El sostén del bosque

RONAL SUÁREZ RAMOS

PINAR DEL RÍO.— Las plantaciones forestales que pueden verse al transitar por la provincia, sobre todo por la zona montañosa, no han crecido por arte de magia, son el fruto del persistente trabajo.

Foto: DIEGO ESTRELLAJulia Socarrás fue la trabajadora más destacada del primer trimestre en el vivero.

Esos bolos de pino que llevan a los aserríos tienen una historia que comenzó hace más de 30 años, cuando en algún vivero se colocó la semilla en una bolsa de polietileno repleta de materia vegetal.

Uno de esos centros, donde se cuida la pequeña planta hasta que alcanza entre 12 y 18 centímetros de altura —talla adecuada para el trasplante—, radica ahora en Marbajita, municipio de La Palma, precisamente donde existió una de las mejores masas semilleras de la provincia, devorada por un incendio hace algunos años.

Situada en una hondonada que bordea el arroyo que le facilita el riego por gravedad, el vivero, visto desde lo alto, parece un jardín digno de figurar en una postal turística. En su interior la belleza se acrecienta con la dedicación de su colectivo de solo seis trabajadores, quienes hacen de la eficiencia algo cotidiano.

ALTA PRODUCTIVIDAD

Armando Ávila, el administrador, considera la vinculación al área como esencia de la alta productividad por ellos alcanzada, y para ello saca sus cuentas: las 760 000 plantas de pino en vivero allí, por norma necesitarían unos 15 trabajadores, de manera que ahorran más de la mitad de la fuerza de trabajo.

Ellos dividieron el vivero en seis pequeñas parcelas y cada trabajador asumió la suya. De acuerdo con la atención que le dé, así es el salario que cobra mensualmente; y según los resultados finales, cuando ya los pinos han sido llevados al campo y plantados, recibe la estimulación.

Armando mostró un área donde crecen las posturas de guayaba, mango, aguacate, naranja y otros frutales, las cuales son entregadas a la granja urbana de La Palma para su comercialización a la población, lo que proporciona ingresos extra al centro.

También habló de la recuperación de bolsas de polietileno que llevan a cabo una vez que han sido liberadas mediante el trasplante. El 60%, aproximadamente, de esos pequeños envases se vuelve a utilizar, con lo que le ahorran unos 2 000 dólares a la Empresa Forestal Integral La Palma.

Pero no solo el vivero es importante para garantizar la sostenibilidad de las producciones forestales y el crecimiento de las áreas boscosas.

UNA FAMILIA FORESTAL

La búsqueda de métodos que propicien la protección y atención integral del bosque, ha llevado a la creación de las fincas forestales, de las que ya existen 104 en la provincia.

Emidel Valle, un joven de 24 años de edad, se asentó junto a su esposa Dianelys en la finca Flores Cruz hace poco más de cinco meses. Ambos reciben salario por atender 203 hectáreas de plantaciones en desarrollo en la zona de Cajálvana.

Sobre una meseta desde donde se domina el paisaje boscoso que se interna en la costa Norte, les construyeron la casa de madera, tejas de fibra y piso de cemento, con todas las condiciones para vivir decorosamente.

Y aunque su objeto social es asegurar el mantenimiento de la plantación, protegerla de posibles taladores furtivos, hacer trochas cortafuego y tomar otras medidas preventivas para evitar incendios, también atienden un módulo de cerdos, aves y carneros con destino al autoabastecimiento familiar y de la unidad silvícola a la que pertenecen.

Cuidar y desarrollar aquella riqueza es la responsabilidad de Emidel y Dianelys, tarea que, según afirman, les gusta y colma sus aspiraciones de constituir una familia forestal.

 

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