51 Años después

Lo conocí hace poco más de 30 años, en México. Entonces, lo que me motivaba era el afán periodístico de desentrañar todo el vínculo con Fidel y los preparativos de la expedición de aquel mexicano dueño del Granma, del que no sabía ni su nombre, solo el apodo, El Cuate.

Su sencillez y modestia le son innatas, pero vive orgulloso de sus nexos indisolubles con Cuba.

Guarda consigo trascendentes tesoros que lo unen y unirán hasta el último de sus días a Cuba, a la Revolución, a Fidel...

No por casualidad ni cortesía ha recibido importantes reconocimientos y se le recibe en Cuba, siempre, como a un compañero de lucha. Los más recientes, la Orden de la Solidaridad, conferida por el Consejo de Estado en enero pasado en ocasión de su cumpleaños 80, y la carta de Raúl recibida en esos días: "Aprovecho esta importante celebración para agradecerte el apoyo y la colaboración brindados a nuestra Revolución y su Ejército Rebelde, desde los mismos inicios de su gestación, demostrando en todo momento gran lealtad, solidaridad y amistad hacia nuestro pueblo".

Hoy, máxime si estamos en el año en que celebraremos el aniversario 50 del desembarco del Granma, sigue siendo un objetivo preciado por cualquier periodista, pero es, sobre todo, un amigo al que admiro por su fidelidad sin límites... Por eso, esta nueva entrevista

Foto: TUBAL PÁEZ¿Volvería a hacer lo mismo que hizo hace 51 años, si Fidel llegara a la armería y le hiciera la misma pregunta: ¿Tiene acciones de mecanismos belgas?

Lo haría con más gusto, con más entusiasmo, invertiría más esfuerzos. Si hace 51 años me entregué, como decimos coloquialmente, en cuerpo y alma, ahora sería igual, sin pensarlo, ¡sin pensarlo!

En aquel tiempo, poco después de nuestro primer encuentro, posiblemente algo pensé: ¿cómo era posible que él declarara que en 1956 iban a ser libres o mártires? Eso me preocupaba, me daba miedo, me espantaba, porque ya sabía que nos iban a estar esperando, y digo esto porque acuérdate que yo iba a ser otro miembro de la tripulación, otro expedicionario. No me hacía dudar, pero sí me preocupaba y me hacía tomar más precauciones.

Y, bueno, si entonces tuve confianza en él, ahora, después de tantos años, que ha demostrado no defraudar esa confianza, por el contrario, ha hecho más y ha crecido más de lo que todos pensábamos, pues sí, si se presentara la oportunidad de colaborar con el Comandante Fidel Castro, no lo pensaría dos veces y lo haría yo mucho más consciente.

Y en su caso, que pensaba ser expedicionario y Fidel le dio otra misión, que se sintió mal cuando supo que no iba en la expedición, a 50 años... ¿todavía piensa que era más útil ir en la expedición?

Indudablemente que fui más útil no siendo expedicionario, no yendo a la Sierra, eso es un hecho... Él me lo dijo: "Allá serás otro soldado más". Pero aún hoy, hablando egoístamente, yo sí hubiera querido ir en la expedición, sí hubiera querido ser otro soldado, porque realmente, mi entrenamiento desde niño con el manejo de armas, mi condición física —era un buen deportista— y la rebeldía que siempre tuve, los iba yo a aprovechar bien en la Sierra, me hubieran ayudado mucho. Pero reconozco y acepto, que él tuvo razón —él siempre tiene razón como lo ha demostrado—, que fui más útil, que hice más estando fuera de la Sierra, fuera de Cuba, que siendo otro soldado más en la Sierra, aunque hubiera sido un soldado capaz..., y creo que aproveché el tiempo y ayudé a los que luchaban en la Sierra, hasta que pude, porque luego, acuérdate que me metieron preso...

El Cuate ha estado siempre con la Revolución y la ha seguido día a día, aún físicamente en la distancia. La sigue por las noticias —son las primeras que busca en los diarios y los noticieros—, por libros, en sus frecuentes contactos con la Embajada cubana, en sus viajes a Cuba y en visitas que le hacen amigos cubanos... "Creo que no ha pasado un día, sin exagerar, en que yo no haya estado pendiente, al tanto, vigilante de la Revolución... La Revolución ha evolucionado a pasos agigantados, sobre todo últimamente, científicamente, y es mucho lo que ha avanzado y ganado el pueblo cubano, con todo y el bloqueo, con todo y la libreta, con todo y el periodo especial, con todo y el diablo... El pueblo de Cuba está mejor que cualquier pueblo de América Latina, desde el río Bravo para abajo... Me emociona mucho cualquier buena noticia de Cuba: sus victorias en los Juegos Olímpicos, sus avances en tecnología, y, sobre todo, ¡sobre todo! los discursos del Comandante, esos me emocionan tremendamente, porque él le dice pan al pan y vino al vino y, lo más importante, porque ve por Cuba y punto. Ve por ti, ve por mí, ve por 11 millones de gentes..."

