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De lo pequeño a lo grande
La profesora Caridad Sanabria, del Instituto Superior Pedagógico para la Enseñanza Técnica y Profesional, propone un acercamiento al impacto de la universalización de la educación
IRAIDA CALZADILLA
RODRÍGUEZ
A
la profesora Cachita le gusta hablar con resultados en mano. Por
eso, aunque en el Politécnico Agropecuario Villena Revolución, en
la capital, solo están insertados 53 estudiantes del Instituto
Superior Pedagógico para la Enseñanza Técnica y Profesional
Héctor Pineda, ella se armó de paciencia, montó una
investigación para los 18 alumnos de tercer y cuarto años de la
carrera de Veterinaria, y cuando le preguntaron en el claustro de
profesores su opinión acerca de los impactos de la
universalización de la enseñanza, mostró cifras y saldos
cualitativos a partir de una encuesta: "De lo pequeño a lo grande,
importa el botón", dijo.
Así le gusta trabajar a
la médica veterinaria Caridad Sanabria Travería, con pleno
conocimiento de lo que sucede en el estudiantado, y 26 años de
ejercicio profesoral en el Héctor Pineda confirman que su método
es bueno: "Quería pulsar el ánimo de los estudiantes ante esta
nueva manera de enfrentar su formación, el cambio brusco que supone
el tránsito de clases diarias en el aula, con conferencias,
seminarios y prácticas, a recibir orientaciones para el estudio de
los contenidos, la exigencia de la labor independiente, y la
preparación profunda que hoy se necesita".
Confía en su memoria: "El
80% de los estudiantes considera que la universalización permite
conocer mejor el trabajo del Instituto Politécnico Agropecuario; el
60, que este sistema de estudio los prepara más sólidamente como
profesores de la enseñanza técnica y profesional; y el 53 cree que
así son más útiles en la formación de los técnicos de nivel
medio veterinarios".
"Es
evidente que estos y otros resultados vinculados con la preparación
de los encuentros, el tiempo de investigación, la exigencia como
profesores, la base material de estudio, y las relaciones con sus
compañeros de cátedra y con los estudiantes, demuestran que la
universalización ha transformado la mentalidad y el modo de actuar
de los alumnos."
DOS QUE DICEN NO Y
SÍ
Ángel Peñalver y
Darián Reyes cursan el tercer año de Veterinaria en el Héctor
Pineda, e imparten docencia en Villena Revolución. Cuando
preguntamos si la universalización es mejor o peor que el
tradicional método de aprendizaje, contestaron que preferían las
clases diarias.
¿Por qué? Ángel
precisa que antes era más cómodo recibir los contenidos. Ahora
tiene más responsabilidades como alumno y profesor al mismo tiempo,
y debe prepararse mucho para no fallarle al grupo que da clases.
Darián confirma lo anterior: "Creo que nos sentíamos más
relajados, más protegidos por los profesores; hoy no podemos quedar
mal con los estudiantes, y constantemente nos preocupamos por la
autopreparación".
Entonces, ¿qué de
bueno hay en esta nueva formación? Retoma la palabra Ángel: "Nos
preparamos más, tenemos un mayor vínculo con los profesores,
conocemos el diagnóstico de cada alumno y estamos casi todo el
tiempo con ellos. Creo que profesionalmente es un saldo superior".
Darián piensa en los por y los contra, y definitivamente da su
respuesta: "En una balanza, me quedo con la universalización".
SIN CANTAR VICTORIA
TODAVÍA
A partir de su
investigación, la máster Caridad Sanabria afirma que el proceso de
universalización influye positivamente en la formación de los
estudiantes del curso regular diurno en la carrera de Veterinaria,
en el Héctor Pineda; y añade que la eficiencia académica y la
solidez de la preparación como educadores se consolida mediante el
trabajo en la sede universitaria.
"Pero
todavía persisten dificultades, sobre todo con alguna bibliografía
que no existe en los centros de documentación, ni la consiguen de
manera personal; y también con el uso de la computadora, pues no
contamos con suficientes equipos para dar abasto a las necesidades
de los estudiantes, aun cuando tenemos el apoyo de la sede. Sin
embargo, puede más el optimismo, porque sabemos que estamos en una
etapa inicial".
Pregunto a la profesora
si está satisfecha con la calidad de los contenidos que imparten
los muchachos. Dice que un pedagogo siempre exigirá más y más a
quienes educa, porque conoce la tremenda responsabilidad que asumen
en la formación de profesionales. Luego termina enfáticamente: "No
se preocupe, la calidad no hay quien la pare. En ese tren nos
montamos todos". |