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Aniversario 50 del levantamiento armado del 13 de
Marzo de 1957
Una Batalla dada en La Habana por la Revolución
Faure Chomón,
Comandante del Ejército Rebelde
| Aquel 13 de Marzo de
1957 habían pasado 4 años desde que los estudiantes
revolucionarios de la Universidad de La Habana se habían unido
para combatir la tiranía, echando a un lado a los que teniendo
armas no confiaban en la juventud para entregárselas y tampoco
eran capaces de hacer uso de ellas, en lo que llamaron Asamblea
Revolucionaria, en cuyo nombre redactaron un manifiesto al pueblo
y que estaba formada por los seguidores del profesor García
Bárcenas, como el compañero Faustino Pérez, que habían intentado
tomar el campamento militar de Columbia; de Pedro Miret Prieto,
quien presidía la Comisión Militar, Léster Rodríguez, que presidía
la Comisión Programática y otros compañeros que serían seguidores
de Fidel en el ataque al cuartel Moncada y nosotros, los futuros
seguidores de José Antonio Echeverría. |
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Discurso de Fidel, el 13 de marzo de 1959
José
Antonio conquistaría la dirigencia de la FEU y junto a Fructuoso y
otros compañeros, situarían a la organización estudiantil en la
línea de la lucha armada.

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Ese día, dos años habían transcurrido desde que el fenómeno del
gansterismo que había azotado a nuestro país, promovido por Batista
desde su primera tiranía, auspiciando el "bonchismo" para corromper y
controlar la Universidad de La Habana y que posteriormente, durante
los gobiernos "auténticos" proliferó en los diferentes cuerpos
policíacos, ministerios y hasta el Parlamento, donde obtenían
prebendas a cambio de la clásica "protección" gansteril, quiso cebarse
en José Antonio en las elecciones para Presidente de la FEU en Abril
de 1955, cuando pretendieron imponer a un "bonchista" como Presidente,
promovido por el engaño, la mentira y la calumnia. Movilizados sus
secuaces después de haber apelado inútilmente al sucio método de
secuestros y amenazas se concitaron en la Plaza Cadenas con sus más
famosos personajes para intimidar una vez más. El Directorio había
seguido un plan para la neutralización de tales maniobras, que sin el
empleo de armas pero organizado y apoyado en la masa, los hizo
fracasar y retirarse para siempre de la Universidad, desbaratando sus
planes de imponer de nuevo el gansterismo en la Universidad, y José
Antonio Echeverría era electo con el decisivo y séptimo voto de uno de
los miembros de la sección de Acción del Directorio y Presidente de
Farmacia, el incorruptible Ñico Guevara.
También el 13 de Marzo de 1957 hacía seis meses (en agosto de 1956)
que José Antonio Echeverría se había reunido con Fidel, para sus
comunes posiciones revolucionarias expresarlas unidos públicamente, en
un documento orientador del pueblo cubano y así convertirlo en una
poderosa arma para combatir a la tiranía, que la historia recogería
con el nombre de la Carta de México, que firmaran ambos, Fidel y José
Antonio. Aquel día hacía también cuatro meses en que nuevamente José
Antonio, con la presencia también de Fructuoso Rodríguez, nos
reuníamos en México con el compañero Fidel para ultimar los planes
militares, que siguieron a la declaración de la carta e iniciar la
lucha armada que estableciera la guerra necesaria para hacer la
Revolución. Y tres meses habían pasado del desembarco del destacamento
del Granma encabezado por Fidel, al ocurrir aquel levantamiento armado
en nuestra capital, que se hacía en apoyo del mismo, por parte de José
Antonio con el Directorio Revolucionario de la FEU.
La laboriosidad incansable, la perseverancia inagotable y el
espíritu indomable, caracterizaron a aquella juventud, que
representaban Fidel y José Antonio, que se disponía a derrotar la
injusticia para establecer una nueva sociedad en que el derecho
primara sobre el privilegio y el egoísmo.
José Antonio: "Hay que cumplir, no podemos
dejar solo a Fidel"
Y pensar que a tan poco período de tiempo desde la llegada de Fidel
le parecía demasiado a José Antonio y durante los días que pasaban nos
apuraba a todos a estar listos, mientras él también lo hacía con
entrega total de su energía, porque "hay que cumplir y no podemos
dejar solo a Fidel. Es necesario que Fidel viva. Y la tiranía miente
cuando dice que cayó Fidel. De ser verdad lo demostrarían. Y es
necesario que el pueblo lo sepa". Por eso el primer periódico
clandestino del Directorio después del desembarco, llevaría un
titular: ¡Fidel Vive! Era como si la sangre hirviente de patriotismo
de los revolucionarios circulara por nuestros cerebros para hacernos
sentir lo que no sabíamos.
