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Provechoso uso de
salas de televisión en zonas rurales
Orlando
Guevara Núñez
SANTIAGO DE CUBA.—Más
de 53 000 personas disfrutan de los beneficios de las 412 salas de
televisión radicadas en los más apartados lugares de Santiago
de Cuba, entre ellas localidades montañosas donde no ha
sido posible llevar la electricidad por medio del Sistema
Electroenergético Nacional y existen las llamadas zonas de
silencio.
Las salas se convierten en espacios donde se promueve la cultura.
Atendidas por 1 872
trabajadores —el 56% son mujeres— muchas de estas instalaciones
han sido equipadas con celdas fotovoltaicas, y su quehacer las
convirtió en verdaderos centros promotores de cultura, mediante la
presentación de programas televisivos, y la facilitación de la
lectura, pues cuentan con bibliotecas familiares.
Con el propósito de
contrarrestar las zonas de silencio, los programas de televisión y
videos son grabados y llevados a estas salas en casetes.
En tales instalaciones
comenzó, además, el servicio de rehabilitación de pacientes,
quienes ahora no necesitan recorrer largas distancias para ser
asistidos, y son visitados en sus propios hogares por los técnicos
que mantienen actualizado el control y diagnóstico.
La efectividad de esta
revolucionaria forma de llevar la información y la recreación
contribuye también al mejoramiento de la convivencia social y la
disminución de comportamientos negativos.
Un aspecto importante es
la preparación de los trabajadores de estas salas, pues además de
los cursos de superación política, de dirección y técnicas, 345
de ellos cursarán estudios universitarios en Comunicación Social,
Sociología, Derecho, Psicología, Estudios Socioculturales, Cultura
Física, Contabilidad, ingenierías Agropecuaria e Industrial. |