Cinco
años se cumplen este 12 de septiembre del encarcelamiento en
Estados Unidos de los luchadores antiterroristas Antonio Guerrero,
Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René
González, quienes con su ejemplo han demostrado que resistir
equivale a vencer.
Luchar para detectar y prevenir las
acciones terroristas de la mafia anticubana, activa en Miami con la
anuencia de las administraciones norteamericanas que se han sucedido
desde el triunfo mismo de la Revolución, ha sido el presunto delito
de estos patriotas cubanos.
Amañados procesos judiciales, en los
que la intencionalidad tenebrosa del terrorismo ha desempeñado un
papel importante, junto a políticos corruptos, determinaron
diversas arbitrariedades para que la injusticia aún prevalezca,
amparada en el silencio cómplice de la gran prensa transnacional.
Esa realidad se mostró más evidente
cuando el actual jefe de la Casa Blanca, W. Bush, se adueñó del
poder en 2000, gracias al decisivo desempeño en los fraudes
electorales de los enemigos de la Isla en el sur de la Florida.
A los medios de difusión masiva a
escala planetaria les fue imposible ocultar el escándalo, a pesar
del concertado manto de pudor con el que los representantes del
bipartidismo estadounidense trataron de cubrirlo.
En pago a los favores recibidos, la
administración de EE.UU. arreció las medidas represivas contra la
Isla y los Cinco Prisioneros Políticos Cubanos en sus cárceles, a
quienes sometió a todo tipo de vejámenes, desde ubicarlos en
celdas de castigo durante prolongados períodos y entorpecerles al
máximo las apelaciones jurídicas, hasta prohibirles las visitas a
algunos de sus familiares.
Los verdaderos terroristas, cuyas
principales bases de dirección y operativas siguen radicando en
Miami, ejercen ahora un manifiesto chantaje electorero con vista a
los comicios presidenciales del próximo año, en los que amenazan
no respaldar las aspiraciones reeleccionistas de W. Bush si este no
los complace en sus reclamos anticubanos.
El 20 de junio de 2001, el pueblo de
las Mayor de las Antillas conoció del encarcelamiento de Antonio,
Fernando, Gerardo, Ramón y René. El Presidente Fidel Castro por
esa fecha aseguró, con plena convicción, que ellos volverán a
la Patria.
El día 17, los inculpados dirigieron
un mensaje a los estadounidenses en el que expresaban: "No
transgredimos ni pusimos en peligro la seguridad del pueblo
norteamericano y sí contribuimos en alguna medida a descubrir
planes y acciones terroristas contra nuestro pueblo, evitando la
muerte de inocentes cubanos y norteamericanos".
A partir de entonces, la solidaridad
con los Cinco creció progresivamente dentro y fuera de Cuba. Hoy
suman más de 200 los comités activos en los cinco continentes.
Desde sus sitios de encierro, ellos
con su ejemplar conducta, han trascendido el tiempo para
multiplicarse en millones de seres humanos, que en lenguas diversas
proclaman las razones de su inocencia y contribuyen a romper el
bloqueo informativo.
Esas personas utilizan comunicaciones
por Internet, llamadas telefónicas, foros internacionales,
mítines, la conversación cotidiana, el boletín de la escuela, el
periódico local y la autoridad de personalidades que explicitan su
pensamiento honesto, mediante el cual refutan infundios y subrayan
verdades que ni la gran prensa puede ya ocultar. Es la
globalización de la solidaridad.
Después de pasar 17 meses en
"el hueco tenebroso", como nombran los reclusos a la celda
de castigo, Ramón escribió la primera carta a su esposa Elizabeth,
en la que le dice: "En los momentos más difíciles, en la
soledad más extrema, cuando extrañábamos hasta la voz de un ser
humano, siempre te tuve y, sin falta, eternamente siempre a mi lado,
también, estaba mi madre. Estaban todos, mis hijas, mis seres
queridos, y amigos, y en lugar cimero esa madre primera a la que
todos nos debemos: mi Patria".
El encierro ha sido y aún puede
seguir siendo muy duro. La injusticia todavía cuenta con
tentáculos poderosos. Pero en los Cinco Héroes Cubanos la razón
de amar trasciende metáforas y deviene expresión misma del
espíritu humano.
A la distancia física de un lustro,
ellos resisten y saben que desde su oscuro rincón terrenal,
vencedores, forman parte de la misma luz presente en las cinco
puntas de la estrella refulgente sobre el rojo de la bandera
tricolor. (AIN)