Esta historia comenzó el 26 de julio de 1953. Había ocurrido el
ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, por un grupo de
jóvenes, que su jefe, Fidel Castro, identificaría posteriormente como
la Generación del Centenario, aunque antes, un día, había pasado
fugazmente por el salón de los Mártires de la FEU y había dicho: "No
podemos dejar que el Apóstol muera en su Centenario", dejando
perplejos a los estudiantes allí presentes.
Uno de esos estudiantes, se decidió a enfrentar también la naciente
tiranía por los medios que tuviese a su alcance. Él era José Antonio
Echeverría. Comenzaría enfrentando a estudiantes que aceptaban
sinecuras del régimen dictatorial, que le proporcionó en una asamblea
de denuncia en la Escuela de Arquitectura, su primera herida en la
cabeza.
El
Palacio Presidencial, madriguera del tirano, fue el principal objetivo
de aquellos luchadores revolucionarios.
José Antonio seguiría esta línea de radicalización, que
caracterizaría su vida, enfrentando a los elementos claudicantes que
se habían apoderado de la dirección de la FEU, hasta convertirse en el
líder de la masa estudiantil revolucionaria, que conduciría en la gran
manifestación del 15 de enero de 1953, como protesta por el ultraje al
busto de Julio Antonio Mella, inaugurado hacía solo cinco días en la
plaza frente a la Escalinata de la Universidad de La Habana. Ese día
se peleó duro contra los cuerpos represivos del Ejército, la Policía y
la Marina de Guerra en San Lázaro y Prado. José Antonio había dirigido
la vanguardia que a puñetazos enfrentara las balas. El resultado fue
compañeros golpeados salvajemente y heridos, entre ellos uno muy
grave: Rubén Batista Rubio, que moriría el 13 de febrero. En sus días
de agonía y muerte estarían presentes Fidel y José Antonio.
Cinco meses después es que ocurriría la hazaña del ataque al
Cuartel Moncada con el que Fidel y sus heroicos compañeros iniciarían
la marcha hacia el triunfo de la Revolución.
La FEU insurgente
José Antonio Echeverría conquistaría la dirigencia de la FEU para
con Fructuoso Rodríguez rescatarla de las manos claudicantes y
convertirse a partir de ese momento en los abanderados del gesto
heroico del Moncada, al situar a la FEU en la línea de la lucha
armada.
La FEU de José Antonio y Fructuoso, tomó el lugar cimero de la
campaña por la liberación de Fidel y los Moncadistas, y de todos los
revolucionarios que guardaban prisión. Y cuando la tiranía habló de
liberar solamente otros presos políticos, la FEU de José Antonio
exigió la liberación de Fidel y los moncadistas. La prensa
inevitablemente reflejaba lo que decía la FEU, lo que ayudaba a
aumentar la presión sobre la tiranía.
El régimen batistiano se veía obligado a liberar a Fidel y sus
compañeros. Ya había sido fundado el Directorio Revolucionario de la
FEU y se radicalizaba la lucha de masas, con manifestaciones y huelgas
del brazo del movimiento obrero revolucionario, que conducirían a la
acción armada.
Fue un proceso continuo y ascendente de las masas radicalizadas por
la vanguardia revolucionaria, que entonces había iniciado la guerra
necesaria con el desembarco de Fidel al frente de aquel destacamento
del Granma el 2 de diciembre de 1956, que se extendería hasta la
capital del país con el levantamiento armado del 13 del marzo de 1957.
Muchas dificultades tuvo que vencer José Antonio seguido por el
Directorio, para llegar con honor a aquel día en el que cumpliría
lealmente con sus ideales y sentimientos, comprometidos con Fidel en
nombre de la Patria y del pueblo de Cuba y que sería como un juramento
sagrado y para siempre.
Fueron días muy difíciles en que no se tenían noticias directas de
los compañeros y las que llegaban eran malas o las propaladas por el
enemigo. Todos los revolucionarios con sus fuerzas en tensión ansiaban
poder hacer algo, algo tan grande que repercutiera en la zona de
operaciones, pero no se tenían las armas. Los que las tenían, que eran
los del Partido Auténtico seguidores del expresidente Carlos Prío, ya
las habían negado cuando el Directorio Revolucionario y el Movimiento
26 de Julio los habían convocado a actuar unidos, para secundar el
desembarco, en los días de noviembre cuando José Antonio recibió el
cable de Fidel anunciándole que ya había partido rumbo a Cuba.
