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Los empeños de Estados Unidos en entorpecer las relaciones entre
países de Sudamérica, concretamente entre Venezuela y Argentina, se
han convertido en un bumerang que podría golpearlo muy fuertemente,
sobre todo en sus vínculos con Buenos Aires.
El blanco principal, empero, sigue siendo el gobierno bolivariano,
con el cual el diferendo es más grueso y de más larga data, a juzgar
por todos los planes y componendas urdidos contra Hugo Chávez.
La manera sospechosa y confusa, como se ha calificado aquí, en que
la justicia estadounidense abordó el caso de Guido Antonini Wilson,
con una causa en Buenos Aires por intentar ingresar ilícitamente un
maletín con 800 mil dólares en agosto pasado, es el detonante de esta
situación.
Washington, al parecer, intenta convertir a ese personaje en una
víctima de extorsión y, de esa manera, en testigo bajo protección.
La última fase en el desarrollo de esos acontecimientos tuvo lugar
hoy en Buenos Aires, al conocerse parte del contenido de la entrevista
de anoche entre el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana,
con el embajador de Estados Unidos aquí, Earl Anthony Wayne.
Al convocar al diplomático a la cancillería, le manifestó el
disgusto de su gobierno por esas acciones de Washington, que considera
una ofensa sorpresiva e injusta.
Taiana le confirmó la posición del gobierno de que "no tiene
asidero alguno la idea de que la campaña presidencial hubiera podido
ser financiada mediante procedimientos de esa naturaleza", en alusión
a los 800 mil dólares incautados a Antonini Wilson, presuntamente
destinados a apoyar la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner.
También reaccionó hoy con cierta dureza el jefe de gabinete Alberto
Fernández, quien denunció ante una radioemisora a Estados Unidos por
ofender a la Argentina mediante la actuación al pedido de extradición
del mencionado ciudadano venezolano-estadounidense.
Dijo que se trata de una ofensa para el país, que está investigando
el hecho y había solicitado hace tres meses la entrega del inculpado.
Al mismo tiempo, rechazó la tan repetida versión, amplificada por
la gran prensa argentina, sobre la autonomía de la justicia
estadounidense, al afirmar que allá "los fiscales son dependientes del
Poder Ejecutivo".
Ayer, el ex presidente Néstor Kirchner, en un acto público, acusó
en duros términos la actitud estadounidense hacia Argentina, la cual
calificó de vergonzosa, al tiempo que advirtió que su país no es una
colonia y merece respeto.
Conminó a Washington a poner en claro, ante todo, las denuncias de
torturas y ocultamientos en su base militar en Guantánamo y a entregar
a Antonini Wilson, para que los argentinos puedan conocer la verdad y
fustigó al diario La Nación por su alineamiento a Washington.
Kirchner opinó que ese comportamiento de Estados Unidos se debe a
que "les preocupa que en Argentina se profundice la consolidación del
modelo, que en América Latina nazca el Banco del Sur, que se
fortalezca el MERCOSUR y la unidad de los pueblos".
En otra parte de su alocución, el ex presidente desestimó
declaraciones del embajador Wayne, quien en un intento por calmar las
aguas había resaltado la calidad de las relaciones entre los dos
países y subrayó que con la actuación actual de la administración
norteamericana no pueden merecer la calificación de buenas.
Desde Uruguay, donde asumió ayer la presidencia pro tempore de seis
meses del MERCOSUR, la mandataria argentina Cristina Fernández reiteró
sus denuncias de injerencia desde dentro y de fuera en las relaciones
entre los países sudamericanos para obstaculizar la integración.
Reafirmó sus anteriores calificativos de basural de las relaciones
internacionales para este proceder estadounidense, a la vez que
repitió su firme decisión de no acceder a presiones.