Guerrilleros del volante

Si en cualquier carretera del país usted ve una rastra perteneciente a la empresa Cítricos Caribe, de Ceballos, déle paso que andan cargadas de eficiencia

Ortelio González Martínez
FOTOS: JOSÉ DE LA ROSA

CIEGO DE ÁVILA.— Acabo de convencerme de que estos hombres son guerrilleros del volante, de los que pasan días, meses y años en las carreteras cubanas. Y lo más importante: en esa lucha constante entre el hombre y el timón, casi siempre ha vencido el primero.

El Capitán acaba de llegar y se
 apresta para el próximo viaje.

En los millones de kilómetros recorridos durante más de ocho años, los choferes de la base de transporte Cítricos Caribe, de Ceballos, solo han tenido un accidente del tránsito. Hace poco recibieron un diploma de la Comisión Provincial de Vialidad y Tránsito por su destacada labor.

Tan importante como lo anterior, es la labor que realizan. Son los encargados de la transportación de jugo concentrado de naranja, aceites esenciales, jugos simples y frutas para la exportación, o con destino a la Empresa Industrial del Cítrico de Ceballos.

A esos caminos largos, en días calurosos y noches bien oscuras, están acostumbrados los choferes, quienes siempre ponen por delante la eficiencia del colectivo. En el año que acaba de concluir, las 12 rastras Scania rodaron 
1 160 745 kilómetros y transportaron más de 54 000 toneladas. Muestran un coeficiente de disponibilidad técnica superior al 89% y el pasado año economizaron, respecto al 2003, unos 4 500 litros de combustible.

¿Quiénes son, en realidad, algunos de los protagonistas de la eficiencia cotidiana de esta base?

Pedro Julio Miranda, el mecánico de jornadas interminables, el hombre que el día de la visita de este reportero llevaba más de 24 horas entre los hierros del taller.

"Yo aquí hago de todo, lo mismo `mecaniqueo' que limpio el taller. Vivo cerca de la base. De un chiflido que me den, vengo y cojo las herramientas y hasta que no termino no me detengo."

Cualquiera puede decir algo de Pedro Julio y nunca para hablar mal. Lo confirma Orlando Suárez Pino, director de la base: "Es el mejor trabajador, el alma de las Scania, sin restarles méritos a otros, porque aquí todos hemos aprendido que en la unidad está el éxito".

Pedro no cree en que las soluciones caen del cielo.

Pedro Julio se consagró hace como tres años, cuando La Moñúa (nombre por el cual llaman a una rastra) se resistió a llegar a la base y quedó "herida de muerte" en Pinar del Río.

"Cuando me lo dijeron, lo primero que hice fue desarmar y armar un motor en el taller. Fui a donde estaba, la arreglé y, cargada hasta el tope, llegó a la base. Después continuó por las carreteras del país.

"Ahí comencé a sentirme importante, orgulloso de mi oficio. Sin creerme el mejor, conozco a las Scania como a la palma de mi mano."

Otro que bien anda detrás del timón es El Capitán. Humberto Segarra Villar es su nombre. Después de permanecer 33 años en el Ministerio del Interior, decidió "hacerse a la carretera", esta vez en la rastra. Es el único Vanguardia Nacional del colectivo. Con casi 60 años de edad, aleja el retiro y solo piensa en conducir con extremo cuidado. "Quiero jubilarme un día, pero sin accidentes", dice.

Es doblero, nombre que le dan a los arrastres detrás del remolque. "Me siento bien en los dobles. Son como 30 metros de rastra. Miras por el espejo y te parece que la punta está como a un kilómetro de ti. Ahora en vez de 30 toneladas, en cada viaje trasladaré 60. Eso es lo que necesita el país".

No imagino cómo Eladio Gómez Hernández —a buen ojo: 1,55 metros de estatura, flaco, débil en apariencia— puede dominar a una de estas rastras. "Tengo más kilómetros recorridos que una aeromoza horas de vuelo", comenta jocosamente. Lleva 34 años de lidia con estos equipos, sin accidentes del tránsito; tiene dos misiones internacionalistas en Angola y en su haber posee lo que siempre lo conmueve y tiene presente: "un diploma firmado por Fidel".

Estando en Angola subió la loma de La Leva, una de las obras de ingeniería vial más complejas del mundo, célebre para cualquier chofer. En los últimos meses ha subido y bajado La Farola en ocho ocasiones.

"A 20 kilómetros de velocidad, no más. Uno no debe olvidar que casi siempre el pavimento en esos lugares es resbaladizo. Es como ir montado encima del diablo."

Según precisiones de Orlando, el director, con el objetivo de ganar aún más en eficiencia, en los próximos días deben alistar dos rastras dobles, una de las cuales trasladará las frutas desde la empresa de Cítricos Ceiba, en La Habana, hasta Ceballos.

"Sería un buen comienzo. Este año debemos transportar 50 000 toneladas. Contamos con los medios, y lo que es más importante: la disposición de un colectivo que no por gusto lleva seis años con la condición de Vanguardia Nacional."

 

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