La línea de la acción armada
José Antonio al regreso de México, de acuerdo con la decisión de
Fidel de que cada organización, el 26 y el Directorio, pusieran en
ejecución sus propios planes, haciéndolos solamente coincidir en
tiempo, ordenó ejecutar la primera parte de nuestro plan que consistía
en elevar el grado de las acciones armadas, ajusticiándose al jefe del
Servicio de Inteligencia Militar que había torturado y asesinado al
líder obrero y compañero nuestro Rubén Aldama Argüelles. El plan de
dinamitar el Cementerio de Colón para volar al tirano Batista y su
gobierno, no pudo efectuarse por no disponerse de la dinamita. De
todas formas no hubiese podido llevarse a cabo, pues la tiranía a
última hora según anunciaba la prensa, decidía realizar el funeral en
el cementerio de La Lisa. El Directorio continuó su plan de agitación
armada con otras acciones durante el final de 1956 y principios de
1957. Además la casualidad obraba a favor nuestro, cuando en los
movimientos necesarios de la clandestinidad José Antonio encontró y
conoció a dos formidables revolucionarios, Eduardo García Lavandero y
Evelio Prieto Guillama, quienes tenían a su cuidado el último arsenal
que le quedaba en la Habana al expresidente Carlos Prío, después que
todos los anteriores habían caído en manos de la Policía.
Quedaba pendiente como continuación de nuestro plan, la operación
de emergencia que consistía en tomar las armerías de La Habana Vieja y
tener organizado, previamente con las armas disponibles, emboscadas
que darían cuenta de la policía cuando se movilizara para sofocar
aquellas acciones. La estructura de este plan la concebimos a partir
de las reuniones de carácter militar sostenidas en México.
Dicha operación había quedado pendiente de que consiguiéramos
algunas armas más que considerábamos necesarias. Este problema
quedaría resuelto con la incorporación al Directorio de los compañeros
Eduardo García Lavandero y Evelio Prieto Guillama, quienes además,
tomaron la decisión revolucionaria de entregarle a José Antonio el
cuantioso arsenal que estaba en sus manos. Para que todo esto
ocurriera hubo un diálogo entre ellos y José Antonio durante varios
días, cuando compartían el mismo refugio, en que los argumentos en
nombre de la Revolución se impusieron.
Objetivo: la madriguera del tirano
Esta decisión conllevó un nuevo plan con objetivos más altos al
contar con un armamento superior en número y poder de fuego.
Examinamos la posibilidad de atacar y tomar las distintas fortalezas
militares de La Habana que desechamos por no ser viables, además de
que podría dar la impresión de una asonada militar ajena al pueblo,
por lo que reeditamos el proyecto del ataque y toma del Palacio
Presidencial, que desde la época de Julio Antonio Mella y Rubén
Martínez Villena eran parte del arsenal táctico de la Revolución. Allí
estaba la sede de la cabeza de la tiranía y de allí partían todos los
hilos de la conducción del poder dictatorial y además era una
fortaleza militar por lo numeroso de su guarnición que nos
proporcionaría una gran cantidad de armas, suficientes para continuar
hacia otros objetivos que irían convirtiendo a la Habana en una gran
sublevación popular.
Muchas
veces aquellos dirigentes estudiantiles fueron brutalmente agredidos
por los testaferros de la dictadura, pero nunca amainó su entusiasmo,
su alegría y su viril espíritu de lucha.
Los objetivos serían tres: Asalto al Palacio Presidencial, toma de
una emisora que sería Radio Reloj para difundir la voz del movimiento
revolucionario y ocupación de la Universidad de La Habana, como sede
de su Estado Mayor. Cuando llamamos al compañero Carlos Gutiérrez
Menoyo para explicarle nuestro plan, lo encontró magnífico y lo
comparó con la operación del Rescate del Príncipe al considerar a este
como "la maqueta" que comprobaba lo acertado que era, por su
organización compuesta por dos elementos: un comando que desde adentro
se apoderaba de la entrada y otro que lo apoyó desde afuera, hasta
apoderarnos prácticamente del control del penal; en Palacio resultaría
lo mismo con los dos comandos operando desde afuera, con la ventaja de
que sería una fuerza superior y con mayor volumen de fuego. En el
rescate de la Prisión del Príncipe liberamos a tres compañeros, siendo
uno de ellos el Comandante de la Guerra Civil Española, Daniel Martín
Labrandero que había ingresado al Directorio Revolucionario en dicha
prisión, decepcionado del manejo de que había sido víctima por los
grupos "auténticos" y admirado del empuje, organización, disciplina y
valor decidido del Directorio.
