| Economía que pasa a tiempo de guerra
Atando clavijas contra reloj
María
Julia Mayoral
Los integrantes del Consejo de
Defensa Municipal de Jaruco tienen las horas contadas para lograr el
paso de la economía del territorio a tiempo de guerra. Traen en sus
mentes y en papeles los datos frescos de la vida en el territorio,
cada cual con el dominio que hace falta para responder por las
actividades a su cargo.
Con el desarrollo de la agricultura hasta en zonas urbanas cada territorio está en mejores condiciones para enfrentar los rigores de la guerra.
Deben ser capaces de ejecutar las
órdenes recibidas en un plazo que los pone a todos en tensión, a
ese rigor los convoca el Ejercicio Estratégico Bastión
2004.
En el pueblo la vida transcurre como
de costumbre, pero los principales cuadros del Partido y del Poder
Popular, y numerosos dirigentes administrativos no se hallan en su
faena habitual. Como integrantes del Consejo de Defensa y de sus
grupos de trabajo, están obligados a actualizar con el máximo
rigor los planes que sistemáticamente perfilan para asegurar la
producción de alimentos, el suministro de agua y combustible, los
servicios de salud, educación, transporte..., la confección de
ropa, el quehacer de las lavanderías, la conservación de la
comida, la desconcentración de los suministros... , en condiciones
excepcionales como las que impondría un conflicto bélico provocado
por la agresión del enemigo.
En el grupo de trabajo
económico-social del Consejo discuten en detalle las medidas
organizativas y de movilización, económicas, financieras y
técnico-materiales que deberán preservar la vida de la población
y respaldar la lucha armada. Analizan, entre otras particularidades,
los cambios en estructuras y funciones que pondrán en práctica
para sostener la economía durante la guerra.
Pasan de las cuestiones generales a
los detalles. Así cada asunto toma cuerpo en las misiones
encargadas a cooperativas, campesinos, dueños de parcelas
incorporados al movimiento de la Agricultura Urbana, a la imprenta y
la tintorería principal del asentamiento, a la organización
básica eléctrica, el taller de confecciones textiles, los
almacenes de alimentos, las tiendas, el policlínico.
Es un engranaje que se reproduce en
cada Zona de Defensa, donde también los órganos de dirección
precisan planes. Pero el entrenamiento no queda ahí, llega hasta
hombres y mujeres en sus puestos de trabajo. Por esa razón en el
taller de confecciones puntualizan cómo trabajarían cuando falte
el fluido eléctrico y haga falta crear pequeños centros de costura
en casas y otros inmuebles, y en la imprenta del pueblo los
veteranos mimeógrafos desprovistos del suministro energético, son
operados manualmente, probando también que hasta los viejos equipos
estarán listos para la guerra popular prolongada hasta vencer al
enemigo si cometiera el error de invadir a Cuba.
Nota Informativa
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