ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La actriz en Thelma y Louise (1991), una de sus películas más recordadas. Foto: Tomada de The Boston Globes. Foto: Tomada de The Boston Globes

Ella, la mayor de nueve hermanos, nació en una familia de Nueva York, el 4 de octubre de 1946, como Susan Abigail Tomalin, nombre con el cual seguramente no le permitirían ni asomarse a 20 kilómetros de Hollywood. El Sarandon, que tampoco era muy cinematográfico, aunque siempre salió ganando, lo obtuvo de su primer matrimonio, con un actor así apellidado.

Susan Sarandon nunca fue bella, en el sentido clásico de la percepción de dicho valor físico en la pantalla. Sin embargo, era inexplicable e inevitablemente sexy, y eso los primeros que se lo supieron ver fueron el australiano Jim Sharman en The Rocky Horror Picture Show (1975) y el francés Louis Malle en Atlantic City (1980), donde su cuerpo huracanaba el deseo de Burt Lancaster.

También le sacaron filo a ese mordiente erótico el británico Tony Scott en El ansia (1983), el estadounidense Ron Shelton en Los búfalos de Durham (1988), y, más que nadie, el mexicano Luis Mandoki en Palacio blanco (1990): puro sexo ella aquí.

Pero, por supuesto, tenía infinitamente mucho más que entregar. En sí había talento, inteligencia, personalidad, magnetismo, múltiples vetas áureas a explorar. Y ahí cumplieron su función, para extraerle ese otro más significativo y a la larga determinante filón, directores como el inglés Ridley Scott (Thelma y Louise, 1991) o el norteamericano Tim Robbins (Pena de muerte, 1995). Por su labor en este largometraje recibió el Oscar a la Mejor Actriz.

Dueña de unas de las miradas más perforantes de la historia del cine norteamericano –aunque en la suya hay más brillo y vida, algo recuerda a la de Bette Davis, a quien encarnó en la primera temporada de la serie Feud–, así como de una voz capaz de acariciar y singularizar, en su cadenciosa escala de tonalidades, sus diálogos en pantalla, la Sarandon es una de esas actrices de cabecera de muchos cinéfilos.

Como se conoce, la intérprete de El aceite de la vida, El cliente, El mejor, El fraude, Romance y cigarros, Mujercitas, The Meddler, Blackbird, Abuelas y La cámara de eco lleva, a la par de su carrera en el cine, la televisión y el teatro, un destacado activismo social.

La artista, quien ha visitado nuestro país, está en contra del bloqueo de su gobierno contra el pueblo de Cuba, lo cual ha hecho público a través de los años. En este 2026, en momentos en que el intento de asfixia de Washington se exacerba, sumó su firma a la de otros reconocidos artistas anglosajones cuando, en febrero, demandaron en carta abierta a Trump finalizar el «cruel asalto» contra Cuba.

«Esta política es inconcebible. Agrava una crisis humanitaria que nosotros mismos hemos creado. Cuba no representa ninguna amenaza para Estados Unidos. Matar de hambre a una población para someterla no es diplomacia, es una forma de terrorismo», consignaba el documento conjunto.

La actriz y activista (según ella, le es más importante lo segundo) exaltó en 2022 la fecunda misión científica de Cuba en la producción de vacunas anti–COVID–19, y recabó el fin del bloqueo genocida a la población de la Isla.

Formó parte del grupo de reconocidos artistas que este año demandó a Trump cesar el «cruel asalto» contra Cuba. Foto: Tomada de Internet

Posicionada en contra de la explotación infantil, las guerras de exterminio yanki, la violencia policial, el racismo sistémico de los Estados Unidos o la inhumana política migratoria de la actual administración, su presencia ha sido permanente en marchas o encuentros en oposición a esos flagelos.

La defensa de la causa palestina –entre sus históricas banderas de lucha– le ha cerrado puertas en Hollywood y le supuso la expulsión de su agencia de representación, algo que no le ha impedido continuar su lucha. Como publicó la prensa, el pasado 24 de septiembre, fue detenida y esposada, junto a otro centenar de personas, en una protesta durante la participación de Benjamin Netanhayu en la Asamblea General de Naciones Unidas.

No fue la primera ni será la última vez. La indoblegable artista, ya octogenaria, seguirá levantando su voz por la dignidad y la justicia.

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