Daniel, tal y como se le había instruido no comunicó a sus amigos
Carlos Gutiérrez e Ignacio González de su ingreso al Directorio, ni
del plan de fuga de la prisión del Príncipe que estábamos preparando,
con tres armas cortas y seis granadas que fueron introducidas y
guardadas en la capilla del penal, bajo la túnica de la Virgen de la
Caridad del Cobre por la religiosa cubana Sor Mercedes Álvarez,
contactada por una hermana de José Briñas, combatiente caído
posteriormente en el ataque a Palacio. Dicho plan se ejecutó
exitosamente, pero con la desgracia de que Daniel ya fuera de la
prisión se accidentó gravemente cuando por la velocidad con que bajaba
la colina, al saltar se impactó contra la escalera de hormigón que va
hacia su cima, lesionándose los tobillos de ambas piernas y la columna
vertebral, siendo capturado y asesinado en el mismo lugar.
Un plan magnífico
Horas después nos entrevistamos con Carlos Gutiérrez Menoyo,
asombrado por no haber sabido nada de aquel plan de fuga, le
informamos que Daniel ya era un miembro del Directorio que cumplía
nuestras instrucciones de no comunicarlo a nadie ni el plan de fuga
tampoco. También a su solicitud le explicamos cómo era ese plan, el
cual como experto en acciones comando, lo calificó de magnífico. Esa
noche al término de la conversación solicitó también su ingreso al
Directorio, y que mientras se aprobara o no, contáramos con él para
cualquier acción en que estaría siempre a nuestras órdenes. Se aprobó
su ingreso y tiempo después lo incluimos en el plan de ajusticiamiento
del jefe de esbirros Esteban Ventura Novo que organizamos en el
Hospital Calixto García. Finalmente lo llamamos para su participación
del plan de asalto al Palacio Presidencial. Posteriormente se aprobaba
el plan en el seno de la Dirección del Directorio y José Antonio, a
propuesta nuestra lo designaba como jefe militar y a mí como segundo
de la acción.
Desde los días de la incorporación de Carlos Gutiérrez al
Directorio mostró sentirse moralmente obligado con el compañero
Menelao Mora, diciéndonos que él estaba seguro de que Menelao también
se incorporaría al Directorio si él se lo planteaba, de nosotros estar
de acuerdo. Le trasladé a José Antonio el planteamiento que él analizó
en reunión de la dirección de la Organización. Menelao había sido el
único dirigente de procedencia "auténtica" que nos había entregado
armas confiando en nosotros. Una vez nos entregó cuatro carabinas M-1
y en otra ocasión cuatro pistolas ametralladoras marca "STAR" con sus
culatines, peines y parque. También cuando iniciamos la riposta armada
contra la policía que reprimía y balaceaba nuestras manifestaciones,
nos pidió participar como combatiente en uno de aquellos comandos, lo
que se le concedió, por lo que estuvo acuartelado con nosotros para
una acción que finalmente no llegó a ejecutarse. Pero allí estuvo
presente.
Menelao Mora: "TÚ tienes la Organización que yo no tengo"
El compañero Menelao Mora en entrevista con José Antonio Echeverría
solicitó su ingreso al Directorio para él y sus amigos, que fue la
forma que él utilizó para identificar a un pequeño y selecto grupo de
combatientes que no quería dejar abandonados a su suerte y también
para dejar sentado y con claridad que no se trataba de una maniobra
del Partido Auténtico del ex presidente Carlos Prío, de quien estaba
distanciado y decepcionado por haber sido engañado por el mismo
durante sus trajines conspirativos, diciéndole a José Antonio: "Tú
puedes hacer lo que yo no puedo, porque tú tienes una organización que
yo no tengo".
A continuación Menelao agregó:
"Otra cosa José Antonio, quiero que te hagas cargo de todos mis
compromisos para yo quedar bien."
"De acuerdo Menelao, me haré cargo de tus compromisos con la
condición de que tienen que estar en la primera línea de combate."
"De acuerdo" —contestó Menelao.
