ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Muchos espacios, incluso después de su jubilación, fueron animados o conducidos por Guardado. Foto: ACN

La noticia del fallecimiento, en la madrugada de este 29 de septiembre, de Fernando Guardado se sintió como cuando se pierde a un familiar querido. Decir su nombre es suficiente para que el pueblo cubano recuerde con cariño al locutor, conductor de programas y excelente comunicador que, tanto por su profesionalismo como por su nobleza, se ganó un espacio en su corazón.  

Con vocación de maestro, estudió Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona; sin embargo, otra pasión lo esperaba tal vez sin que él mismo lo hubiera sospechado. La revelación sucedió mientras trabajaba en la radio, al tener que sustituir de improviso al locutor de un programa. Con la osadía, acababa de nacer en él la profesión a la que terminaría dedicando su vida.

Por 40 años fueron su cálida voz y su amable rostro los que acompañaron a un programa como Palmas y Cañas, del que dijo alguna vez Guardado que iba a él «no a trabajar, sino a conversar con los campesinos» y por eso los televidentes le estaban tan agradecidos.

Bien sabían quienes lo eligieron para trabajar además en programas como Casos y cosas de casa, ¿Qué dice aquí? y Escriba y Lea, del Canal Cubavisión, que su presencia sería una garantía de calidad, que propiciaría la inmediata identificación con el público.  

Las emisoras CMBF Radio Musical Nacional, Radio Progreso, Cadena Habana y Radio Cordón de La Habana, que fuera concebida para apoyar los planes de producción de café en los alrededores de la capital, contaron también con su talento de comunicador certero.

El locutor que temió un día presentarse ante Manolo Ortega –lo cual no mostraba inseguridad ni desconocimiento, sino un profundo respeto hacia un profesional que lo evaluaría como tal–, terminó siendo uno de los integrantes de la Comisión de Evaluación para Locutores. El hecho mismo habla de los quilates de Guardado, quien a su vez formó a otras generaciones de colegas.

Muchos espacios, incluso después de su jubilación, fueron animados o conducidos por Guardado, sin embargo, fue Palmas y Cañas el programa con el que más se identificó, consciente de la necesidad de defender las raíces campesinas que componían nuestras tradiciones.

En el programa dedicado al Día de la Cultura Cubana, en octubre de 2020, mientras transcurría la pandemia, Guardado presentó a Jesusito Rodríguez, uno de los más reconocidos repentistas cubanos, no sin antes, y con visible espontaneidad, compartir su criterio en pos de la cultura patria. Entonces dijo: «La cultura es más que un sentimiento, es un ente orientador, un recurso para nuestra alegría que nos ayuda a olvidar las preocupaciones originadas por esta pandemia –sin descuidarnos, claro está–, teniendo presente que defender el patrimonio de nuestra cultura es defender la identidad de Cuba».

Se sentían su palabras tan sinceras y convencidas, que era poco probable disentir de los criterios que estaba emitiendo.  

Muchos fueron los reconocimientos que recibió a lo largo de su vida. En cualquier sitio puede hallarse la lista de ellos, entre los que cuentan la Medalla de Internacionalista Majadahonda, entregada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; la condición de Artista de Mérito del ICRT; la Medalla Antero Regalado, otorgada por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños; el reconocimiento por más de 40 años de ejercicio profesional en la locución y el sello conmemorativo por los 65 años de la Televisión Cubana.

Pero hay un premio mayor que se otorga cuando no se ha entregado en vano lo mejor de sí, y la obra edificada provoca, al contemplarla, la emoción propia del mejor arte. Quien lo dude, de entre los que lo hayan conocido, que piense en Fernando Guardado y compruebe lo que sucede allá adentro, en ese sitio que reservamos para agradecer y recordar. Ese vuelco que no siempre sabemos nombrar, pero que nos sacude para bien, es ese premio.

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