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— Urge recuperar el cultivo de arroz en Myanmar para conjurar una
escasez crónica del cereal en ese país y su repercusión a escala
regional y mundial en medio de la actual amenaza de una crisis
alimentaria.
Así lo acaba de alertar la ONU, que siguiendo muy de cerca la
tendencia alcista de los precios del petróleo y los alimentos modificó
a la baja el pronóstico de crecimiento de la economía del orbe a 1,8
por ciento.
En ese ámbito el panorama en Asia no resulta alentador.
La cuenta progresiva de víctimas fatales y desamparados causados
por el ciclón Nargis en la antigua Birmania, con 38 mil 450 muertos y
27 mil 800 desaparecidos, más 2,5 millones de damnificados y el grueso
de los arrozales perdidos, pone retos nada fáciles de vencer en la
recuperación de esa nación surasiática.
Naciones Unidas, que estimó en unos 187 millones de dólares la
ayuda requerida, pidió ayer una mayor movilización de recursos y
personal para enfrentar la tragedia derivada del paso del huracán.
El área que más sufrió fue la del Delta de Irrawaddy, considerada
una de las principales zonas de la producción arrocera del mundo, que
datos oficiales cifran en cinco mil kilómetros la zona de
inundaciones.
La FAO advirtió, a su vez, que los daños del Nargis en Myanmar
pueden empeorar la situación de la producción arrocera mundial.
La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura
(FAO) calculó en un principio que la producción del grano blanco en
Asia, África y América Latina aumentaría este año un 2,3 por ciento,
para alcanzar cifras récord de 600 millones de toneladas.
Pero, el meteoro que recién arrasó extensos arrozales y destruyó
almacenes y reservas de ese grano en plena cosecha correspondiente a
la temporada de seca, puso en jaque un país que aporta el 20 por
ciento de la producción anual de arroz.
El panorama regional devino más crítico aún con el sismo de 7,8
grados en escala Richter que sacudió esta semana el sur de China,
reconocida locomotora de la economía del continente.
Su ventajosa situación económica le permite prescindir de
asistencia internacional, aunque analistas señalan que deberá acusar
el peso material y emocional de la destrucción y las decenas de miles
de vidas perdidas a causa del terremoto.
Asia está ahora enfrentada a dos catástrofes naturales en momentos
en que se parapetaba contra las actuales amenazas a la seguridad
alimentaria y el alza petrolera.
Los indicadores regionales en cuanto a potencial de alimentos ya
emergían esperanzadores.
Tailandia estima que sus exportaciones de alimentos crecerán este
año un 10 por ciento, mientras naciones como Vietnam declararon
asegurados el suministro doméstico y los compromisos con la comunidad
mundial.
China e India anunciaron que retornaban al mercado arrocero
mundial, abandonando restricciones enfiladas a garantizar el consumo
nacional.
La Naturaleza jugó una muy mala pasada no sólo a la región, pues
esos estragos pueden elevar los cálculos de la FAO sobre los más de
ocho millones de seres hambrientos que aguardan por al menos arroz o
pan.