Posteriormente cité al primer comprometido en presencia de Menelao,
el doctor Norberto Martínez, que había sido Director del horripilante
Hospital de Dementes de Mazorra, a quien le expresé los requisitos de
la Organización indicados por José Antonio, de que no admitíamos
dirigentes por teléfono y que tendría que ponerse al frente de los
hombres que conduciría. El médico, fiel a la tradición del clásico
cambio de colores, contraído, guardó silencio mientras se reponía y
finalmente exclamó: "yo no participaré en ningún plan". Menelao
sonrió. Después no se presentó ningún otro candidato.
Había pasado algo más de un mes cuando ya José Antonio tenía
noticias de Fidel, que habiendo logrado internarse en la Sierra
Maestra burlaba la contraofensiva del ejército de la tiranía, sin que
dispusiéramos por nuestra parte de la información real sobre el número
de bajas tenidas por el Destacamento del Granma.
Después del desembarco del Granma y del levantamiento armado de
Frank País en Santiago de Cuba la tiranía creía que todo había
terminado, cuando realmente era que todo comenzaba. Quedábamos
nosotros en La Habana con posibilidades, que ya en febrero se habían
ido haciendo ciertas. Contábamos con un gran jefe en José Antonio
Echeverría, una excelente organización con el Directorio
Revolucionario y ya teníamos las armas necesarias para la gran acción
que nos proponíamos para derrocar a la tiranía, ahora más que nunca
secundando el llamado de Fidel.
Todas las fuerzas estaban en tensión haciendo los preparativos.
Teníamos también las casas y automóviles necesarios para los comandos
de asalto. Todo iba bien. Se amplió el Cuartel General con otro
apartamento que alquilamos, con el dinero aportado del sueldo que
acababa de cobrar el compañero Armando Pérez Pinto. Cuando nos
disponíamos a comprar dos camiones ligeros, una camioneta y un camión
seis ruedas necesarios, de uso, por ser más baratos, el compañero
Carlos Gutiérrez planteó que podían gestionarse con el compañero
Menelao, pues a él le quedaban de los que usara en el trasiego de
armas que en otra época recibió por Pinar del Río, lo que fue
autorizado por José Antonio. En una reunión de carácter permanente se
iba analizando por José Antonio cada paso a dar, hasta que dio la
orden de acuartelamiento general que se mantuvo controlado y
supervisado. A partir de aquel momento es que se les explicaba en qué
consistía el plan a todos los compañeros acuartelados.
El que no estuviera de acuerdo quedaba liberado del compromiso de
participar, pero tenía que quedar retenido hasta después de haber
comenzado los combates. Se dieron las órdenes disciplinarias para
mantener el orden y el silencio y se pusieron carteles recordándolas,
principalmente a los que formaban el comando de asalto al Palacio por
ser muy numeroso. Se le entregó el armamento a cada combatiente que
debía mantener apoyado sobre la pared en un orden establecido en el
que cada cual sabía el lugar que le correspondía. Se mantuvo el
chequeo de Batista físicamente en los alrededores de Palacio y
también, fundamentalmente el que le hacíamos por radio mediante una
planta que era copia de la que usaban los cuerpos represivos y el
decisivo: disponer también del código secreto que indicaba sus
movimientos. Lo seguíamos a todas horas del día y la noche hasta que
entraba en Palacio, y así el tirano se convertía en el ratón en su
propia ratonera. Para atacar al Palacio era necesario que Batista se
encontrara dentro del mismo para descabezar al régimen, teniendo al
tirano y su sede en nuestras manos.
La operación de apoyo en manos espurias
La segunda operación de apoyo al comando de asalto a Palacio, que
debía tomar los edificios más altos que rodeaban al mismo no se
acuartelaría en casas por ser muy grande el número de combatientes,
por lo que se concentraría la mayor parte en el Paseo del Prado.
Faltaba aprobar el plan que debía proponer su jefe con el seudónimo de
Ignacio González, cuyo verdadero nombre se había podido conocer desde
hacía dos años, (propuesto por Carlos, era el tercer español de la
guerra civil que participaría). A esas alturas Ignacio no había
presentado dicho plan, en vista de que no lo había hecho, le envié un
compañero que lo conocía de otros lances como fue la expedición que
acantonada en Cayo Confites se había propuesto el derrocamiento de
Trujillo, dictador de la República Dominicana, quien debía investigar
qué le sucedía a Ignacio con el plan que debía de haber presentado. De
regreso el compañero José Luis Gómez Wangüemert, que era a quien yo
había enviado, vino alarmado pues pudo comprobar que la oficialidad
que Ignacio González estaba organizando eran elementos gangsteriles
del jefe de pandillas Eufemio Fernández Ortega, que actuaba durante
los gobiernos auténticos. Informado José Antonio por mí, dio la orden
de paralizar de inmediato los planes en que veníamos trabajando, orden
que di en el momento a Carlos Gutiérrez Menoyo y a otros compañeros.
