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Parque Nacional Pico Cristal

Puentes a la vida

Texto y fotos: FROILÁN PARRA SUÁREZ

SIERRA DEL CRISTAL, Holguín. – Cuando hace 78 años se hablaba en Sierra Cristal de preservar y rescatar especies casi extintas, nadie pensaba en el argumento de una película como Parque Jurásico.

GRACIAS A LA PACIENTE LABOR DE LOS TRABAJADORES DEL PARQUE, LA NATURALEZA RECUPERA LA BELLEZA QUE SIEMPRE TUVO.

La razón era lógica. En 1930 no se podía hablar de tales adelantos en la ciencia ficción, ni mucho menos del nacimiento de ese genio de los efectos especiales de nombre Spielberg.

Sin embargo, ya por ese entonces se inauguraba en esta zona montañosa de Mayarí el primer parque nacional de Cuba, quien sentó las bases para la creación del actual Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Proteger los recursos forestales de la explotación indiscriminada y preservar la flora y la fauna característica de este ecosistema son las actuales metas que impulsan la labor de los trabajadores del Parque Nacional Pico Cristal situado en el macizo montañoso Nipe–Sagua–Baracoa, y con una extensión de 18 537 hectáreas.

Se encuentra entre las áreas protegidas de mayor importancia para la Isla, y destaca por sus grandes valores de biodiversidad, hídricos e históricos. Debe su nombre a la mayor elevación del norte de la región oriental, que posee 1 246 metros sobre el nivel del mar.

La actividad del hombre, fundamentalmente la minería, afectó gran parte del Parque, que se redujo a la tercera parte de su área inicial, no obstante, en el territorio actual se conservan los principales valores.

LA COLOCACIÓN DE TRANQUES DE PIEDRA O MADERA EN LOS CAMINOS, PERMITE RECUPERAR LA CAPA VEGETAL, LA NATURALEZA SE ENCARGA DEL RESTO.

El Parque desarrolla, en la actualidad, cinco áreas de trabajo fundamentales en la parte que ocupa en el municipio Segundo Frente Oriental y en las zonas de Baconal, la Güira, El Maja y la Zoilita, para preservar al máximo el hábitat natural, impedir la tala de árboles y evitar incendios forestales, afirma Eliécer Guimará Salas, director del Parque.

Aquí se encuentra uno de los últimos refugios del Almiquí, (Solenodon cubanus)  mamífero insectívoro de hábitos nocturnos que se encuentra en peligro crítico, también existen otras especies amenazadas de extinción como el Chipojo Ceniciento, el Majá de Santa María, el Gavilán Colilargo, el Camao, la Cotorra, el Catey y la Jutía Andarás.

El Parque tiene un alto endemismo en flora y fauna; y resulta un importante centro de especialización de la flora serpentinícola de Cuba, con 50 especies endémicas estrictas de plantas silvestres.

Gran belleza caracteriza la parte alta de la cuenca del río Cabonico y en el Arroyo Grande es posible admirar el salto de agua ubicado cerca de La Zanja.

Actualmente se realiza una paciente labor de reforestación, tenemos un vivero para garantizar la siembra de especies como el caguairán, el pino cubensis, el ébano carbonero y el najesí, expresa Guimará Salas.

El caguairán –expone Guimará Salas– que desapareció con la industria carbonera que se instaló en la zona, se siembra directamente en bolsas en el vivero, con cobertizo, para garantizar la supervivencia y ya hay ejemplares sembrados en casi toda el área.

Si antes del año 2003 la caza y la tala eran casi indetenibles, ahora tienen un mayor control, las poblaciones de cotorras y cateyes se han incrementado significativamente; hay que destacar, además, que no reportan ni un solo incendio forestal.

EJEMPLAR DE CAGUAIRÁN SEMBRADO EN LAS ÁREAS DEL PARQUE. ESTA ESPECIE FUE CASI EXTINGUIDA POR LA TALA INTENSIVA DEL BOSQUE.

Lograr todo eso es casi imposible sin la necesaria educación ambiental, labor que desarrollan con pasión. Tienen vinculados a los poblados vecinos, como Cabonico, Purio, Mayarí y Dos Caminos, a distintas actividades educativas sobre áreas protegidas, preservación de incendios, valores del Parque y cómo protegerlos.

La labor con los niños es primordial, sostiene Guimará Salas, los promotores atienden ocho escuelas en Baconal, la Güira, Segundo Frente y el Majá, vinculan teoría con práctica y arraigan el amor a la naturaleza en los pequeños.

Salvar especies de su desaparición seguirá siendo por siempre el objetivo principal de estos hombres y mujeres, aunque en lugar de construir, como en Parque Jurásico, murallas para la protección de la flora y fauna rescatada; prefieran fundar puentes a la vida y la diversidad.

 

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