Apogeo en la llanura

JUAN ANTONIO BORREGO y CALIXTO N. LLANES (fotos),Enviados especiales

GUANARE.—"Sobre la tierra, la palma/ sobre la palma, los cielos/ sobre mi caballo, yo/ sobre yo, mi sombrero", sugiere, en alarde de orgullo, una de las coplas más repetidas en los llanos occidentales de toda Venezuela.

Borman Urquiola: “El llanero lo que necesitaba era la invitación”.

Cantaclaro, el mítico personaje con el que Rómulo Gallegos sintetizó la psicología campesina de la región, la tuvo por himno hace muchos años y José Seijas, un poblador de Guanarito, la recita de memoria ahora que ha recuperado su vitalidad tras el accidente de tránsito que lo asomó a los límites de la muerte.

El buen llanero vive en rancho de guano, duerme en campechana de cuero, come la carne en churrasco y solo baila si del arpa y la bandola sale joropo "trapiao". Al menos así lo ha descrito por siglos la literatura regional lo mismo en las sabanas ardientes del Alto Apure que en Barinas, Cojedes, Guárico o Portuguesa.

Campesinos de la zona de Arenosa ahora se preocupan también por aprender.

Sin embargo, el llanero está evolucionando, advierte Borman Urquiola, dirigente de Educación en este último estado: "Con la revolución ya se reúne en cooperativas, siembra, distribuye, transforma sus productos... y eso permite que cambie su modo de vida, su forma de pensar y de actuar".

ARENOSA A LA VISTA

—¿Adónde vamos?, inquiere alguien.

— Adonde el diablo perdió la cédula, replica Luis Durán, el cronista del pueblo, como adelantando las características de la travesía.

Delatado por una polvareda infinita y con la "bendición" de un invierno de 35 grados, el convoy penetra la llanura durante horas rumbo a Arenosa, una zona campesina del municipio de Guanarito, en Portuguesa.

Arenosa enseña sus tremedales y sus esteros, pero también su gente asustadiza que brinda con amabilidad el sancocho cocido para la ocasión y testimonia los progresos en el aprendizaje, luego de que desde hace algunos años llegaran a la zona las misiones educativas que con asesoría cubana impulsa el Gobierno bolivariano.

La experiencia, entre otras cosas, ha servido como anillo al dedo para confirmar la tesis expuesta hace más de un siglo por José Martí en su célebre ensayo Nuestra América cuando, al descalificar la vieja y prejuiciosa porfía de "civilización contra barbarie", adujo que en realidad se trataba de "falsa erudición contra naturaleza".

"El llanero lo que necesitaba era la invitación —asegura Borman— porque tenía la voluntad, las ganas de crecer, de aprender y ha asumido el reto con mucha alegría, por eso es que da gusto compartir con ellos y ver cómo se han desarrollado humanamente y cómo ahora se sienten útiles."

"Tienen una inteligencia natural y una memoria prodigiosa", asegura Carlos Alberto Álvarez, asesor cubano en el municipio, quien adelanta sus preferencias por el trabajo con los campesinos, muchos de los cuales, según él, ya lo tienen como familia luego de los cientos de kilómetros que en cuestión de unos meses ha recorrido por Guanarito.

VINDICACIÓN EN EL LLANO

Si Portuguesa es considerada el granero de Venezuela, su centro político, Guanare, en tanto acoge el famoso santuario de la virgen de Coromoto, es visto como la capital espiritual de la república, escenario de conocidas celebraciones y cultos religiosos.

Por estos predios labora una embajada cubana de cerca de mil profesionales de varios sectores, entre los que ha ganado prestigio un pequeño contingente de maestros y profesores encargados de asesorar la labor educativa en todo el territorio de los llanos portugueses. Yenia Vera y Gloria Amorós, coordinadora a nivel de estado y asesora de la misión Robinson, respectivamente, coinciden en que las experiencias han sido útiles por igual para la parte cubana y venezolana.

En virtud de este proyecto, por ejemplo, en todo Portuguesa han sido alfabetizadas más de 68 000 personas, unas 16 000 alcanzaron el sexto grado, más de 56 000 actualmente cursan diferentes niveles de estudio y funcionan 180 círculos de lectura.

Sin embargo, sin desdeñar el valor de la estadística, es preferible ilustrar la magnitud del suceso con el episodio ocurrido al veterano Fernando Amaro, cuando tiempo atrás se dispuso a cobrar sus haberes de jubilado en la sucursal bancaria del pueblo en el que había gastado buena parte de sus días.

Eran casi las 10:00 de la mañana y cumplidas las tramitaciones de rutina, Fernando se acercó a la cajera como siempre lo había hecho en sus últimos nueve años y 11 meses, le dio los buenos días y le extendió su identificación personal. Ella, solícita, le devolvió el saludo, ubicó su nombre en el registro y antes de entregarle la cifra convenida le indicó, que marcara sus huellas dactilares sobre el modelo bancario.

Fue entonces cuando él respiró hondamente y casi a manera de susurro le reveló la noticia más importante del mundo: "No, señorita —le dijo—, alcánceme el bolígrafo, ya yo aprendí a firmar".

 

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