En
aquella toma de Radio Reloj, José Antonio pronunció su inolvidable
arenga al pueblo de Cuba.
En reunión urgente informé a Carlos Gutiérrez y otros responsables
sobre la falta de moral y de condición revolucionaria de aquellos
tipos que los inhabilitaba para ser jefes y carecer por tanto del
prestigio necesario, por lo que no tenían nada que ver con el
Directorio. Era además un acto de incompetencia y deslealtad de
Ignacio González, por lo que quedaba sustituido y a la vez propondría
a José Antonio nombrar al compañero Wangüemert como jefe de la segunda
operación. Carlos Gutiérrez se mostró sorprendido, estando de acuerdo
con los señalamientos sobre aquella gente, agregando que además él
consideraba que cuando los mismos se sintieran sustituidos, eran
capaces de delatar todo lo que sabían de nuestros planes a la policía
para evitar se ejecutaran y así ellos no perder su falsa condición de
"hombres de acción", lo que representaría el fracaso de nuestro plan
antes de ejecutarse, por lo que él nos pedía dejáramos a Ignacio
González con la responsabilidad que se le había entregado, pues él era
como su hermano y lo que podía tener en deficiencias como jefe y a
pesar de la pésima calidad de los oficiales por él seleccionados:
"cuando Ignacio supiera que su hermano Carlos estaba tirando tiros
dentro de Palacio actuaría y por mal que lo hiciera con una cuarta
parte de la segunda operación que funcionara sería suficiente para
garantizar el éxito del ataque". Lo que militarmente era posible si
Ignacio hubiera sido capaz de lograr ese mínimo esfuerzo,
verdaderamente no lo fue por su falta de don de mando y de fuerza
moral para ello.
José Antonio citó a reunión a la dirección del Directorio para
considerar este asunto tan delicado y trascendente por tener que ver
con la seguridad del triunfo revolucionario. Debíamos continuar
adelante o cancelar el proyecto para otra ocasión. Pero ante todo se
imponía el cumplir con la misión encomendada de un levantamiento
armado en la capital secundando el desembarco de Fidel, que en aquel
momento era más perentorio por las noticias recibidas, pudiendo estar
en nuestras manos la carta de triunfo de la Revolución. Por otra parte
si desistíamos de la ejecución del plan era como dejar abandonados y
solos a su suerte a Fidel y a los compañeros que se habían batido
durante el desembarco y que continuaban haciéndolo en la Sierra
Maestra.
No se detienen los planes
Y parecería que lo hacíamos para siempre, ya que paralizar el
proyecto de atacar Palacio y desencadenar la lucha armada en las
calles de La Habana para reordenarnos después, cuando estábamos como
quien dice a mitad del camino: los combatientes acuartelados, las
armas en movimiento, los planes discutidos, los lugares clandestinos
no ya tan secretos y los inevitables comentarios sobre lo que había
pasado si así se decidiera, representaría provocar una ofensiva
represiva de la tiranía con lo peor, la ocupación de las armas y otros
golpes a la organización secreta.
Por tanto José Antonio apoyado por la mayoría acordó continuar en
nuestros planes aunque significara nada más que una batalla dada en La
Habana por la Revolución. Pero si triunfábamos había que tomar las
medidas que garantizaran el verdadero triunfo de la Revolución para la
toma del poder. Para ello ya habíamos alertado que no aceptaríamos
golpes de Estado y que el Ejército tendría que rendirse o incorporarse
a los revolucionarios en la lucha de ciudad. Calculamos que
seguramente contaríamos con las fuerzas revolucionarias que se
incorporarían al levantamiento armado, junto al Directorio
Revolucionario, que serían el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en
la Habana, y el Partido Socialista Popular, que aunque en ese momento
no tenía como línea la lucha armada, seguramente se incorporaría ante
la posibilidad de participar en las acciones armadas que podrían
lograr el triunfo de la Revolución. Fidel con sus fuerzas
revolucionarias del naciente Ejército Rebelde, sin dudas, tomaría la
provincia de Oriente y marcharía sobre La Habana.
