Diez versos bajo buena estrella

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA
paneque.b@granma.cip.cu

LIMONAR.— Jóvenes repentistas convocados aquí lograron que la edición número 13 del Concurso de Jóvenes Improvisadores Francisco Pereira (Chanchito) terminara siendo considerado, tras varios días de intensas competencias, entre los más poéticos y espectaculares de su historia.

Y no solo "según especialistas", como suele afirmarse; o en opinión del jurado (cuyo trabajo, por cierto, fue objetivo y neutral), sino también de acuerdo con el juicio del público: "el otro poeta", como se le llama aquí en Limonar a este espectador, siempre listo para añadir su propia interpretación a las composiciones del artista.

A diferencia de escenarios en que las controversias tienden a "lo arreglado", rígido o reverencial, a veces afectado; u otros donde la ofensa banal o el "decimazo" burdo pugnan por sustituir al verdadero arte del repentismo, este certamen devino acontecimiento para la Casa Naborí que lo organiza y para la décima improvisada en general.

Claro que en ello influyeron los esfuerzos de esa entidad y el creciente apoyo institucional que el concurso va obteniendo frente a momentos anteriores menos afortunados, pero el arte, el inexorable arte, exige algo más.

Y ese "algo" fue el aportado por los poetas presentes en esta edición, siempre sin olvidar lo difícil de una actuación regida por el imperativo de hacer verdadera poesía, sí, pero concebida al momento, cantada, sujeta a una rima prefijada, ante un público, cantada y, además, basada, en ideas o palabras propuestas por otros.

La mayoría de los artistas, comprendidos los finalistas Néstor Gutiérrez (La Habana), Héctor L. Alonso, Orismay Hernández o Yoelbis Delgado (todos de Matanzas), trabajaron sus décimas con iniciativa y creatividad y ayudaron a fabricar momentos de mágica tensión lírica y competitiva.

Pero resultó superior la atmósfera decimística elaborada, individualmente e interactuando entre ellos, por Geordanis Romaguera (Matanzas, primer lugar), Onieisis Gil (Pinar del Río, segundo), Leandro Camargo (Pinar del Río, tercero) y Yordán Quintero (Villa Clara, cuarto).

Una breve descripción sobre cada uno de esos nuevos repentistas nos presentaría a Geordanis con sus aprestos líricos, soluciones inesperadas y ambientes bucólicos nada exentos de nostalgia; a Onieisis, filosófico, contundente, de extrema seguridad en sí mismo; a Leandro, bien preparado, de madurez poética digna de su parecido físico con El Cucalambé; y a Yordán, más cerca de la controversia tradicional, un tanto bufo, artífice del "tira-tira", picante y agudo, desafiante sin herir.

Parte de la mejor obra allí creada, hemos podido conservarla para este espacio. Veamos, por ejemplo, la siguiente décima de Geordanis sobre el sintagma En un libro: "En un libro Naborí / diez palomas encerró / más tarde, las liberó / y ahora están volando aquí. / Se embriagó con daiquirí / de tinta cada segundo, / aprendió a volar el mundo / vestido de primavera, / después que Homero lo viera / Desde un mirador profundo.

O esta de Onieisis desde el pie forzado Llamó de nuevo al combate: "Céspedes sonó aquel día / la campana soñadora, / musical, libertadora, / con notas de rebeldía. / Pasó una etapa sombría, / de sentimiento y dislate / y Fidel, en un embate / de esfuerzos en el camino, / desde lo alto del Turquino / llamó de nuevo al combate".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir