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Dos juicios en nuestra historia

ENRIQUE MESA

Las más atroces arbitrariedades caracterizaron el juicio que se efectuó en La Habana a los estudiantes de Medicina en 1871, y no pocas de ellas se repitieron casi exactamente, pese a la diferencia de tiempo y espacio, en el proceso contra nuestros compatriotas en Miami.

Foto: AHMED VELÁZQUEZMonumento a los
estudiantes de Medicina.

A los estudiantes se les acusó, originalmente, de profanadores de tumbas y a nuestros compañeros, de espías. Pero luego se les radicó la causa por infidencia, figura delictiva de aquellos tiempos muy abarcadora y que conllevaba hasta la pena de muerte por fusilamiento; canallada semejante se utilizó contra nuestros compatriotas, cuando largos meses después de iniciado el juicio, se les añadió la acusación de conspiración para asesinar, cuya sanción alargaría infinitamente la pena máxima posible.

El elemento que puede calificarse de determinante en ambos procesos fue el ambiente hostil que se creó contra los acusados y que, de hecho, hacía imposible impartir justicia. Contra los estudiantes de Medicina atizaron esa hostilidad los Voluntarios integristas de La Habana y contra nuestros compatriotas, la mafia terrorista de Miami.

Los jefes de los Voluntarios eran gente rica, que amasaron sus fortunas explotando al pueblo cubano. Los jefes de la mafia son también gente adinerada cuyas fortunas, en buena medida, se formaron con los cientos de millones de dólares que año tras año, durante más de cuatro décadas, les han sido entregados por los sucesivos gobiernos norteamericanos en su guerra contra Cuba; millones de dólares provenientes de los impuestos que paga el pueblo estadounidense.

Pero en cuanto a los Voluntarios y la mafia hay que señalar una diferencia: los primeros, si bien eran alabarderos de lo más reaccionario del gobierno de la colonia, al fin y al cabo ellos mismos eran españoles; los mafiosos de Miami, también aliados de los más reaccionarios del gobierno y los políticos norteamericanos, sin embargo nacieron en Cuba, lo que permite calificarlos como alabarderos y traidores, ya que reciben dinero de una potencia extranjera para su labor contrarrevolucionaria.

Otras similitudes: los libelos de Miami contribuyeron decisivamente a caldear los ánimos y crear el ambiente hostil contra nuestros compatriotas, al igual que hicieron los periódicos de la colonia —Diario de la Marina, La Voz de Cuba y La Constancia—, contra los estudiantes en 1871.

En el juicio de ellos y en el de nuestros actuales compatriotas, los tribunales estuvieron integrados por personas prejuiciadas, temerosas, coaccionadas, y los jueces y fiscales no tuvieron nada de imparciales. En ambos casos los encartados eran totalmente inocentes de lo que se les acusaba, pero se les condenó, a unos y a otros, a las penas máximas posibles, sin testigos, sin pruebas, sin siquiera alguna evidencia circunstancial.

Semejanza también tiene, por su crueldad, el trato dado a los familiares en ambos casos: a los estudiantes no se les permitió que ninguno de sus allegados los visitaran, e incluso las autoridades del penal no recibieron los alimentos que les llevaron algunos de ellos; a los Cinco se les obstaculizan las visitas de familiares, pese a que en estos tiempos están garantizadas en las normas carcelarias de todos, o casi todos, los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Fueron semejantes también la premura de los jurados por dar a conocer sus fallos, una vez concluidos los juicios. Con inusual rapidez, tras breves deliberaciones, el jurado de Miami hizo público su veredicto: TODOS culpables, de TODOS los cargos. Así ocurrió con los estudiantes de Medicina cuando, con gran rapidez, se dio a conocer idéntica sentencia: TODOS culpables, de TODOS los cargos. Hay que decir, sin embargo, que los estudiantes fueron juzgados por un Consejo de Guerra, que no fue el caso de los Cinco compatriotas.

Descontando el caso de los estudiantes fusilados, cuya inocencia de los delitos que se les imputaban la ha dado a conocer la Historia, la monarquía española, en cierto modo, se portó mejor de lo que se están comportando las autoridades norteamericanas, pues a los seis meses de la sentencia, el rey Amadeo otorgó el indulto a todos los estudiantes condenados en aquel proceso que, al igual que el de Miami, más que un juicio fue una farsa jurídica, un simulacro de juicio.

 

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