El Estado Mayor revolucionario radicaría en la Universidad de La
Habana, símbolo de las luchas populares de la FEU. Allí se armarían a
los estudiantes y los obreros para continuar las acciones y dominar
totalmente la capital. También se instalaría un Tribunal
Revolucionario para detener y juzgar a los que pusieran en peligro el
triunfo de la Revolución. Allí estaría como jefe José Antonio
Echeverría hasta que llegara Fidel.
Ese era el pensamiento de José Antonio Echeverría y sus compañeros
del Directorio Revolucionario.
La caída del líder
Precisamente cuando le di a José Antonio el último parte el día 13
de marzo a las once de la mañana, en que le informaba que estaba
seguro de que la segunda operación de apoyo al Comando de asalto no
funcionaría, él decidió hacerse cargo de la misma personalmente. Esa
decisión de José Antonio habría cambiado la situación, pues allí
estaba en una calle al costado de Palacio un camión con la mitad de
las armas asignadas para la segunda operación y en el Paseo del Prado,
concentrados los combatientes que esperaban esas armas para cumplir su
misión. La presencia de José Antonio habría cambiado la suerte de ese
día, pero su coraje era demasiado e indignado, entabló lucha con una
perseguidora que se atravesó en su camino, cayendo en combate.
Al llegar a la Universidad recibí aquella lacerante noticia;
exhorté inmediatamente a los compañeros a rescatar su cuerpo. Ellos me
dicen que ya no estaba en el lugar, que estaba herido en una casa que
no se sabía, en los alrededores de L y 27. Tiempo después me
comentaron, el doctor Argudín y los entonces estudiantes de medicina
del Hospital Calixto García, Rodrigo Álvarez Cambra y Justo Piñeiro
Fernández, que había ido una ambulancia para rescatar el cuerpo,
aclarando este último que al llegar al lugar se presentó una
"perseguidora" de la policía y un cabo increpó a los compañeros en
forma amenazante; por lo que un sargento les aconsejó que se fueran
porque el cabo acababa de matar a un transeúnte en la calle Ronda. Por
eso hay dos fotos de José Antonio: una de lado y otra boca arriba,
pues al parecer la policía lo movió.
Balance de las operaciones
Del balance del plan de aquel día, se obtuvo el resultado de que en
la ejecución de las operaciones que estuvieron bajo la organización y
control del Directorio, se mantuvo el secreto para la sorpresa y se
realizaron exitosamente: el comando de asalto al Palacio Presidencial,
tomando dos pisos, planta baja y primer piso, disponiéndose al asalto
del tercer piso; la toma de Radio Reloj y la alocución al pueblo de
José Antonio interrumpida por un atemorizado empleado desde un lugar
muy lejano, "Televilla" en las afueras de La Habana, pero después de
darse las noticias necesarias sobre los hechos que estaban
desarrollándose y la ocupación de la Universidad por un pequeño
comando, con una baja de la Policía Universitaria.
Sólo había quedado sin efectuarse la segunda operación de apoyo al
comando de asalto, producto como se sabe de la traición de Ignacio
González complicado con la pandilla del jefe gansteril Eufemio
Fernández, los "auténticos" del ex presidente Carlos Prío, que se
habían infiltrado en nuestros planes, para hacer lo mismo que aquel 4
de Agosto de 1955, en que cómplices de Carlos Prío en su componenda
con Batista para su regreso, esta misma calaña de Eufemio Fernández y
su gente, traicionando a Menelao Mora, entregaban las armas y a los
complotados a los cuerpos represivos, frustrando ridículamente un plan
de ataque a Palacio con la degradante confesión de Eufemio Fernández
al decir: "Yo prefiero un baño de mierda vivo que un baño de rosas
muerto."
La responsabilidad de los traidores se haría más evidente después
de los días siguientes del 13 de Marzo, cuando se vio a Ignacio
González protegido por Eufemio Fernández en su cubil de Costa Rica y
por Eloy Gutiérrez Menoyo en La Habana y de nuevo, después del triunfo
de la Revolución, paseándose por las calles, como cuando juntos
Eufemio, Ignacio y Eloy, visitaban a Miguel Ángel Quevedo en la
Revista Bohemia, cuando aparentaban ser revolucionarios.
La magnitud material de la criminal traición estaba representada
por los recursos en armas y humanos que fueron sustraídos del combate:
dos camiones con unas 25 armas "pesadas", como les decíamos a las
ametralladoras cal.30, fusiles antitanques, fusiles ametralladores,
más los fusiles de apoyo que fueron abandonados próximo a Palacio y en
Luyanó, más una ametralladora cal.50 montada en una camioneta, en
Prado esquina a Virtudes, sin haber disparado un solo proyectil y en
las inmediaciones, sin conocer los lugares donde estaban aquellas
armas, las manos de los que serían cientos de combatientes de La
Habana que se habrían abierto para empuñarlas y tuvieron que cerrarse
indignadas.
