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Apreciación popular
Pastor
Batista Valdés
LAS
TUNAS.—Como mismo habrá que felicitar siempre a quienes dieron
luz un día, desde aquí, a la Jornada Cucalambeana (suprema
festividad de la cultura y tradiciones campesinas en toda la
nación), también merecen respetuosa reverencia los que iniciaron,
por Puerto Padre, un modo competitivo y fraternal, educativo y
popular de apreciar y entender, debatir y valorar el arte y la
producción cinematográficos.
Después de 13
ediciones, y extendido al país, el Festival Cinemazul tiene la
virtud de abrir cada vez más horizonte a una Ola (así se denomina
su más codiciado premio) de aficionados al séptimo arte que,
agrupados en cineclubes, prueban y comprueban, muestran y demuestran
cómo, sin ser especialista, cualquier persona puede apreciar y
enjuiciar mucho mejor los códigos formales y el contenido de una
cinta cinematográfica.
Pero no solo en esa
dirección abre caminos el evento. Actividades que pudieron haber
quedado atrapadas en el reducido "largo por ancho" de una sala
semioscura, trasladan ahora hacia barrios y comunidades de la ciudad
y del campo, centros de trabajo, escuelas, hospitales y otras
instalaciones de Las Tunas, Manatí y Puerto Padre, un
acontecimiento cultural único en Iberoamérica.
Ayer, un entrañable
hermano de profesión me preguntaba qué ha aportado el Cinemazul y,
a lo dicho, debo sumar otra razón: no en muchas partes del mundo
las estrellas bajan a tocar y a besar los pies del mismo pueblo que
alimenta su luz.
Así se torna la
presencia física de personas como Enrique Pineda Barnet (Premio
Nacional de Cine), intercambiando con gente de barrio; el eterno
creador y realizador Juan Padrón, rodeado de niños que admiran y
adoran al personaje Elpidio Valdés o Juan Carlos Cremata, a quien
el terrorismo no pudo matarle la ternura junto a su padre (asesinado
en el sabotaje al avión de Cubana, octubre del 76) y hoy se empeña
en magníficas creaciones como Viva Cuba, presentada
por él durante estos días aquí.
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