
Tendrían que haber oído las carcajadas de los dos cuando, poco antes de hacer estas líneas, le pregunté a alguien que escuchó mucho radio, si recordaba algún suceso de Alegrías de sobremesa.
Para entender los efectos que dejaba en el radioyente, tendrían, sí, que haberlas oído, y me refiero a los que, por su corta edad, desconocen la existencia de ese programa de la emisora Radio Progreso, que estuvo en el aire por 52 años y que, como su nombre lo indica, provocaba, con su natural espontaneidad, la risa, tantas veces propia de la alegría.
Los que supieron de él, bien saben que frases, situaciones y personajes que nacieron de ese espacio viven en la memoria espiritual del cubano, sin que puedan borrarla ni el tiempo ni otros espacios humorísticos.
«En el apartamento de Paco y Rita (Idalberto Delgado y Marta Jiménez Oropesa) pasaba todo –me dijo–. Ahí llegaban los vecinos, cada uno con ocurrencias e historias que compartían con el que estuviera allí. Estaba Alejito (Wilfredo Fernández) que nunca se ponía viejo. Un día Paco soñó que todos se habían puesto muy viejitos; todos, menos Alejito, que repetía una y otra vez: “Aquí, Paco, con mis 30 añitos que no cumplo hasta diciembre”. Rosillo (Eduardo) era el locutor del programa y uno de sus sellos fundamentales.
«El encargado del edificio era fenomenal –continuó–, se llamaba Rufino Delfino y Zuazagoitía, y para las grandes ocasiones se ponía su “combinación otoñal”. Tenía dos hijos
cabezones, Proscopito y Ungenito, que para ponerles los pulóveres había que ponérselos por los pies, pues por arriba no les entraban».
Varias fueron las escenas que me contó, de esas que te transportan a otros tiempos y remueven en quien escucha otros recuerdos que se intercambian, y sin querer, hacen nacer, a modo de retribución agradecida, un homenaje a quienes tocaron la vida de tantas generaciones con la mano de un humor de altísima calidad, vertido sobre estampas costumbristas, y defendidas por actores inolvidables, a los cuales unió la excelsitud de desempeños memorables, capaces de transmitir la esencia diseñada por el guionista.
Sin haber dicho hasta aquí su nombre, todos sabemos que hablamos de Alberto Luberta Noy (27 de septiembre de 1931 - 23 de enero de 2017), el artífice de Alegrías…, tal como quedaría finalmente establecido, si bien dos años antes otro programa homónimo existía y sería después modificado por Luberta, por solicitud de Antonio Hernández, director de Radio Progreso, para entregar al público el que como tal se conoce.
Hablamos de un hombre que por 52 años escribió ininterrumpidamente el guion de este espacio humorístico y musical que acompañó a tantas y tantas familias cubanas, mientras hacían la sobremesa, o simplemente esperaban la hora precisa para sintonizarlo, con la garantía de que pasarían un estupendo rato.
Los personajes (unos 70) de Alegrías… fueron también los vecinos de todos sus oyentes, en tanto las situaciones se construían desde la vida misma y común, por lo que se hizo más firme el lazo que los unió al programa.
Sabemos que escribir una viñeta de este tipo por tantos años fue un acto heroico propio de un genio que, talento de por medio, se forjó a base de disciplina, autoexigencia y sentido de pertenencia. Y sabemos también que no fue lo único que hizo, que fue copista de libretos radiales, y de programas televisivos; que fue un revolucionario que creyó en el proceso mucho antes de su fundación, cuando el Movimiento 26 de Julio lo integró a sus filas; que fue un hijo, padre y esposo ejemplar.
Pero su gran obra artística fue, sin dudas, Alegrías de sobremesa, de la cual ha dicho su hijo Alberto Luberta Martínez, en el prólogo del libro Quien bien te quiere, de Caridad Martínez (esposa de Luberta Noy) y de Jorge A. Piñeiro (Jape): «Alegrías de sobremesa es un pedazo de Cuba, de los cubanos».
Cuando se cumplen 95 años de su natalicio, traer a la memoria estas anotaciones, destacar la valía de una obra que mereció los premios nacionales de Radio y el de Humorismo, y reír de nuevo con su ingenio, son formas de robustecer esas palabras que se dicen siempre en su honor, tales como gloria de la Radio Cubana y leyenda.











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