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Superación cultural
Otra arma para el soldado
Michel Hernández
michelher@granma.cip.cu
Una guitarra y un buen amor siempre ayudan a reducir la carga de
nostalgia que asoma en los rostros de los soldados cuando el
atardecer visita las unidades militares, donde cumplen el Servicio
Militar Activo (SMA).
La
profesora Ana María Rojas prepara a los soldados de todo el
territorio.
Y desde hace apenas un año, en las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) nació un proyecto que ha lanzado a muchos de
vuelta al tiempo en que los libros y las asignaturas del
preuniversitario o del politécnico eran todavía sus únicas armas.
Una idea que les ha permitido el encuentro con una parte de ellos
mismos, quizás olvidada por el rigor constante de la preparación
militar, las alarmas de combate y las guardias que obligan a afilar
los ojos para descifrar hasta el más mínimo susurro de la noche.
Cuando los sargentos instructores de una unidad militar de la
Logística de las FAR estremecen el dormitorio con un enérgico ¡de
pie, de pie! anunciador de la llegada del sábado, los soldados
alistan sus libros, lápices y libretas para dirigirse a las aulas
donde reciben dos veces al mes un plan de clases en función de la
carrera que estudiarán en la Universidad.
Los soldados
participan con interés en cada clase.
El programa de superación cultural, propuesto por el General de
Ejército Raúl Castro Ruz, se aplica desde el año 2007. Tiene la
intención de que los jóvenes que entran al SMA con una carrera
universitaria u opten por ella a través de la Orden 18 del Ministro
de las FAR, se mantengan actualizados en los estudios para ingresar
en mejores condiciones a la educación superior.
LA UNIDAD CONVERTIDA EN AULA
Minutos después de alistar el cuerpo con la gimnasia matutina, de
dedicarle un pensamiento a la familia o a la novia, y de un rápido
desayuno, los soldados-estudiantes se aproximan en fila a los
salones convertidos en aulas donde aguardan los profesores de las
diferentes asignaturas, categorizados por un tribunal de la
Universidad de La Habana.
Néstor
García y Yerandi López llenan las horas del día con la preparación
militar y las expectativas por cursar estudios superiores.
"Mi familia siempre mantuvo la ilusión de que yo entrara a la
universidad y continuara estudiando para ser alguien en la vida. Por
eso esta experiencia constituye una alternativa apreciable, ya que
antes se pasaba un año sin estudiar y ahora existen mejores
condiciones para luego continuar en las distintas carreras
universitarias, expresa el soldado Néstor García. Incluso
disfrutamos de tiempo de máquina para repasar computación".
El soldado Yerandi López también llena las horas del día con la
preparación militar, los encuentros deportivos y las ansias por
ingresar a la Universidad para estudiar la Licenciatura en Ciencias
Naturales.
Ambos tienen 20 años de edad y comparten las imágenes de su
provincia natal y los deseos de encontrarse de nuevo en las calles
camagüeyanas para evocar la época en que vestían rigurosamente de
verde olivo.
PARA NO OLVIDAR LOS CONOCIMIENTOS
En una de las oficinas, el segundo jefe de la unidad, teniente
coronel Emilio Expósito Neira, escucha las noticias en la radio que
se confunden con el murmullo de la naturaleza al despertar, mientras
observa detenidamente un mural que explica todos los detalles del
proyecto.
"En la unidad se preparan soldados de todo el territorio. Para
ello se han acondicionado varias aulas, dos de ellas de computación,
equipadas con 16 máquinas cada una. Las clases no interfieren en la
preparación militar y política de los soldados. Todo lo contrario,
mejoran el servicio de guardia y las diferentes misiones que
desempeñan. Nosotros tenemos la posibilidad de incrementar la
matrícula gracias a los recursos con que contamos. El proyecto es
voluntario y cuando los soldados lo conocen enseguida quieren
participar", explica.
SÁBADO CON LOS PROFESORES
Más de cuatro décadas separan a la licenciada Ana María Rojas de
aquellos años en que subía una y otra vez el Pico Turquino como
profesora voluntaria. Pero ella no ha perdido el ímpetu que la llevó
a graduarse del Instituto Superior de Historia del Pedagógico.
Cada mañana se levanta para ofrecer clases en la sede
universitaria o en otros niveles de enseñanza. Y cuando muchos
celebran la llegada del sábado para descansar, esta profesora sale a
recorrer los cuatro kilómetros que la separan de la unidad. Por el
camino siempre reflexiona sobre cómo encontrar nuevos mecanismos de
impartir la docencia, asegura.
"Ya he impartido dos cursos en esta unidad. El programa se ha
confeccionado especialmente para los alumnos del SMA, quienes hacen
un gran esfuerzo y muestran deseos de mantener frescos los
conocimientos", comenta.
"Para mí lo más gratificante sería encontrármelos después de
mucho tiempo y que me dijeran, ¡profesora!... Aunque posiblemente ya
no los reconozca, sabré que mis días aquí no habrán sido en vano".
Son las dos de la tarde y la profesora se dispone para la segunda
sesión de clases. Un grupo de soldados entra disciplinadamente al
aula, donde se sienten futuros estudiantes universitarios. |