¿Cómo ve el Granma 50 años después, como símbolo, como el hecho que fue para la Revolución?, ¿cómo lo ve desde el punto de vista de su aporte personal?

El Granma se puede considerar que fue un medio, aunque actualmente es un símbolo, pero yo siento que si no hubiera habido Granma, si no hubiera habido Cuate, el Comandante Fidel Castro llega a Cuba en el 56 como fuera, en lo que fuera... El Granma pues, hasta cierto punto, fue una ayuda, pero no fue más que una ayuda..., realmente no creo que fue básico, fundamental... El Comandante llegaba a Cuba en el 56, porque lo dijo, y te repito que a mí eso me ponía la carne de gallina... Yo pensaba: si yo me ando cuidando hasta de mi sombra y él dice que va a entrar a Cuba en el 56, ¡y ya se está acabando el 56!, nos van a estar esperando hasta con piedras en toda la costa... Si se quiere decir que el Granma lo llevó, que el Granma facilitó su viaje a Cuba, bueno, pues sí, no se puede negar porque es una realidad, pero de que llegaba, llegaba.

El Cuate ha recibido importantes reconocimientos en los últimos años, y ha sido invitado a las principales actividades relacionadas con el Granma y con la misma Revolución. ¿Significado? "Por un lado es satisfactorio y me siento muy honrado... pero, lo veo y lo siento como parte de mi vida, date cuenta, son 50 años de mis 80 ligado a Cuba... y desde que llego al aeropuerto pues ya estoy en mi casa... Sí, ni se pregunta, después de estos 50 años seguiré ligado a la Revolución cubana cada día más, si es posible ¡cada día más!..."

A escasos meses de la celebración del aniversario 50 del desembarco del Granma, ¿qué le diría a Fidel desde la ciudad en que se conocieron hace 51 años?

Como el Comandante dijo en el XX aniversario, "con la experiencia de 20 años y el entusiasmo del primer día". ¿Qué le diría?, que yo, como el primer día, que estoy con él pero con más conciencia, que cuenta conmigo como el primer día en que nos encontramos, cuando a los primeros 3-4-5 minutos de haberlo conocido, me puse a sus órdenes, sin saber quién era, ni para qué quería aquellas acciones de mecanismos belgas...

A propósito, y es una curiosidad de tres décadas, ¿qué vio en aquel hombre para ofrecerle su ayuda y ponerse a sus órdenes en tan pocos minutos?, y aún después de saber quién era y para qué quería las armas, conociendo que usted era apolítico, no conocía de Cuba y mucho menos quién era Fidel, ¿qué lo indujo a continuar colaborando con él?

La más franca respuesta a la primera sería no me preguntes por qué, pues no sabría qué decir... pero también he pensado. Quizás, como conocía mi negocio, tenía bastantes años de experiencia en la venta de armas, conocía a la gente que entraba allí, me dije: "Este señor no es un cliente cualquiera...", y en lugar de venderle, en lugar de hacer negocio, en lugar de actuar como un vendedor, porque eso era yo, me puse a sus órdenes...

¿...intuición...?

No hay dudas que aunque no lo sabía, era Fidel Castro... Creo que un factor preponderante, indudablemente, fue su actitud, porque yo le pedía que me repitiera la pregunta de lo que quería, y no tengo tipo de tarado ni soy idiota, y me repetía lo mismo. Yo se lo pedía una y otra vez porque quería que me dijera algo más. Pensé: tiene razón, porque lo que yo debía haber dicho era "y qué va a hacer con eso"... Pero como me impresionó, me ataranté... y a la segunda vez lo llevé a mi despacho privado, con intención de que allí, en más confianza, ante la misma pregunta me planteara algo más, y nada, la misma respuesta, el mismo tono de voz, sin agregar una coma ni un punto. En fin, que me dije "No, esto no es común y corriente, es algo especial", y dicho y hecho, no le contesté que tenía lo que quería, que valía tanto, ni le vendí nada. Todo lo contrario: "Señor, no sé quién será usted, pero si usted quiere yo lo ayudo". Yo no era psicólogo, no era profesionista, no había terminado la carrera, ni noticias leía en los periódicos, solo era un vendedor de armas... a lo mejor puedo haber sido un poco psicólogo, e intuir la grandeza del hombre que tenía frente a mí... es lo único que te puedo decir...

¿Que por qué seguí colaborando después que supe? Imagínate... ¡era Fidel Castro...!

Antonio del Conde, El Cuate de la expedición

 

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