Festival Internacional de la Música Varadero 2008

Buen intento para pensar en el próximo

OMAR VÁZQUEZ
omar.vc@granma.cip.cu

VARADERO.— El bajo eléctrico se bambolea ante el empuje de dos manos diestras y un pie izquierdo marca sus líneas. Una voz canturrea el estribillo: Ven y muévete... Es Juan Formell quien toca y el público lo sigue. Todo sucede en la gran fiesta en que devino el cierre del Festival Varadero 2008, signado entre la música nuestra y la de África.

Foto:MARISOL RUIZ(AIN)Los Pigmeos del Congo crecieron en el escenario.

En la Plaza del Festival y ante más de 50 000 personas, el concierto lo inició Explosión Norteña, que con su peculiar timbre propiciado por el uso del acordeón, bajo eléctrico, percusión y otros instrumentos, y el obstinado de la polka norteña, "conectó" con el público por sus interpretaciones de El Rey, de José Alfredo Jiménez, Dueña de mi vida y otros números, seguidos por Buena Fe con Todos nacemos ángeles o No juegues con mi soledad.

Tras el primer número y superado un problema con el audio, los Van Van, hasta la madrugada del lunes, respondieron al fervor de un público que los reconoce y admira en toda su valía, con un atractivo programa dirigido artísticamente por Daniel Alcolea.

La República Popular del Congo, un inmenso territorio, es también grande por su cultura musical. En ella ahondó el profesor Daniel Cuxac, director general de la Organización Mundial del Entretenimiento, y otros dirigentes de la delegación de ese país convertida en atracción del Festival.

Ellos destacaron su satisfacción por encontrarse con los descendientes africanos arrancados de su tierra natal. Como parte de esta embajada cultural se presentó la banda Pigmeos del Congo, que incluye a los grupos de bailarines, cantantes, acróbatas y percusionistas Kpou Ambitir y Cofade Afouka.

Kpou Ambitir se acerca más a la rumba y otros ritmos cubanos. Cofade Afouka está más sujeto a la tradición del Congo. Pero ambos conjuntos con el atractivo escénico de sus máscaras, lanzas, instrumentos típicos, su sorprendente dominio de la percusión y la belleza de sus evoluciones coreográficas impactaron en el Festival. El domingo, en el Centro Recreativo Mediterráneo, sostuvieron un encuentro con Los Muñequitos de Matanzas, pleno de sorpresas.

El Festival regresó a la Playa Azul —más de dos décadas después del último— en otro contexto, pero adoleciendo de algunas deficiencias mayormente de producción (cambios de programas y de horarios). No obstante, hay que reconocer que ratificó la vitalidad de nuestra música y el celo demostrado por su comité organizador en aras de rescatar estos eventos.

Aunque para el próximo se debe perfilar su diseño, especialmente en cuanto a su promoción. No es suficiente un spot proyectado días antes en la televisión. Se hace necesario saber quiénes son los artistas visitantes y otros detalles al respecto. Tiempo sobra para pensar en el próximo.

 

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