Ello acaba de demostrarse con creces en el espectáculo Fusión
América, con el que se celebró el aniversario 35 de vida
artística de Pablo Menéndez y su grupo Mezcla, en el teatro América,
de la calle Galiano.
Especialmente atractivas resultaron las actuaciones iniciales del
Ballet América, que dirige Esperanza Pinal, por la dinámica corporal
desplegada en Timba jazz, de Orlando (Maraca) Valle, en una
coreografía de Juan Carlos Castaño, y el rap guaguancoseado Por
eso ahora, de Bárbara Sánchez.
Sandra Bara y su compañía flamenca llevaron a escena, tanto en el
baile como en el canto, una prueba de lo que nos llegó desde los
países árabes —vía Andalucía— que aquí se codeó con la rumba, y
alimentó una de las fusiones más exitosas de las últimas décadas.
Tú, ven a mí y Yo soy gitana fueron expresión de lo que
han avanzado la juvenil bailaora y su colectivo.
A esas alturas, la versatilidad e intrepidez de la obra de Pablo
Menéndez, y la identidad y pasión con que los jóvenes músicos de su
banda la interpretan, pusieron la nota más vibrante del espectáculo.
Hasta las licencias expresivas, que en los jazzmen (y
rockeros también) surgen espontáneamente, parecían premeditadas por
el puro acabado de su ejecución.
Hijo de la célebre cantautora norteamericana Barbara Dane,
implantado desde la adolescencia en nuestro medio musical, con el
aval de haber participado en la aventura del Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC, en Pablo se conjugan el
guitarrista virtuoso y el músico abierto a todas las tendencias que
tengan algo que aportar a las músicas populares cubanas.