y para la propia selección nacional de béisbol.
Sé cómo te sientes, pero debo cumplir mi deber. Mientras movías
los hilos del equipo, los profesionales mantenían su alineación.
¿Ellos fueron más conservadores o así se debió proceder?
Son cosas diferentes y que no estamos acostumbrados a ver. A los
peloteros rentados les pagan cifras astronómicas para jugar, no para
estar en el banco. Los regulares y sus patrocinadores están
cobrando, los contratos son muy exigentes. Ahí no siempre prima el
concepto técnico-deportivo, casi siempre los mueve el poder del
dinero y otros intereses. También la filosofía asiática del béisbol
es diferente. En más de una oportunidad ustedes han visto que ante
una racha ofensiva de los rivales, en vez de sentar al lanzador,
explota el receptor.
Algunos plantean que no debió ubicarse a Yulieski entre Alexei
Bell y Alfredo Despaigne
Lo movimos porque no estaba en plena forma, pero en el pase a la
final, contra EE.UU., le conectó bien a la bola, de 3-2, y lo hizo
dentro de esa misma alineación, en el sexto turno; lo mismo que el
tercero del segundo orden al bate.
¿No crees que se apresuraron en el cambio de algunos de nuestros
lanzadores y abridores?
Si fuese así no lo hubiéramos hecho. Norge Luis Vera, en el sexto
inning contra EE.UU., acumulaba 85 lanzamientos. Le abrieron con
línea dura, luego roletazo de jit y después un cañonazo con tremenda
fuerza sobre el que Eduardo Paret realizó doble play.
Ahí trajimos a Pedro Luis. Uno no puede pensar en el próximo
juego si no ha ganado el que te da derecho a discutir el título.
Nadie puede predecir el final de un partido. Los juegos se ganan
en el out 27, no cuando usted hace seis o más carreras, que se
pueden remontar. Luis Miguel lo hizo excelente, se ganó el derecho a
lanzar. A Norberto lo cambiamos con 83 lanzamientos, cuando su
velocidad había mermado y entraba la tanda de derechos sudcoreanos.
En todo momento tuvimos la asesoría de una de las voces más
autorizadas dentro del pitcheo mundial: la del profesor Pedro Pérez.
Hay quienes consideran que se sobreexplotó a Pedro Luis Lazo...
Yo también escuché ese criterio. En nueve juegos lanzó 14
entradas y un tercio, menos de dos por partido. Su promedio de
carreras limpias fue de 1,26. Se enfrentó a 56 hombres y le batearon
para 188. Contra Japón tiró tres entradas, frente a EE.UU. seis, y
con Sudcorea un inning y dos tercios. Permaneció inactivo en los
partidos con Canadá, Taipei de China, Holanda y China. En la
semifinal trabajó en tres episodios y por el oro sacó tres outs.
Ahora bien, te aseguro que Lazo se preparó, y tenía el coraje y las
condiciones necesarias para hacer el doble de lo que le tocó.
Algunos tuvieron la impresión de que el equipo llegó cansado a la
final
Totalmente incierto. Los muchachos entregaron el corazón para
traerle el título a su pueblo. Se prepararon como lo hacen los
grandes equipos. Lo demás es como dice la canción: Hojarasca.
¿Qué opinas de lo publicado, de los análisis realizados por la
prensa?
La prensa y los periodistas le son indispensables al movimiento
deportivo cubano. Los que reportan sobre el deporte, y en particular
sobre el peliagudo tema del béisbol, asumen la responsabilidad de
ser tan oportunos como serios en su función informativa. La
dirección del equipo no elude su responsabilidad; pero está en
desacuerdo con algunos enfoques de los periodistas, porque no
tuvieron en cuenta todos los elementos de juicio valorados por
nuestro colectivo de entrenadores.
En Cuba, los entrenadores somos como los maestros, cuya misión es
enseñar, hacer crecer.