Reaparecería de nuevo la traición, cuando algunos compañeros que
fueron miembros de la organización en La Habana, cometían el error de
introducir en la misma a Eloy Gutiérrez Menoyo, sin mérito
revolucionario alguno en el Directorio, ni en ninguna otra parte, a
espaldas de la aprobación de nuestra Dirección, para provocar con ello
que surgiera de nuevo la ponzoña de la traición, esta vez clavada por
Eloy en el seno del Frente guerrillero del Escambray, traicionando al
Directorio Revolucionario con la complicidad de Carlos Prío, ambos
testaferros de la CIA.
La oreja de la traición que apareció por primera vez en la segunda
operación no tendría jamás poder para detener la marcha de la
Revolución.
El espíritu irredento de Fructuoso Rodríguez
Fructuoso Rodríguez, perseguido junto a sus compañeros
sobrevivientes, prácticamente sin refugio seguro, se había reunido
para analizar los hechos que he relatado, en medio del dolor por los
caídos y con el eco de los disparos aún en los oídos, analizando cada
detalle, para redactar un documento dirigido al pueblo y otro donde se
registra y hace público también, las medidas disciplinarias tomadas
para sancionar a los traidores.
Proclama la línea a seguir, que es la de ir de nuevo al ataque,
prohibir el asilo, como única conducta posible de merecer el honor de
seguir a José Antonio, contribuir a la guerra de guerrillas iniciada
por Fidel y secundarla, abriendo un Frente guerrillero en las montañas
de El Escambray.
Reorganizar la marcha profundamente leales al pensamiento único de
unir, unir y unir, al costo que sea necesario, para evitar grietas que
pongan en peligro la Revolución.
A partir de aquel día, al nombre del Directorio Revolucionario se
le agregó la fecha del 13 de Marzo, en honor de los compañeros que
cayeron en las acciones y como salvaguarda de que la fecha sagrada no
sea usurpada para fines innobles.
No tuvo tiempo para más, pues el 20 de abril en unión de los
compañeros Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado Rodríguez y Joe
Westbrook Rosales, totalmente desarmados, caían asesinados por las
hordas criminales de Esteban Ventura Novo. Así terminaron las acciones
insurgentes del 13 de marzo, aquel 20 de abril con 29 de sus
combatientes caídos, más Mario Reguera y Pedro Martínez Brito, al año
siguiente, para llegar entonces al número de 31 de los combatientes de
aquel día, caídos en aquella fecha y posteriormente asesinados,
formando parte del torrente de mártires de la Patria y la Revolución.
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COMBATIENTES CAÍDOS EL 13 DE MARZO DE 1957
José Antonio Echeverría Bianchi.
Ramón S. Alfaro Betancourt.
Luis Felipe Almeyda Hernández.
Ormani Arenado Llonch.
José Briñas García.
Mario Casañas Díaz.
José Castellanos Valdés.
Adolfo Delgado Rodríguez.
Ubaldo Díaz Fuente.
Enrique Echevarría Acosta.
Pedro Esperón Delgado.
José Luis Gómez Wangüemert.
Carlos Gutiérrez Menoyo.
Norberto Hernández Nodal.
Reinaldo León Llera.
Gerardo Medina Cardentey.
Menelao Mora Morales.
Pedro Nolazco Monzón.
Eduardo Panizo Busto.
Celestino Pacheco Medina.
Carlos Manuel Pérez Domínguez.
Evelio Prieto Guillama.
Abelardo Rodríguez Mederos.
Pedro Téllez Valdés.
Pedro Zayden Rivera. |
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Combatientes caídos con posterioridad
HUMBOLDT 7 (20 de abril 1957)
Fructuoso Rodríguez Pérez.
Juan Pedro Carbó Serviá.
José Machado Rodríguez.
Joe Westbrook Rosales.
10 de julio 1958
Pedro Martínez Brito.
20 de abril 1958 Mario Reguera. |
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VÍCTIMAS DE LA POBLACIÓN CIVIL
José Manuel Hernández León
(miembro del Directorio asesinado ese día).
Pelayo Cuervo Navarro.
Peter Corenda (turista).
Orlando Morales.
Eduardo Domínguez Aguilar.
Ángel González González.
Antonio López Camino. |
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