ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
José Luis Cortés. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Entre las glorias de la música cubana, tenemos una personalidad que siempre será recordada por esa impronta juvenil que nunca le abandonó, aunque hoy hubiera cumplido 75 años (5 de septiembre de 1951): el emblemático director de NG La Banda, José Luis Cortés.

El Tosco, sobrenombre con el cual también se le conocía, desde sus inicios en el universo de la música cubana contemporánea como flautista, compositor y director, no pudo dejar de ser polémico en cuanto a su perspectiva de cómo debía sonar la música bailable de su tiempo, irreverencia conceptual que en ocasiones no fue debidamente asimilada por la crítica.

Sin embargo, a diferencia de otros músicos que pretenden romper los moldes establecidos, pero sin nada atrás que los sostenga, Cortés tenía la cualidad de estar acompañado por un impresionante talento que le permitió moverse con igual soltura tanto en el terreno de la música bailable como en el jazz o en la música clásica.

Si bien en su etapa de formación fue miembro de dos instituciones de sólido prestigio como Irakere y Los Van Van, creyó firmemente en la tesis de que cada época necesita de una música bailable propia, que no puede ser la misma de nuestros padres y mucho menos la de nuestros abuelos.

Merecedor del Premio Nacional de Música 2017, Cortés con NG La Banda nos deja clásicos como Santa Palabra, Échale limón o Murakami Mambo, para recrear así una música que sin abandonar las esencias de su estrecha vinculación con las raíces populares que le dan origen, propicia la aparición de una renovadora propuesta a la que Juan Formell y Adalberto Álvarez bautizan como timba.

La timba no se recibe precisamente como el son de Adalberto ni tampoco como el songo de Formell, toda vez que se trata de una compleja sonoridad matizada por la intensidad del bloque que conforma los llamados metales del terror de NG, para sumergir al bailador en un agresivo contexto, algo inusual en el panorama del género hasta su aparición en los años 90 del pasado siglo.  

Pero, a la vez, el innovador talento de José Luis Cortés estaba acompañado por la humildad propia de los grandes, cuando fue capaz de reconocer que, aunque no siempre tuvo la razón, de todos modos cualquier tropiezo no le impidió el hecho de sentirse orgulloso de sus aportes a la cultura. Con todo derecho, lo recordamos en su logrado empeño por complacer al pueblo cubano desde su música.

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