LIMONAR.— Jóvenes repentistas convocados aquí lograron que la
edición número 13 del Concurso de Jóvenes Improvisadores Francisco
Pereira (Chanchito) terminara siendo considerado, tras varios días
de intensas competencias, entre los más poéticos y espectaculares de
su historia.
Y no solo "según especialistas", como suele afirmarse; o en
opinión del jurado (cuyo trabajo, por cierto, fue objetivo y
neutral), sino también de acuerdo con el juicio del público: "el
otro poeta", como se le llama aquí en Limonar a este espectador,
siempre listo para añadir su propia interpretación a las
composiciones del artista.
A diferencia de escenarios en que las controversias tienden a "lo
arreglado", rígido o reverencial, a veces afectado; u otros donde la
ofensa banal o el "decimazo" burdo pugnan por sustituir al verdadero
arte del repentismo, este certamen devino acontecimiento para la
Casa Naborí que lo organiza y para la décima improvisada en general.
Claro que en ello influyeron los esfuerzos de esa entidad y el
creciente apoyo institucional que el concurso va obteniendo frente a
momentos anteriores menos afortunados, pero el arte, el inexorable
arte, exige algo más.
Y ese "algo" fue el aportado por los poetas presentes en esta
edición, siempre sin olvidar lo difícil de una actuación regida por
el imperativo de hacer verdadera poesía, sí, pero concebida al
momento, cantada, sujeta a una rima prefijada, ante un público,
cantada y, además, basada, en ideas o palabras propuestas por otros.
La mayoría de los artistas, comprendidos los finalistas Néstor
Gutiérrez (La Habana), Héctor L. Alonso, Orismay Hernández o Yoelbis
Delgado (todos de Matanzas), trabajaron sus décimas con iniciativa y
creatividad y ayudaron a fabricar momentos de mágica tensión lírica
y competitiva.
Pero resultó superior la atmósfera decimística elaborada,
individualmente e interactuando entre ellos, por Geordanis Romaguera
(Matanzas, primer lugar), Onieisis Gil (Pinar del Río, segundo),
Leandro Camargo (Pinar del Río, tercero) y Yordán Quintero (Villa
Clara, cuarto).
Una breve descripción sobre cada uno de esos nuevos repentistas
nos presentaría a Geordanis con sus aprestos líricos, soluciones
inesperadas y ambientes bucólicos nada exentos de nostalgia; a
Onieisis, filosófico, contundente, de extrema seguridad en sí mismo;
a Leandro, bien preparado, de madurez poética digna de su parecido
físico con El Cucalambé; y a Yordán, más cerca de la controversia
tradicional, un tanto bufo, artífice del "tira-tira", picante y
agudo, desafiante sin herir.
Parte de la mejor obra allí creada, hemos podido conservarla para
este espacio. Veamos, por ejemplo, la siguiente décima de Geordanis
sobre el sintagma En un libro: "En un libro Naborí / diez
palomas encerró / más tarde, las liberó / y ahora están volando
aquí. / Se embriagó con daiquirí / de tinta cada segundo, / aprendió
a volar el mundo / vestido de primavera, / después que Homero lo
viera / Desde un mirador profundo.
O esta de Onieisis desde el pie forzado Llamó de nuevo al
combate: "Céspedes sonó aquel día / la campana soñadora, /
musical, libertadora, / con notas de rebeldía. / Pasó una etapa
sombría, / de sentimiento y dislate / y Fidel, en un embate / de
esfuerzos en el camino, / desde lo alto del Turquino / llamó de
nuevo al combate".